MOMENTOS ÉPICOS: “…Y GALVIN OBRÓ EL MILAGRO”.

MOMENTOS ÉPICOS: “…Y GALVIN OBRÓ EL MILAGRO”.

Antonio Rodríguez

Final Copa Korac 80/81: JOVENTUT BADALONA 105-104 CARRERA VENEZIA (19.03.81)

Hay partidos que marcan. Sean del deporte que sea. De nuestro amor a ese juego vienen precedidos y alimentados por esas experiencias que pudimos vivir. “Momentos épicos” va sobre ellos. Y más aún cuando nos los piden los aficionados. La lista de vuestras peticiones comienza a ser ya extensa. Una colección de momentos inolvidables que amalgaman un buen puñado de los mejores recuerdos ante el más brillante escaparate de nuestro deporte. Y en esta ocasión, yo me permitiré el lujo de confesar el mío. Fue la primer vez que vi un partido de baloncesto. Tal cual. La primera vez que, desde la pantalla del televisor, aquello tan delirante que tenía delante de mí, soltó un embrujo que me señaló un camino que primero hobby, luego profesión, he ido siguiendo hasta el día de hoy.

En mi infancia siempre fui un poco verdinegro. El Joventut badalonés tuvo motivos más que sobrados como para ganarse mi corazoncito. A mis 10 años, desde un colegio de no más de quinientos alumnos sobre una población de diez mil habitantes en Castilla La Mancha, apareció Julio Longobardo, el ‘profe’ que intentó inculcarnos su pasión por aquel deporte sin porterías ni porteros, con aros la mar de altos, orgulloso, con una caja repleta de camisetas. Camisetas de tirantes, de algodón, como las que tanto se estilaban antes. Don Julio (no solamente a los profesores en los setenta se les etiquetaba de “don”, sino que él en particular, se lo ganó), envió una carta con una foto del equipo del cole, a todos y cada uno de los 14 equipos que componían 1ª División de baloncesto (actual Liga Endesa), aventurándose a pedir una equipación que no teníamos. Tan sólo contestó un club, con una caja y unas camisetas inmensas para niños de 10 años. Tanto, que en algunos casos, nos colgaban casi por las rodillas. Daba igual. Esas camisetas verdes con una franja negra en el pecho que sujetaba Don Julio en sus brazos, nos hicieron sentir importantes.

Pocos meses después, en la televisión veía por primera vez aquel deporte, en el evento más delirante que jamás había visto. Joe Galvin, un pívot de 7 pies, cuyo rango de tiro no era mayor que el de Romay, logró anotar una suspensión a seis metros y medio del aro, sobre la bocina final, para culminar una remontada histórica. “Estuvo genial, providencial en la canasta del empate” recordaba Manel Comas, días después. “Desde luego, si tira cincuenta, va a meter una. Y la metió. Él tiró con el convencimiento de meterla”. Culminó con el paso a la prórroga y la posterior victoria, una de las mayores hazañas en una final europea de la historia. Sin embargo, aquel encuentro fue mucho, mucho más delirante de lo que quizás logremos recordar. Por ello, sin ser partido de la Liga Endesa, hoy nos pararemos en aquel día de San José, el 19 de Marzo de 1981.

El Joventut había acabado la primera vuelta liguera como líder, en la liga más disputada. Era impensable tan sólo un año antes, ver cómo los verdinegros, Cotonificio, un renacido y joven Estudiantes (que logró el subcampeonato liguero con Fernando Martín en sus filas), junto a los ya clásicos Real Madrid y Barcelona, tenían opciones de ganar el título liguero y todos estaban en un pañuelo. Sin embargo, al Joventut en la segunda vuelta, comenzaron a aflorar los vestigios de una crisis que llevaban arrastrando de años atrás, desde que quedaron campeones de liga de la mano del genial Zoran “Moka” Slavnic en 1978. Para que se hagan una idea de la importancia que llegó a tener este astro yugoslavo, pieza angular de tal alirón, la siguiente temporada, la 78/79, se demoró una semana por estar jugando Slavnic el Mundobasket de Manila y que tuviese tiempo de reincorporarse a su club. Pero un duro correctivo por parte del Barcelona ya en la segunda jornada, no auguraba muchas alegrías en Badalona. Su presidente, Antonio Mas, dejó el cargo con los verdinegros campeones, y se notó. Santillana y Slavnic iniciaron un duelo de egos, que Antoni Serra no supo cortar a tiempo. Le contaminó esa temporada y así, a la finalización de la misma, decidió desplazarse unos cuantos kilómetros, fichando por los azulgranas. Despropósitos que continuaron al año siguiente, hasta llegar a este ejercicio 80/81 que nos ocupa.

