MOMENTOS ÉPICOS: EL “OTRO” TRIPLE DE SOLOZÁBAL

MOMENTOS ÉPICOS: EL “OTRO” TRIPLE DE SOLOZÁBAL

Antonio Rodríguez

Momento exacto del triple de Solozábal, con el balón en el aire, fuertemente marcado.
Momento exacto del triple de Solozábal, con el balón en el aire, fuertemente marcado.

Semifinales ACB 85/86: 1º F.C. Barcelona 96-95 Ron Negrita Joventut (19.04.86)

Lo más grande de un momento estelar es que decenas y decenas de años después, con tan sólo definirlo en una frase, lo identificas: el “Barrilete Cósmico” y “La mano de Dios”, el gol de Cruyff, “Mijatovic y la séptima”… Vamos a baloncesto: el triple de Ansley, el “the shot” de Jordan, el triple de Sasha (Djordjevic) del que hablamos la pasada semana, o por supuesto, el triple de Solozábal.

Según la categoría del momento, el protagonista se inmortaliza. Sin embargo, la particularidad de la escena comete injusticias a veces. Porque hace oscurecer y olvidar otras situaciones épicas. El triple de Solozábal, ¿verdad? Esa Copa del Rey, ese final… ¿y si les dijera que Nacho Solozábal ya había logrado un triple así, desde la misma posición, con el tiempo casi a cero, a pase de Sibilio también, exactamente calcado, para alzar un triunfo épico para los suyos? Existió, créanme. Año y medio antes, en semifinales ligueras. Y muy probablemente, decantó aquella eliminatoria.

José María Margall lanzando una suspensión extraña.
José María Margall lanzando una suspensión extraña.

Porque en este caso, quien tuvo que sufrirlo en sus carnes y acarrear con esta cruz, suficiente para no llegar a la cima, fue el Ron Negrita Joventut. El joven y pujante equipo badalonés que rompió el monopolio Madrid-Barça para esperanzas de nuestra competición, eran una pujante alternativa. Y una amargura para los azulgranas, a quienes tenían tomada la medida. O si no, repasen. Copa del Rey 84/85: vale, esa se jugó en Badalona. Que los locales venciesen en semifinales a los hombres de Antoni Serra, no era probable, pero tampoco descabellado pensarlo. Final de Liga 84/85: aquí la cosa ya fue mucho más seria. Un gancho de Gerald Kazanowski les envió a la cuneta nuevamente. En Badalona ya se postulaban como potencia. Copa del Rey de la temporada que nos compete: nuevamente los verdinegros vencieron a los culés, en esta ocasión en el propio Palau Blaugrana. Mucho fiasco ya ante estos jóvenes tan respondones. Y llegaron las semifinales ligueras…otra vez. Y cómo no, a jugarse el puesto en la final entre ambos.

Nacho Solozábal, Chicho Sibilio, Juan Antonio San Epifanio, Julián Ortiz y Steve Trumbo, componían el quinteto del F.C. Barcelona de Aíto García Reneses, que entre otras razones se le había fichado del rival verdinegro, precisamente para que su antiguo equipo no volviese a ser un obstáculo. Por su parte, su relevo, el eterno entrenador de categorías inferiores Miquel Nolis, que en el verano del 85 fue convencido para dar el salto al primer equipo como hombre de la casa, situaba en pista a José Antonio Montero, Jordi Villacampa, José María Margall, Andrés Jiménez y Art Housey. No utilizó el triple poste que tanto le gustaba, puesto que el otro estadounidense, el ala-pívot Greg Stewart, había sufrido días antes un esguince de tobillo y era duda para ese enfrentamiento.

Andrés Jiménez, fuertemente marcado por Epi y Trumbo.
Andrés Jiménez, fuertemente marcado por Epi y Trumbo.

