MOMENTOS ÉPICOS: “LA VENDETTA” DE WAYNE ROBINSON

MOMENTOS ÉPICOS: “LA VENDETTA” DE WAYNE ROBINSON

Antonio Rodríguez

Temporada 86/87: CACAOLAT GRANOLLERS 88-86 REAL MADRID (27.12.86)

Pocos estadounidenses han sido más queridos en el Real Madrid que el ala-pívot Wayne Robinson. Su periplo de tres temporadas, desde que llegó en el verano de 1983 hasta su marcha en 1986, fue prolífico en éxitos blancos. Tres temporadas, tres ligas, dos Copas del Rey y una Recopa de Europa, fueron bagaje más que suficiente para que también Wayne sea parte de la historia del Real Madrid. Tuvieron paciencia con él en una complicada primera campaña, y acabó dando grandes réditos hasta ser un icono en la liga. Eso sí, le faltó la Copa de Europa.

En un primer intento, Robinson acabó llorando amargamente (sus lágrimas resbalando entre las manos que tapaban su cara, fueron recogidas por las cámaras de televisión), tras ser eliminado por cinco faltas en la final de Atenas ante la Cibona Zagreb, cuando el partido estaba sentenciado. La infausta Cibona, el incorregible Drazen Petrovic que les lideraba y que en la siguiente temporada, les apeó de la final en el segundo intento vano, fueron los causantes. Para nuestro protagonista,  una decepción mayúscula. Y un día, dejó fluir en una entrevista, todos sus sentimientos.
 

Wayne Robinson, el protagonista de este
Wayne Robinson, el protagonista de este "Momentos épicos".

Sixto Miguel Serrano recuerda en un reciente artículo en “Gigantes” cómo fue aquella entrevista que cambió su futuro. Hablaba de graves incompatibilidades en su juego en pista con el de Fernando Martín y criticó abiertamente la gestión de Lolo Sáinz, su entrenador, al frente del equipo. Aquella entrevista levantó no pocas ampollas en la Casa Blanca. “Reconozco que en el momento de la entrevista, yo estaba muy desilusionado con muchas cosas que habían pasado. Estaba desmoralizado por no haber conseguido la Copa de Europa reconocía el propio Wayne Robinson meses después. “Quizás no fueron oportunas, pero en aquel momento sentí decirlas y así lo hice. Lolo Sáinz es una buena persona. Como entrenador, está anticuado. El baloncesto evoluciona y hay que cambiar. Lolo trabaja siempre igual”.

Juanma López Iturriaga me reconoció una vez que algo cambió en su carácter tras la entrevista. “Un tío afable como era él, tras aquello, cambió. No sé si ya había fichado por otro club…pero estaba claro que se quería ir”. Y así sucedió. No, no había fichado por nadie. Robinson dijo que, al día siguiente de publicarse aquella entrevista, le llamaron todos los equipos de la ACB…incluido el Barcelona. “Me llamó alguien del Barcelona, pero no sé si la oferta era oficial o no. De todas formas, no creo que hubiera aceptado. Después de tres años en el Madrid, no parecía lógico fichar por el máximo rival”. Y fichó por Cacaolat Granollers.

Wayne Robinson fue uno de los fichajes estrella aquel verano por Cacaolat Granollers.
Wayne Robinson fue uno de los fichajes estrella aquel verano por Cacaolat Granollers.

Granollers, ciudad ilusionada con su equipo. En estos “Momentos épicos” hace unas semanas, hablamos del Cacaolat de la temporada 85/86. Un equipo pensado para los primeros puestos de la tabla, llegó a perder hasta 12 encuentros consecutivos por su parquedad de plantilla. Con tan sólo 6 jugadores de garantía, para su entrenador, Chus Codina, la segunda mitad de campaña fue una travesía por el desierto. Acabaron agotados, pues también tenían el compromiso de la competición europea. Así, en el verano del 86, ofreciendo tres años de contrato garantizados, Wayne Robinson recaló en las filas del Cacaolat Granollers para un nuevo proyecto, con su nuevo flamante pabellón “Les Franqueses”. Y junto al F.C. Barcelona, fueron el equipo que más se reforzó en el mercado veraniego. Pues tras Robinson, la importante nacionalidad española del pívot estadounidense de 2.08, Matt White, los Creus, Fernández y Mendiburu se vieron reforzados por el joven alero Ángel Heredero desde el F.C. Barcelona, más tres de los mejores ingresos que procedían de los equipos descendidos de la ACB meses antes: el alero americano Craig Dykema desde Cajamadrid, el pívot Miguel Pou desde Licor 43 y el base del Claret Las Palmas, Tato Abadía. Con lo que las expectativas estaban tremendamente altas en el Vallés aquellos días.