En la última jornada de la primera vuelta, la Penya comenzó perdiendo en su cancha, frente al Cotonificio -que así le arrebató el liderazgo liguero, hasta que el Barcelona le ganó una semana después-, y ese fue un largo rosario de derrotas (6 en las 13 jornadas ya en la 2ª vuelta, más un empate en Magariños), con algunas tan dolorosas como ante el OAR Ferrol recién ascendido y un débil Baskonia que quería evitar el descenso. Se vuelven a amplificar los problemas. Eso sí, en Europa se iban salvando los muebles, aunque con alguna chapuza organizativa, como la de dejar algún jugador en tierra, para que volasen directivos a Ostende. Se llegó a semifinales ante el Estrella Roja Belgrado. Lo más curioso es que en esta ocasión, en una cancha tan particular, con el supuesto ambiente que pudiera haber en el Hala Pionir -que luego resultó estar semivacío-, no viajó ningún directivo que representara al club. Eso sí, para curiosidad, la de coger o no el vuelo a Belgrado. El día anterior, la plantilla del Barcelona se encontraba también en Yugoslavia (Zagreb, concretamente), para disputar las semifinales de la Recopa de Europa. Y tras el partido y su triunfo que les dio el pase a la final, por la noche en el restaurante, los jugadores se encuentran con que se habla de España en los informativos televisivos del país. Sabían que algo estaban pasando, pero no entendían nada de lo que allí se decía, como es obvio. Sin embargo, las imágenes eran bastante explícitas: un militar de alto rango, llamado Antonio Tejero Molina, asaltó el Congreso de los Diputados en una intentona de golpe de estado. Pues eso, a los verdinegros les pilló en el aeropuerto, destino Belgrado, sin saber si tenían que coger el vuelo o no. En definitiva y para quienes vivieron aquel día, casi nadie sabía muy bien qué hacer. Finalmente volaron.

Tras el éxito de semifinales eliminando al Estrella Roja, se clasificaron para la final, que curiosamente se disputaría -a un partido-, bien cerca de casa: en el Palau Blaugrana barcelonés. El rival: el Carrera Venezia, que aún jugando en la A-2 italiana, tiró de chequera y no solamente contaba con internacionales italianos, sino a dos de los mayores astros que jugaban en Europa: el alero yugoslavo Drazen Dalipagic, que ya con más de 28 años pudo salir de su país y la ex estrella NBA, Spencer Haywood. Tras tener problemas disciplinarios en los Lakers, Haywood fue apartado del equipo sin que le dejaran fichar por ningún otro NBA, pues los angelinos no querían deshacerse de él, tomando muy a regañadientes, la opción europea del club transalpino.

“Yo era consciente desde un principio que nosotros éramos inferiores. A pesar de que iba diciendo que ganaríamos el partido, que había un cincuenta por cien de posibilidades, era conocedor que si a éstos les salía un partido regularmente bueno a nivel individualidades, con Dalipagic en su línea, no teníamos muchas opciones”, recordaba Manel Comas. Es cierto que la squadra dirigida por Tonino Zorzi también había tenido lo suyo. No pasaba por ser un equipo conjuntado, sino todo lo contrario: una colección de grandes individualidades en busca de lucidez personal. Al menos Haywood, bastante pasota a lo largo el año, metidos en harina de una final continental y en los playoffs (que en Italia, a diferencia de España, sí los había), se encontraba bastante más motivado.

El choque se disputó a una hora muy atípica: las cinco de la tarde. Por ser San José, día festivo, se suponía que no era problema. Sin embargo, no en toda nuestra geografía se celebraría, pues en Badalona era día laboral, sus gentes tenían que trabajar a diferencia de Barcelona y de ahí que el Palau no se llenase, sino que tuviese poco más de medio aforo (algo más de tres mil espectadores, de los que mil, eran ruidosos fans italianos). La nota pintoresca ya estuvo en la presentación, donde los verdinegros intercambiaron los típicos banderines, mientras que los italianos portaban como regalo bolsas de deporte al uso, de las de toda la vida con los colores y el logo del equipo. Mucho más práctico, ¿no creen?