 

            Quizás una de las máximas expresiones de belleza baloncestística en la historia de la Liga Endesa, la dieron F.C. Barcelona y Joventut de Badalona a mediados de los 80. Sus duelos fueron santo y seña de un baloncesto que encandilaba por su ritmo trepidante, por su espectacularidad. Eso que veíamos desde el pabellón o delante de la tele (ejércitos de aficionados), apreciaban algo especial. Sí, especial. Las defensas comenzaban ya a ser fuertes. Aún así, fíjense en los porcentajes de tiro. Muy superiores a los de hoy día. ¿El truco? El ritmo de partido. Y para muestra un botón. En este encuentro y para este artículo, sacamos la lupa. Cronometramos los tiempos de posesión del ganador, el F.C. Barcelona, para hacer una media. Descartamos todas aquellas posesiones que venían dadas por robos de balón en campo contrario y tras rebotes ofensivos, ambas por sucederse habitualmente en menos tiempo y que pudieran desvirtuar lo que queremos contar. ¿Saben cual es el promedio? 9,9 segundos utilizados por posesión. ¡9,9 segundos! Impensable hoy día para cualquier equipo. Y es que 25 puntos de ellos fueron de contragolpes, cuatro posesiones de estas contras, culminadas en triples. Correr llegar, recibir al triple y lanzar. Y anotar, por supuesto. Para ello, Sibilio ha sido quizás el mejor jugador en la historia del baloncesto español en haciendo esto.

 

            Ron Negrita Joventut tenía un ritmo de partido más pausado. Eso significa que intentaban salir a contragolpe las más veces posibles. Pero si no se daba, controlaban un poco más en los 30 segundos (no lo olviden) que se otorgaban. Buscar a Andrés Jiménez o Art Housey en poste bajo ambos, era el inicio o el final de sus jugadas. Así, ante minutos de igualdad en los primeros parciales, los hombres de Aíto García Reneses se despegan ligeramente con un 25-18 en el minuto 11, aunque los de Badalona aguantaron todas las acometidas. No solamente eso (empataron a 31), sino que parando -al fin- las rapidísimas transiciones sacadas por Solozábal, unos triples consecutivos les dieron la delantera en el marcador hasta un 33-40 en el minuto 15 de encuentro.

Greg Stewart se convirtió en el casi héroe de la noche. Momento de su exhibición, luchando por un rebote ante De La Cruz y Smith.
Greg Stewart se convirtió en el casi héroe de la noche. Momento de su exhibición, luchando por un rebote ante De La Cruz y Smith.

El Joventut tenía sus estrategias particulares. Una de ellas, curiosa por no haberla visto nunca después, creo que la llamaban (si alguien me lo confirma o me lo corrige, muy agradecido) “la pirula”. El ejecutor por regla general era José María Margall, al saque de banda en campo contrario. Al sacar el pase a un compañero, ya sea en poste bajo o en la parte superior de la bombilla, volvía a recibir de vuelta el esférico. Aprovechando la típica relajación del defensor al que saca de banda cuando  éste ya lo ha hecho, Margall daba un paso más para situarse en la línea de tres y lanzar. Vamos, como una pared: saco de banda, tuya, un paso hacia delante, mía… y a lanzar. Algo tan sencillo, algo tan efectivo. Lograron dos triples de tal rúbrica. Con “pirulas” incluidas, se llegaba al descanso con 53-50 para los locales, en un Palau abarrotado, ardiente en deseos por ver doblegar a su vecino rival.

