MOMENTOS ÉPICOS: Y SABONIS, AL FIN, LOGRÓ SU COPA DE EUROPA

MOMENTOS ÉPICOS: Y SABONIS, AL FIN, LOGRÓ SU COPA DE EUROPA

Antonio Rodríguez

Final Liga Europea Temporada 94/95: Real Madrid 73-61 Olympiakos (13.04.95).

Ganar la Euroliga, la Liga Europea, la Copa de Europa,  es todo un logro. Logro para privilegiados. Para conseguirla, no solamente tienes que ser élite europea, sino ser el mejor en el momento crucial. Saber competir y saber cómo hacerlo en el momento oportuno. Tal circunstancia ha hecho que no solamente los favoritos lo hayan ganado, sino que a lo largo de la historia han habido “cenicientas” que no contaban en las quinielas iniciales y que sí han sabido asestar el golpe certero para alzar el mayor cetro continental. Suena a milagroso en ocasiones. Y si repasamos su historia, algo de ello ha existido. Pero bien es cierto que teniendo a Zeljko Obradovic al mando de las operaciones, el milagro se puede dar con mayor facilidad. Zeljko parecía contar con un mapa que marcaba directrices para obrarlo. Un mapa que, por lo vivido hasta este momento, nadie más tenía.  Y para la historia quedan sus equipos. Sin ser los mejores en algunos casos, sí fueron campeones. Eso siempre fue parte de su embrujo y para la posteridad ha quedado que sí, que esos equipos, eran los mejores.

En mitad de toda esta ciencia, se encontraba Arvydas Sabonis. El gran pívot lituano, tras una final de Copa de Europa en 1986 que no pudo ganar, tras todo tipo de lesiones y dolorosos traspiés (el que más, dos años antes en Atenas, tras caer derrotado su equipo ante el Limoges, en un encuentro histórico), tenía una nueva oportunidad de alzarse como el rey de Europa con el Real Madrid. El que la Final Four fuese en Zaragoza, el contar con el jugador más determinante, como era él, del Viejo Continente, y el que Obradovic estuviese en el banquillo, daba al Real Madrid el título honorífico y oficioso de favorito para esta cita, un marchamo que ni ellos ni el Limoges, ni Olympiakos o Panathinaikos, querían aceptar. Y resultaba curioso, porque lo de ser el Real Madrid el mejor equipo en aquella Semana Santa de 1995, era para ponerlo al menos, en entredicho. La tempestuosa temporada del club blanco no invitaba al mayor de los optimismos. ¿O no se acuerdan?

Arvydas Sabonis, al fin, tenía su ansiado trofeo (Foto Real Madrid).
Arvydas Sabonis, al fin, tenía su ansiado trofeo (Foto Real Madrid).

- “Los árbitros me echan de España”. Eran las declaraciones de Arvydas Sabonis antes de navidades, tras verse involucrado y posteriormente sancionado con dos partidos, tras la enorme trifulca que se montó en el Palacio de los Deportes madrileño ante el Coren Orense, con las agresiones de Chandler Thompson por detrás al gigante lituano y la posterior persecución de éste. Harto de, lo que él pensaba un rasero diferente a la hora de arbitrarle respecto al resto de jugadores, aquellas declaraciones removieron todos los estamentos de la liga. Unos y otros se vistieron de víctimas. Por una parte el club,  hastiado que el gigante fuese diezmado en su juego por injustas sanciones arbitrales. Por otro lado, algunos rivales se adelantaron ya a predecir que “Sabonis, al igual que Petrovic hace seis años, tendrá bula arbitral” a partir de ese momento.

- Los jugadores del Real Madrid en su mayoría, estuvieron varios meses sin cobrar. Se les adeudaba unos dineros y mayor incertidumble, pues al estar el club descabezado, tampoco tenían claro a qué puerta reclamar. El Real Madrid se vio envuelto en el mes de marzo anterior,  en mitad de unas elecciones. Y no había una cabeza visible como objetivo para solventar cualquier problema. A todo esto, se unía que tras el fallecimiento meses atrás de Mariano Jaquotot, bajo la presidencia de Ramón Mendoza, no pasaba el baloncesto por el momento más popular dentro de la directiva blanca, que en declaraciones había mostrado su descontento de manera notoria. Y se decía que en las elecciones presidenciales, si volvía a ganar Mendoza, Sabonis no regresaría al Real Madrid (finalizaba contrato), en claras discrepancias con su presidente, circunstancia que se aireó para que le llovieran todo tipo de ofertas europeas, contando lógicamente, con los Blazers, que tenían sus derechos. Y es que Mendoza hizo recordar en no pocas ocasiones, que la nómina del pívot ascendía a casi 400 millones de pesetas en gastos dentro de las arcas del club (salario más los impuestos que conllevaba).

- El tortuoso mes de Febrero que acabó casi a tortas. Perder ante el Taugrés en casa, en Cáceres a la siguiente jornada, ante la Scavolini en Liga Europea y para colmo, en León (83-78), ante un equipo que llevaba ocho derrotas consecutivas, acabó como el “rosario de la aurora”. ¿O no recuerdan que en los últimos segundos del choque, a una entrada precipitada de Antúnez, Biriukov fue a recriminarle, se chocaron, se empujaron entre insultos y tuvieron que ser separados por Antonio Martín en mitad de la pista? El ambiente no era bueno entre los jugadores y se fomentaban los pequeños grupos. Se hablaba de su mala preparación física, pues Zeljko Obradovic prefería los “extras” físicos en sus castigos, en vez de una minuciosa planificación como había sido siempre, por parte del preparador Paco López, que poco a poco se vio relegado en su cometido. Y para colmo en este ambiente, Ramón Mendoza volvió a ganar las elecciones. Su hombre fuerte para dirigir el baloncesto en la casa, era Pedro Ferrándiz, cuya relación con algunos de los componentes de la plantilla que aún se mantenían desde su etapa como general manager de la sección años atrás, era realmente mala. Ferrándiz nombró como director deportivo de la sección a Mario Pesquera, que hasta esas fechas había estado colaborando en las retransmisiones de TVE como comentarista como “mediador” y que aquello volviera a su cauce.

- En la Copa del Rey granadina, torneo que podría haber sido un bálsamo reponedor, el Real Madrid perdió en semifinales ante el futuro campeón, Taugrés Baskonia. Y la gota que colmaba el vaso fue el interés de Portland Trail Blazers en reclutar en sus filas a Arvydas Sabonis, de cara a los playoffs en esta misma temporada. O sea, de manera inmediata.

Joe Arlauckas en poste bajo, rodeado por Sigalas y Volkov (Foto Heraldo de Aragón).
Joe Arlauckas en poste bajo, rodeado por Sigalas y Volkov (Foto Heraldo de Aragón).

Y así estaba el panorama. El juego del Real Madrid era ramplón en más partidos de lo deseado. Al menos, al aficionado no le enamoraba, acudiendo en no más de 3000 espectadores al Palacio de los Deportes. El propio Obradovic declaró en una ocasión que “si el jugador más determinante es Javier García Coll, tenemos un problema”. Cuando Sabonis no estaba en pista, Joe Arlauckas era el único capaz de desatascar la nave blanca en ataque. Y no era suficiente, como indicaban los resultados. Sí que es cierto que jugaron a buen nivel en los cuartos de final de la Liga Europea, frente a la Cibona Zagreb (como único representante español, de hecho), derrotándoles en ambos encuentros y presentándose a la Final Four zaragozana. Añadan a esto que los madridistas lograron una victoria de las de ley, en Málaga ante un crecido Unicaja (que posteriormente jugó la final liguera. El triple de Ansley, ya saben), tras dos prórrogas, por 90-96, con un Sabonis estelar que aguantó los 50 minutos en pista, con 32 puntos y 16 rebotes. Que a modo de venganza ante Coren Orense, logró 32 puntos, 27 rebotes y 5 tapones, en lo que es aún hoy día, el récord de valoración en la historia de la ACB. Y  días más tarde, a pesar de claudicar ante el F.C. Barcelona en el Palacio, nada menos que 41 puntos. Digamos que la etapa de mayor estabilidad se dio para la gran cita: la que mostraba una octava Copa de Europa al alcance de los blancos.

Ya en la capital maña y en semifinales, Limoges era el obstáculo para la final. Los franceses, con los mismos argumentos que les dio el triunfo dos años atrás, se les temía metidos en harina de la Final Four. No era esta la tesitura de partido/venganza de liguilla un año antes, en el que les dejaron en 36 puntos. Con un plantel muy parecido, exceptuando la baja de Juri Zdovc (que en aquellos días, batallaba al mando del Iraklis griego por un puesto en la final de la Recopa, ante el Taugrés), sustituido por Tim Kempton, la estrategia era alargar las posesiones al máximo, para que su estrella Michael Young decidiese. Pero Obradovic tenía todo muy estudiado, colocó un perímetro ultradefensivo con Antúnez, Santos y García Coll en el cinco inicial, y entre cambios y mucha agresividad, dejaron a los franceses en 19 puntos al descanso (27-19), dominando claramente con Arlauckas y Sabonis en ataque. Baloncesto feo para el espectador, donde 8 puntos de ventaja sonaban a veintena y un marcador final de 62-49 dio el éxito de llegar a la final y al partido al que nos referimos. El rival sería Olympiakos, que en otra “borrachera” ofensiva, derrotó a Panathinaikos (58-52) en la otra semifinal. Y en finales da igual el rival. Pero sí es cierto que los verdes habían ganado al Real Madrid en las dos ocasiones en las que se enfrentaron, y Stojan Vrankovic era una oposición fuerte contra Sabonis. A Olympiakos se les veía con mejores ojos. Se encaraba  al rival con mejor disposición.

Se repetía quinteto de dos días atrás: Antúnez, García Coll, Santos (para tomar a Eddie Johnson, máximo anotador de la Liga europea, con 22.1 puntos de promedio), Arlauckas y Sabonis, mientras que los griegos utilizaron a Milan Tomic, Georgios Sigalas, el mencionado Johnson, Alexander Volkov y Panagiottis Fassoulas.  Los helenos, entrenados por el siempre problemático y excéntrico Ioannis Ioannidis (que aparecía en su quinta Final Four, tras perder en tres consecutivas con Aris Salónica y el año anterior, ya con el Olympiakos, claudicando ante el Joventut), jugarían el ritmo lento de aprovechar los 30 segundos a cada posesión. Que por cierto, verles ahora llama la atención cómo se eternizaban esos 6 segundos más).

Arvydas Sabonis rompió la lata con un triple (3-0), pero es cierto que al marcador le costaba una enormidad moverse. Y fue importante esa primera canasta, porque significó que el Real Madrid tomó siempre la delantera, controló siempre el partido a lo largo de los 40 minutos. La defensa sobre Johnson era muy efectiva. Eddie era un excelso tirador. Su prolongada carrera en la NBA vino dada por esa virtuosa muñeca. Sus compañeros trabajaban para él en fuertes bloqueos, para que encontrara la posición, recibiera y lanzara. Sin embargo, no era buen driblador y a lo sumo un bote, dos botes…pero no solía entrar a canasta, con lo que si se era duro en el momento en que recibía el balón, se tenía mucho ganado, pues tiraba y con dificultad. Con García Coll y sobre todo Santos sobre su marca, siempre ejecutaba tiros en posiciones muy forzadas, con los que fue acumulando errores hasta llegar a un 1/8 inicial (para un total de 3/14 en tiros de campo, 1/5 en triples).

La plantilla del Real Madrid celebrando el triunfo.
La plantilla del Real Madrid celebrando el triunfo.

Por el otro lado, Joe Arlauckas era el que se encontraba negado ante la canasta. Muy fallón en suspensiones, solía intercambiar posiciones de poste alto-poste bajo con Sabonis, pero en ninguno de los dos casos tenía acierto. Cuando tras un 1/8 inicial, anotó su segunda canasta, alzó los brazos al cielo como si fuera el fin del suplicio. Quien no fallaba era Sabonis.  14 puntos en los primeros 34 del Real Madrid, aunque al poco tiempo debió sentarse por su tercera falta, en un tapón limpio a Johnson (restaban 02:52 para el descanso), saliendo Antonio Martín y con con ello, ciertos temores por cómo se comportaría su equipo sin el gran Sabas. Al descanso se llegó con un cómodo 38-28, a pesar del claro dominio del rebote griego. Eso sí, con un pírrico 23% en tiros de campo.

En la segunda mitad, los madridistas siguieron dominando el partido, sin dar pie a reacción alguna de los del Pireo, aún sin Sabonis. Arlauckas comenzó anotando sus dos primeros tiros, soltándose como el jugador que solía ser habitualmente, mientras que entre los griegos, se increpaban de manera constante sus acciones y errores. La banda sonora entre las gradas del Príncipe Felipe zaragozano era el “…son del Atleti, los griegos son del Atleti…”. La afición blanca veía con mayor tranquilidad que aquello iba viento en popa.

Antonio Martín logra dos canastas consecutivas, que lo afianzan como excelente relevo hasta que volvió Sabonis, con 48-38, aunque rápidamente cometió su 4ª falta personal y debió ser sentado nuevamente a falta de 11 minutos. José Lasa pisa el parquet por primera vez en lugar de Antúnez  y la decena se sigue manteniendo (52-42 a falta de 8 minutos), sin que el ritmo de Olympiakos cambie.

La historia parecía estar escrita. Zeljko Obradovic lo tenía todo bajo control. Y lo que se le escapó, incluso se revertía a su favor. La anécdota de aquel día de la final fue el de la comida. Recuerden que es famoso las maniobras que Obradovic hace con sus jugadores el día de la final, para liberar tensiones. La visita al zoo en Tel Aviv un año antes con la Penya, la recuerdan con mucho cariño sus jugadores. Pues al Real Madrid se le ocurrió llevarles a comer a un pequeño pueblo de la región aragonesa, bastante atractivo, a más de dos horas de camino desde Zaragoza. Relajados y encantados con el ambiente, se les echó la hora encima y salieron escopetados, con la tensión del que “no llegamos, que no llegamos”. Es cierto que se les fue de las manos el horario, pero tengan la seguridad que cuando lo hicieron, la tensión y responsabilidad de jugar una final europea, se había desvanecido. Genial.

Con un robo de Antúnez y una posterior canasta de Arlauckas a falta de 04:16, Ioannidis volvió a pedir tiempo muerto, con 56-47, que se les hacía un mundo y no supieron recuperar. Ni Tarlac, ni Fassoulas, ni Volkov (otro factor decisivo, que exceptuando algún flashazo, quedó casi inédito), con lo que convirtieron esos últimos minutos en un festival de sonrisas, abrazos en el banquillo, esperando el pitido final, pues manteniendo siempre una férrea defensa, no permitieron el más mínimo aliciente heleno. Esperando el final de 15 años.

El Real Madrid se volvía a proclamar campeón de Europa 15 años después. Eran demasiados años para esa casa y de la mano de Sabonis, de Obradovic y del resto de la plantilla, lograron tan ansiado título. Para Arvydas Sabonis suponía el tenerlo todo en el Viejo Continente y poder preparar su marcha a la NBA. Ese 73-61 final colmaba gran parte de sus sueños.

Fue el Jueves Santo de gloria del Real Madrid. Zaragoza fue una fiesta para los blancos…y para los aficionados de Panathinaikos, que se unieron a la fanaticada madridista, todo con tal de ver perder a su odiado rival. Zeljko Obradovic tuvo en el recuerdo y así lo declaró tras ganar, a Mariano Jaquotot, no solamente por ser un gran directivo, sino un gran ser humano. Tenía ganas de decirlo y lo hizo ante las cámaras de televisión. El Real Madrid volvió a reinar en Europa. Como sucedía con los equipos de Obradovic, había que estar perfectos en el momento oportuno. Y lo estuvieron. Arvydas Sabonis, pocos meses después, dijo adiós. La NBA le esperaba. A la siguiente campaña, la plantilla sufrió una profunda remodelación. Pero eso es otra historia. Ese 1995 lo siguen recordando en la Casa Blanca como un año mágico. Zaragoza bien valió una Copa de Europa.

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