Al Skinner, Gonzalo Sagi-Vela, José María Margall, Luis Miguel Santillana y Joe Galvin fue el quinteto que Manel puso en pista como titular. Andrea Gracis, Giovanni Grattoni, Drazen Dalipagic, Fabricio Della Fiori y Spencer Haywood, los que usó Tonino Zorzi. Y para comenzar, el Joventut utiliza la estrategia ya anunciada por Comas minutos antes, de hacer una defensa en caja y hombre, con Al Skinner muy agresivo, persiguiendo a Dalipagic allá donde fuese. Defensa que mantuvo Manel casi todo el enfrentamiento, primero con Skinner, luego con Ernesto Delgado. Los italianos se muestran certeros desde el tiro exterior en los primeros minutos, porque la polivalencia de sus pívots Haywood y Della Fiori, teniendo habilidad para lanzar suspensiones, es algo que le cuesta defender a los catalanes. La Penya da un pequeño arreón (14-10), pues intenta correr y le salva el rebote ofensivo al poco acierto. Joe Galvin, su pívot americano, era extremadamente delgado, pero tanto como rápido para llegar a las contras y conseguir los rechaces de ataque. Colocó dos tapones consecutivos en una misma jugada (para un total de 6), que eran el inicio de fulgurantes contragolpes y en el Palau, la afición verdinegra comenzaba a vibrar. Aunque hubo problemas con un 16-22, no solamente se recortó sino que con una canasta contra tablero del ex estudiantil Gonzalo Sagi-Vela (fichado un año antes), se llegó al descanso con el marcador de cara, 48-42.

Al Skinner estaba siendo el máximo anotador por la Penya al descanso, con 12 puntos. Un escolta claramente de NBA, que como todo segundo foráneo, tenía una papeleta muy complicada en su club. Skinner procedía de la universidad de Massachussets, donde le retiraron el número, y que ya en su año freshman, fue compañero de Julius Erving. Eso sí, en college jamás jugaron juntos, debido a aquella ley que prohibía a jugadores de primer año disputar un solo segundo. Posteriormente compartió plantel en la ABA con el “Dr. J” en los New York Nets, en las dos últimas temporadas de existencia de la competición. Skinner era un atleta como no más de un puñadito de americanos había en nuestra liga. Saltaba muchísimo, por lo que era capaz de lograr un buen número de rebotes, a pesar de su corto tamaño. Sin ser un buen tirador exterior, sí que las metía a media distancia, con esa mecánica de echarse el balón muy atrás desde su zurda, con lo que era muy difícil taponar. Era capaz de saltar una y otra vez sin descanso por un rebote y en defensa, era una lapa de los que no estábamos acostumbrados a ver por Europa, de ahí la estrategia utilizada por Comas de ponerle a defender a Dalipagic. Sin embargo, el hándicap de ser el “otro” extranjero, que no podía jugar liga, sino tan sólo competición europea (en España se aceptaba solamente un extranjero, cuando en Europa sí se aceptaban dos) es algo que nunca permitía continuidad a este tipo de jugadores. Hombres que se quedaban entrenando en solitario, cuando sus compañeros iban a jugar fuera el fin de semana la competición liguera, esperando su oportunidad en no más de 15 partidos en todo el año, para poder brillar. De ahí que se le etiquetó de irregular, hasta que ya en semifinales despuntó, al igual que en esta final. De hecho, Spencer Haywood tenía un gran respeto por él (ni que decir que también al revés), y durante todo el encuentro se saludaron, se ayudaban a levantarse cuando uno de ellos caía al suelo, o se disculpaban con una palmadita tras cometer falta el uno al otro.