En la segunda mitad, la exhibición de Sibilio (imparable) se frenó un poco, para dar más variedad a sus compañeros. Entran más a escena sus americanos, Steve Trumbo y Mark Smith. El primero, que había sustituido al canadiense Greg Wiltjer un par de meses antes, puesto que no se solventaba la burocracia por su nacionalización (la idea era que jugase como español desde el inicio de la liga. Tomaron la decisión de hacer este canje, pues no lo logró en los 9 meses de competición) logró 15 puntos, aportó más rebote y más peligro en poste bajo, aunque algo menos intimidación. El segundo, Mark Smith, uno de los estadounidenses con más clase que jamás haya tenido Aíto en sus filas, se le veía el rostro tristón. Aunque anotó 16 puntos, con su habitual destreza en los tiros de campo (5/8 en este encuentro), el rito y el lenguaje corporal mostraban un tipo triste, melancólico. Dicen que su “alma vagaba” tras la marcha de Paula McGee, jugadora del Girona (la tía de JaVale McGee) a Estados Unidos, al finalizar ella la temporada en su equipo de Liga Femenina, con la que los rumores hablaban de un idilio entre ambos. Para estas semifinales, para desgracia de los azulgranas, sus mejores actuaciones ya habían pasado.

El
El "melancólico" Mark Smith lanzando una suspensión ante la mirada de Stewart.

Mientras que Epi y Villacampa, a pesar de su dura pugna, seguían desacertados en ataque (3/9 el primero en tiros de campo. 4/11 el segundo. Muy alejado de lo que rendían habitualmente), quien se hizo con el control absoluto del choque, paradójicamente, fue el lesionado Greg Stewart. Greg, con su enorme talento, a pesar de su merma física, comenzó un recital particular: de los 4 puntos (en 1/2 en tiros) y 2 rebotitos que acumulaba en los pocos minutos que disfrutó en el primer tiempo, se fue sólo en la 2ª parte a los 17 puntos, 5/6 en tiros de campo, 7/8 en tiros libres y conseguir cinco rebotes ofensivos en cinco jugadas consecutivas (uno de ellos lo contabilizaron como rebote de equipo, aunque él fue el artífice) y una exhibición a la que no dábamos crédito los aficionados. Eliminó al joven Julián Ortiz, cargó con 4 faltas a Trumbo y De La Cruz y se llevó la admiración de cualquier testigo, directo o catódico. Y como los maestros, por posición, por usar su cuerpo de manera precisa para hacerse con posiciones, protegiendo sus tiros…una joya.

A falta de 6 minutos, los badaloneses mandaban 81-85, que los azulgranas lograron superar con un 90-89 tras robo de Nacho Solozábal, que corrió hacia la canasta contraria para anotar y forzar falta personal, para la explosión de júbilo de las casi 6000 almas que se congregaron en aquella calurosa tarde de sábado.

José Montero logra una suspensión (90-91), contesta Solozábal con un triple (93-91) y se entra en el último minuto con 93-95 para la Penya. Greg Stewart, ante un dos contra uno (imperativo de Aíto a sus jugadores), saca el balón para una suspensión certera de Jordi Villacampa desde la esquina…que falla. Restaban 30 segundos. Una única posesión para los locales.

Chicho Sibilio entra y dobla a Solozábal. Éste finta el tiro y penetra también para volver a doblar a Sibilio en una especie de jugueteo entre ambos. Pero el gran Chicho, ante un tiro franco cuando se levantó, decidió dar un último pase en el aire a Solozábal que se había dirigido a un área cercana a la esquina, recibiendo, lanzando un triple…y anotando sobre la bocina final. El estallido de todo un pabellón, de aquel escenario, fue épico. Todos los jugadores corrieron a abrazarse a su salvador. En un momento, la historia de aquella eliminatoria cambió. Casi era lógico pensar que el Joventut, dominador durante gran parte de la 2ª mitad, se haría con el primer round. Miquel Nolis, de pie en la banda junto a su ayudante Alfred Julbe, cuando vieron ese último pase extra, que el balón alcanzaba las manos de Solozábal totalmente abierto y solo, se echaron a temblar. Y con razón.

La eliminatoria, por supuesto, se fue al máximo, a los tres encuentros. Y en esta ocasión fue el F.C. Barcelona quien lograba nuevamente la final liguera, en la primera temporada de Aíto García Reneses. Para el recuerdo, aquel triple, que posteriormente ensombreció otro de semejante factura en Valladolid, en una fría noche de Copa del Rey.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO