MOMENTOS ÉPICOS: “LA HORA DEL CAJA”.

MOMENTOS ÉPICOS: “LA HORA DEL CAJA”.

Antonio Rodríguez

Mike Anderson, protagonista del este encuentro histórico para el Caja San Fernando.
Mike Anderson, protagonista del este encuentro histórico para el Caja San Fernando.

1º partido Cuartos de final 95/96: REAL MADRID 75-83 CAJA SAN FERNANDO (30.04.96)

Era un puente largo, para quienes pudiesen disfrutarlo. Martes 30 de Abril. Al día siguiente, miércoles, festividad del día del Trabajador, sería la justificación para que algunos desde Madrid, pudieran escaparse unos días ante el reclamo de un sol que pretendía parecerse a los de verano. Sin embargo, eso no debía ser justificación suficiente como para encontrarse un Palacio de los Deportes casi vacío. La cifra oficial era de 2.500 espectadores sobre un aforo de 12.000. Y la cita era importante: se iniciaba el playoff de la Liga Endesa. De hecho, los cuartos de final que esa tarde daban el pistoletazo de salida, venían envenenados con ser al mejor de tres partidos. “Para un jugador, el ambiente es importante” declaraba Zeljko Obradovic al descanso del choque. “Pero esta es nuestra vida. Hay que jugar al margen de ello cuando se da”.

Pues con ese “cuando se da”, José Miguel Antúnez, Isma Santos, Mike Smith, Joe Arlauckas y Zoran Savic formaban el quinteto titular del Real Madrid aquella tarde, mientras que por el Caja San Fernando, Mike Anderson, Carlos Montes, Benito Doblado, Richard Scott y Jason Kidd. Segundos clasificados en la liga regular (el F.C. Barcelona había sido el primero, a dos partidos de ventaja de los blancos), frente a séptimos.

Ante el frío inicio, ambos equipos juegan a la apuesta de balones interiores, siendo el serbio Zoran Savic el principal objetivo bajo canasta. La defensa sevillana, agresiva, sobre todo con la astucia de Mike Anderson, comienza a robar balones, a correr liderados por el base americano -ex madridista-, y en estático, forzaba entradas a canasta que no eran capaces de detener los locales, ante la desesperación de Obradovic. De hecho, Anderson en solitario, propicia un parcial de 0-8, que fuerza al entrenador serbio a solicitar su primer tiempo muerto al verse por debajo en el marcador (21-22). Anderson logró 12 de los primeros 24 puntos de su equipo -minuto 10-, junto a 7 rebotes, 4 de ellos ofensivos. Esto contrastaba con la extraña ausencia de Joe Arlauckas, con 0 puntos hasta ese instante.

La imagen al final del partido. Un desencantado Antúnez se retiró a los vestuarios, mientras que los sevillanos, al fondo, celebran un gran éxito.
La imagen al final del partido. Un desencantado Antúnez se retiró a los vestuarios, mientras que los sevillanos, al fondo, celebran un gran éxito.

Joe Arlauckas era el nombre que más manejaba la prensa en aquellos días. Del núcleo ofensivo de la temporada anterior en la plantilla blanca, tan sólo quedaba él. Estamos hablando de la ‘temporada I después de Sabonis’. El Real Madrid, tras decir adiós a Biriukov y Antonio Martín, la marcha de Cargol y José Lasa, unida al desembarco de Arvydas a la NBA, se reforzó con Pablo Laso, Nikola Loncar, Santi Abad, Mike Smith, Juan Antonio Morales y Zoran Savic. Una campaña que había finalizado con la clasificación para la Final Four de París (la que acabó con el archiconocido tapón de Vrankovic a Montero) en lo que respecta a la competición europea, siendo derrotados por los azulgranas en semifinales, y también en semifinales y por el mismo rival, cayeron en la murciana Copa del Rey. Ahora llegaba la hora de la verdad con el nombre de Joe Arlauckas en el candelero y su posible renovación. Novias iban saliendo, como la Fortitudo Bolonia y Aris Salónica, potencias europeas con firmes ofertas para el estadounidense de Rochester. Y aunque su voluntad era la de quedarse en el club blanco, las negociaciones se estancaban, porque se llegaban a acuerdos verbales, pero no se firmaba nada. “En Europa no valen nada los acuerdos si no se firma un contrato”, declaraba.

Arlauckas anotó su primer punto, en tiro libre, a falta de 07:14 para el descanso. En aquel momento, no solamente era Mike Anderson el jugador indefendible, anotando constantemente en transiciones rápidas, en entradas a canasta con su virtuoso dominio de balón y su magistral control del cuerpo (escalofriantes estadísticas al descanso, con 17 puntos y 9 rebotes ¡al descanso!), sino que además, Richard Scott se adueñaba de la zona blanca (14 puntos también en la 1ª mitad, en 7/10 en tiros). Este ala-pívot que no llegaba ni a los dos metros (1.98 tan sólo), llegó a mitad de temporada del filial del Caja, en liga EBA, como recambio del lesionado Marvin Alexander. Y fue una de las grandes sorpresas de la competición, con unos promedios de 20.6 puntos y 6.1 rebotes en sus 25 encuentros jugados de liga regular. Jugador inteligente, de enorme potencia física, que sabía desenvolverse muy bien cerca de la canasta y, por lo mostrado esa tarde en el Palacio, de buena suspensión a media distancia y velocidad en las transiciones. Entre ambos, atragantaron este inicio de playoff a su rival, llegando a la finalización de los primeros 20 minutos, con un 35-45, tras una fantástica canasta de Mike Anderson desequilibrado, cayéndose hacia atrás, tras ser objeto de falta sobre la bocina final, al que añadió también el tiro adicional. Eso hizo que los pocos aficionados congregados, silbaran a los blancos cuando se retiraron por los túneles de vestuarios. Y es que se sintieron rendidos ante la exhibición del Caja San Fernando, enorme en todos los aspectos. Alexander Petrovic, que debutaba esa temporada como entrenador en la ACB, estaba entusiasmado con el ritmo impuesto por sus jugadores y el acierto. “Hemos dejado que ellos jueguen. No hemos tenido paciencia” reconocía Obradovic. “Les hemos dejado anotar 17 puntos en contragolpe”.

En un intento de mejorar el ambiente, los aficionados comienzan a animar al inicio de la segunda mitad, aunque al principio, sin mucha respuesta de los jugadores. La diferencia se amplió (35-49) con otro de los baluartes, Warren Kidd, que si bien no anotaba en demasía, sí que se hacía con todos los rechaces bajo su aro (10 nada menos en defensa). Dos triples consecutivos de Nikola Loncar y Mike Smith reducen la desventaja (46-51) y dan ánimos a la parroquia, forzando a Alexander Petrovic a parar con tiempo muerto la sacudida blanca. Cambian el timón por primera vez: Pablo Laso sustituye a Antúnez, Anderson no anotaba (6 en la segunda parte, para un total de 23), y todo empieza a convertirse más farragoso, con muy poco acierto, muchas pérdidas y más nervios todavía.

Mike Anderson volvió locos a todos los defensores madridistas.
Mike Anderson volvió locos a todos los defensores madridistas.

A 09:50 del final, Joe Arlauckas logra su segunda canasta, en un marcador que se movía a cuentagotas. Se liman aún más las desventajas, con 65-69 a falta de 04:29 con una canasta de Zoran Savic. Todos empiezan a desesperarse por la acumulación de faltas, sancionados por un arbitraje de lo más quisquilloso que se había visto en toda la temporada. Los más dañados, los hombres altos. Arlauckas (7 puntos en total), cuando logró la primera canasta de las suyas habituales, es sancionado con la quinta falta y debe tomar el camino del banco. Minutos después, Zoran Savic. Entre los hispalenses, tampoco podían tirar cohetes: su dueto Scott-Kidd, con cuatro cada uno.

Con el choque apretado en los últimos minutos, es Richard Scott con tres canastas consecutivas, tanto en suspensión como superando a su par en uno contra uno a campo abierto, quien da el último empujón a los sevillanos, a  los que claramente ya les faltaba fuelle (67-75 en los tres últimos minutos). Scott, viéndose líder y dictador de la contienda, logra otra canasta más, forzando falta, cuando restaba 01:30, que casi sentenciaba el choque: 69-77. En esos últimos 90 segundos, el Real Madrid, viéndose víctima, tampoco hacía faltas a su rival para detener el crono y Raúl Pérez, con un gran triple más tiro adicional, sentenció el partido hasta llegar al definitivo 75-83 y así, dar la ventaja al Caja San Fernando de pista, que tres días después, se dilucidaría en el municipal de San Pablo.

La presión -enorme- estaba ahora en los sevillanos. La responsabilidad de eliminar a todo un Real Madrid y tener en bandeja, a un partido, un paso más, vestía de mucha responsabilidad al momento. Sin embargo, era la ocasión que llevaban buscando durante tres temporadas. Los cajistas, tras ascender a la ACB en 1989, con pocos años de existencia, habían apostado fuerte tirando de chequera, porque sus aspiraciones eran las de ser grandes. En el verano de 1993, llegaron insignias de la liga como Nacho Azofra, Brian Jackson y nada menos que Darryl Middleton. Pero de cuartos de final (en 1994), no pasaron. Ahora tenían la oportunidad de dar el salto con un paso -gigante- más. San Pablo fue un hervidero y no dejaron escapar la oportunidad. Con un ritmo alto para ambos equipos, con Mike Anderson con el mismo cuento de Madrid (24 puntos,  con 8/11 en tiros de campo), con Richard Scott, que en esta ocasión no solamente anotaba (25 puntos), sino que además hizo jugar a Warren Kidd con magníficos pases (18 puntos del pívot), el Caja San Fernando logró derrotar al Real Madrid, que esta vez sí, tuvo a un Arlauckas inspiradísimo con 29 puntos (90-86) y lo más importante: el pase a semifinales.

El momento de gloria en el baloncesto de Sevilla, había llegado. No solamente se quedaron ahí, sino que tras derrotar al TDK Manresa, en un agónico quinto encuentro a domicilio, se presentaron en la final ante el F.C. Barcelona. Llamaron a la puerta con estruendo y les abrieron. Aquellos tiradores en Raúl Pérez y Benito Doblado, y sobre todo esa tripleta de americanos Anderson-Scott-Kidd, quedaron grabados para siempre en la memoria de la afición cajista. Una afición que en aquellos primeros días de Junio de 1996, por primera vez, tocaron el cielo.

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