En la segunda parte, Spencer Haywood estuvo más participativo en ataque (se fue hasta los 17 puntos en este período, para un total de 30), colocó un tapón estratosférico a Galvin, que por accidente le metió el dedo en el ojo e hizo peligrar la supervivencia verdinegra (no pasó de susto. Estuvo un par de minutos en el banquillo), y sea en suspensiones, en entradas a canasta, la habilidad y el talento del verdadero rey de los Juegos Olímpicos de Mexico’68, de la ABA por un tiempo y la primera estrella que tuvieron los Seattle Supersonics, fue quien iba manteniendo a su equipo, pues Dalipagic parecía desaparecido. También es cierto que en contraposición, el veterano pívot internacional Luigi Serafini, fue también una aportación fundamental en los venecianos. El encuentro se sitúa en modo péndulo: un punto arriba, un punto abajo. Otro internacional, Lorenzo Carraro, anota un dos más uno (61-64) que rompe esta dinámica, pero es respondido por Al Skinner en la misma acción, igualando a 68. Drazen Dalipagic, por su cuenta y riesgo, porque tampoco tenía mucha ayuda por parte de sus compañeros para encontrar buenas posiciones de tiro, tira de talento individual y empieza a anotar una suspensión tras otra.

Y lo que vino a continuación, hasta el final, fue una de las mayores paranoias que este deporte ha conocido jamás. Parecía una puerta a otra dimensión cestista. Les contamos que con una canasta más tiro adicional de Haywood más otra suspensión de Dalipagic, Carrera de Venecia al fin, asumen su cartel de favoritos y empiezan a marcharse en el marcador (72-79 a falta de 04:49) y sus aficionados con bufandas extendidas, haciéndose notar. El Joventut es presa de nervios, poca circulación de balón, malos y forzados tiros y ni tan siquiera subir líneas en la presión defensiva, surtía efecto. Se cambia a una zona 1-3-1 más agresiva que Haywood rompe en pedazos. La Penya, al menos se acerca con el pundonor de Sagi-Vela en contragolpe (76-79), pero no deja de ser un espejismo. Serafini se marcó un gancho en suspensión contra tabla, desde la línea de tiros libres, Dalipagic anota dos tiros libres, Santillana comete falta en ataque ante el despropósito general y a falta de 2 minutos, el marcador da clara muestra de malos augurios con un 80-87, con el narrador televisivo, José Félix Pons, ya reconociendo que el partido era imposible. Que había sido bonito ver a dos representantes de nuestra liga en finales europeas, pero ambos iban a perder en tal cita (el Barcelona sucumbió ante la Squibb Cantú el día anterior, en el Palaeur romano). Para añadir un clavo más en el ataúd verdinegro, Carraro anotó una canasta en el corte: 80-89, con menos de dos minutos. Recordando nuevamente que no existía aún la línea de tres puntos, era quimérico remontar. Algún directivo -que no sé si el presidente del Carrera Venezia-, que se encontraba al fondo del banquillo, se deja agasajar por los aficionados italianos que le daban la mano, felicitándole, en señal clara de “esto ya está hecho, no se nos escapa”. Y lo dicho: a partir de aquí, vamos a esquematizar todo lo que pasó en el parquet del Palau Blaugrana y sus “cuentos asombrosos”.

- Santillana anota dos tiros libres y Gonzalo Sagi-Vela en transición rápida, una suspensión corta, tras un tiro libre anotado por Grattoni (84-90). La Penya presiona a toda cancha de forma desesperada y Dalipagic, que no se sabe muy bien dónde iba con el balón, se come su posesión al no poder pasar en el aire. Zorzi solicita tiempo muerto.

- Nuevamente Gonzalo Sagi-Vela, que parecía poseído por el espíritu de Jerry West, anota otra suspensión (86-90). Sigue la presión y de forma más increíble aún que la pérdida de Dalipagic, Grattoni, ante la amenaza de un dos contra uno nada más recibir del saque de fondo, lanza una bomba hacia arriba, a campo contrario, que captura Galvin. La sucesión de errores continúa porque Skinner pierde el balón y Haywood provoca falta personal. Se para momentáneamente la locura. Restan 53 segundos.

- Tras anotar Haywood los dos libres (86-92), nuevamente Sagi-Vela vuelve a anotar un tiro corto tras doblar Delgado (88-92) Serafini manda el balón a la grada en la nueva intentona de presión de los hombres de Manel Comas. El Palau estalla de júbilo a cada error veneciano, mientras que los tifosi ya no muestran sus bufandas y quedan enmudecidos. Restan 30 segundos.