Claro, que costó ensamblar todas esas nuevas incorporaciones. Y los resultados positivos, las grandes expectativas sobre todo, no se veían reflejadas. En la primera fase dentro del grupo par, costó una enormidad ganar a domicilio (al quinto intento, en la pista del Clesa Ferrol), aunque bien es cierto que en casa, se amarraban los triunfos. Se acabó esa primera fase con 8 victorias y 6 derrotas y la clasificación, por los pelos, para la Copa del Rey de Tenerife, mientras pedían paciencia a todos. Y en plenas fechas navideñas, de hecho nada más finalizar el Torneo de Navidad del Real Madrid, se disputaba ésta segunda jornada de la A-1 (la 16ª jornada en el cómputo global), con la visita del Real Madrid. Sería la primera vez en la que Wayne Robinson se enfrentaría a sus ex compañeros. Morbo a flor de piel.

La nacionalización española del estadounidense Matt White, otro de los refuerzos del Cacaolat para ese ejercicio 86/87.
La nacionalización española del estadounidense Matt White, otro de los refuerzos del Cacaolat para ese ejercicio 86/87.

Creus, Heredero, Fernández, Robinson y White fue el quinteto que puso Codina en pista para afrontar este encuentro. Biriukov, Iturriaga, Spriggs, Branson y Romay por los madridistas, los que situó Lolo. Los blancos, también muy irregulares, venían al menos de ganar el ya mencionado Torneo Navideño, con un juego divertido, solvente (en nada parecido a lo que estaban sufriendo) y notables actuaciones de su estadounidense Larry Spriggs. En Granollers, Spriggs, a pesar de estar aquejado en un muslo por una pequeña distensión, logró su mejor actuación desde que aterrizó en España, anotando 30 puntos, forzando numerosas faltas en sus entradas a canasta, su especialidad. Aquel día tuvo el santo de cara y llegó a anotar algún que otro tiro impensable.

El choque fue dominado por el Cacaolat durante toda la primera mitad. Empezar con ese combo Iturriaga-Biriukov, como a Lolo Sáinz le gustaba usar en ocasiones, evidenció falta de ideas en el Real Madrid,mantenidos por los arranques individuales de Spriggs. Aunque es cierto que las ventajas eran cortas, siendo el 38-31 del minuto 15, la mayor distancia para los vallesanos. Al descanso se llegó con 49-45, en los mejores minutos, ya con Corbalán en pista.

Ángel Heredero entra a canasta, ante la oposición de Brad Branson, mientras Spriggs y Robinson observan.
Ángel Heredero entra a canasta, ante la oposición de Brad Branson, mientras Spriggs y Robinson observan.

En la segunda mitad, mejor defensa madridista, menos anotación y el Real Madrid se pone por delante en el minuto 27 (60-61), aunque desde ese momento, los marcadores igualados y empatados, fueron la tónica general. Errores y aciertos casi al unísono, como si ambos equipos formasen parte de una orquesta bien sincronizada. Joan Creus, con 18 puntos, también estuvo acertadísimo.

Pero por encima de todos, era el día de Wayne Robinson. Concentrado y acertado en ataque (27 puntos y 9 rebotes al final), hizo mucho daño en el tablero de sus antiguos compañeros. Tal rivalidad elevó la temperatura en pista según iban transcurriendo los minutos (min. 10: 69-69. Min. 15: 77-77), hasta que se entró en el último minuto, en la última jugada, con empate a 86. Partiendo de un rebote ofensivo en el que Cacaolat volvió a tener la posesión del balón, Wayne Robinson demandó su posesión y Creus se lo pasó. En uno contra uno, en un perfecto aclarado a campo abierto, Wayne miraba el electrónico: 8, 7, 6 segundos para el final, acariciando el balón y arrancó en un cambio de dirección por la izquierda botando una vez, para detenerse a unos cuatro metros del aro, levantarse en suspensión y convertir en el último segundo una inmaculada canasta que le dio el triunfo por 88-86, mientras que en el pabellón, los casi 5000 espectadores que lo abarrotaban, estallaron en un grito de júbilo.

Brad Branson coloca este soberano tapón a Matt White.
Brad Branson coloca este soberano tapón a Matt White.

Wayne Robinson, como los grandes, pidió decidir en el último momento y acertó. Uno de los momentos más destacados de su extensa y extraordinaria carrera en España, que posteriormente continuó en Manresa, Murcia y Alcalá de Henares en 1ª B. Un problema cardíaco le obligó a dejar el baloncesto por un tiempo. Amable, sonriente, en una España volcada con este deporte, llegó a ser un personaje público. Como reconoce en estas declaraciones de hace apenas tres años, aquel baloncesto era terriblemente competitivo, de enorme calidad y se sentaron las bases para la llegada de riadas de jugadores europeos hoy día a la NBA.

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