- Cuatro segundos después, Santillana fuerza falta personal, anotando los dos tiros libres. A 26 segundos, el milagro parecía factible (90-92).

- La esquizofrenia italiana aumenta. Germán González comete falta sobre Dalipagic, restando 22 segundos. A Dalipagic. Queda claro, ¿no? Pues Tonino Zorzi, su entrenador, prefiere que se saque de banda a que el yugoslavo sentencie con los dos tiros libres por el temor y riesgo a que falle ¡Dalipagic!. Dicen que la cara de Drazen era de escupir fuego por sus ojos. Spencer Haywood, hasta las narices de tanto sinsentido, llevando ya un rato advirtiendo a sus compañeros, no hacía más que pedir que se fuese a la línea de tiros libres, a ver si colaba y se desentendían de su entrenador. No hubo manera. El estadounidense no entiende nada y su enfado va en aumento.

- Quizás por la ansiedad y el cabreo de la decisión anterior, Dalipagic a falta de 13 segundos, encontrándose abierto, en vez de aguantar la posesión, decide tirar a canasta (¿?) y falla. El posterior palmeo de Haywood tampoco, el balón cae mansamente en manos de Gratonni que la pasa a Carraro, sobre el que cometen falta personal. Restaban tan sólo 4 segundos con casi todo el pabellón gritando “Penya, Penya”.

- Cuatro segundos. Si alguien la cogiese y la aguantase, se acabaría el partido. Pues no. Della Fiori saca desde medio campo y Giovanni Grattoni, en vez de hacer eso, prefiere irse botando y zafarse de Sagi-Vela. Cuando lo supera, Grattoni se tropieza, impactando su pierna atrasada con el rival ya superado que corría tras él, en clara falta personal que no se señala, y viendo cómo el balón se pierde mansamente por línea de fondo. Tal era el frenético ritmo de errores, el estado de shock de los italianos, que ni tan siquiera protestaron la acción. Quedaba un segundo y el balón era verdinegro. No les quedaban tiempos muertos.

- Eso sí, había jugada ensayada. Luis Miguel Santillana, con buena mano, se abre a la esquina, Gonzalo Sagi-Vela saldría abierto de un bloqueo de Delgado a la altura de la bombilla, pero lo hacen tarde. Germán González, el encargado de sacar, usa la tercera opción, que es dársela a Galvin en terreno de nadie, a casi siete metros del aro, abierto, pues ahí no supone ninguna amenaza. El estadounidense recibe y lanzó la suspensión más heroica de su vida (quizás la única suspensión de su vida), anotando la canasta del 92-92 y el Palau que casi explosionó del griterío por tal acción. Todos se abrazan a Galvin, hay incluso una pequeña invasión de campo, mientras que Spencer Haywood se desgañita pidiendo a los árbitros de manera desesperada e ineficaz que estaba fuera de tiempo, porque lo primero que hizo el árbitro inglés Richardson, fue dar validez a la canasta. Dentro de la invasión en pista, había muchos medios de comunicación intentando entrevistar, como si el partido hubiese terminado. Mientras todos dan saltos de alegría, Manel Comas pide calma con gestos ostensibles. Daba igual. Un aficionado con la bandera verdinegra al hombro y cigarro en la boca, da la mano a Galvin, al que siguen abrazando, mientras que el mítico médico del Joventut, el Dr. Guillén, solicita calma. Pedro Barthe, con el micro a pie de pista, intenta entrevistar entre el bullicio a Manel Comas, que le responde a voces: “Increíble, sí. Pero ¡lo que quiero ahora es estar tranquilo!” con un enfado importante. En el otro lado, Spencer Haywood se tapa con la toalla, se levanta, grita, pide explicaciones…ahogados por el fervor del pabellón.

Tras unos momentos, todo se enfría y se animan antes del salto inicial de la prórroga. Los verdinegros aún tienen el reflejo de la presión a toda cancha y así, Santillana comete su quinta falta, debiendo ser sustituído por un juvenil de 17 años, Jordi Villacampa, que nada más saltar, se marca una suspensión -bien hecha, al estar sin marca-, que falla. Poco después, también Delgado debió retirarse por cinco faltas, entrando un junior, Paco Solé, que con toda la frialdad, logró una importante suspensión. No sirve de mucho, pues los venecianos vuelven a tener ventajas de 4 puntos y con una canasta de Della Fiori, se van 100-104. Y ese fue el canto del cisne italiano. Porque Galvin en dos tiros libres y nuevamente Gonzalo Sagi-Vela (que acabó con 27 puntos), en una canasta providencial más tiro adicional en entrada, tras robo de Germán González, se logra la primera ventaja de la prórroga y decisiva, pues el marcador ya no se movería. Restaban 47 segundos.

Y aquí comienza la segunda entrena de estos “Cuentos asombrosos”. Vamos allá:

- Spencer Haywood perdió un balón de manera increíble, a 37 segundos y el Joventut aguantó y aguantó…tanto, que se acabó la posesión de balón sin que llegaran a tirar.

- 7 segundos por disputarse y el último balón, el del título, para el Carrera de Venecia. Dalipagic tardó en cruzar medio campo, da un pase inicialmente interceptado, que llega a Gracis y éste da el balón a Haywood, en una esquina, totalmente solo. Increíblemente, en vez de lanzar una suspensión, desquiciado, prefiere dársela a Della Fiori bajo el aro, que lanza contra tablero, y Galvin golpea el tablero de forma ilegal…fuera de tiempo, como se vio claramente en las imágenes, mientras sonaba la bocina final.

- Los jugadores del Joventut se abrazan sin creerse lo que acababan de lograr, mientras que los jugadores italianos se comen al árbitro Richardson, pidiendo validez como canasta a la acción final, a todas luces ilegal -pero repetimos: fuera de tiempo-. La celebración se para, porque los árbitros aún no habían dictaminado quien era el campeón. Mientras que se encaminan a la mensa de anotadores para hablar con el comisario, rodeado por entrenadores y operarios, Della Fiori y Margall se lían a tortas, mientras que a Haywood lo tienen que sujetar.

- Tras calmarse los implicados en la breve pelea, los jugadores se agolpan a la mesa de anotadores esperando la resolución final. Algunos no podían llegar hasta la mesa, porque por delante había…¡aficionados! mejor colocados que ellos. Richardson intenta escuchar las instrucciones del comisario de mesa, mientras es acosado por el tumulto que había tras él, y no escucha ni entiende nada. Cuando gira la cabeza para pedir un poco de calma y silencio, de repente se encuentra con más de centenar de personas en pista. ‘¿Y cómo pido yo a estos silencio?’ pensó. Así que, visto lo visto, decide retirarse a los vestuarios con el comisario -y muy probablemente, el secretario general de la FIBA, Vladimir Stankovic, que vio toda la final en una esquina de la pista-, para poder hablar.

- Nadie sabía nada y todos estaban expectantes. De hecho, en un arrebato de triunfo, Gonzalo Sagi-Vela alza los puños al cielo, que todo el público interpreta que sabía algo más que el resto, y provocó una explosión en el público, que ondearon las banderas con más fuerza, pensando que, ya sí, habían ganado. De locos.

- El punto cómico del delirio sucedió en la retransmisión televisiva, cuando Pedro Barthe, por hacer tiempo hasta un dictámen final, toma a Luis Miguel Santillana para entrevistarlo. En el momento en que “Santi” va a responder con un “tengo entendido…”, sus compañeros salen de los túneles de vestuarios exultantes y éste grita “¡Se acabó el partido! ¡Se ha acabao!” mientras empieza a gritar y a abrazar a los suyos, dejando con un palmo de narices a Barthe. De esta manera, en la pista, se enteraron que el Joventut, efectivamente, se proclamó campeón de la Copa Korac. Pocos minutos después, el propio “Santi” alzaba el trofeo. A todo esto, un aficionado tuvo el valor de alzar a hombros a Joe Galvin (2.12 de estatura. No lo olviden) y dar la vuelta al ruedo. El júbilo era indescriptible.

De esta forma, el Joventut se proclamó por primera vez campeón de una competición europea. La copa Korac de 1981 luce en las vitrinas verdinegras como un premio que por muchos momentos, pareció inalcanzable. Delirante, sí. Pero título al fin y al cabo, que fue secundado por numerosos homenajes en los sucesivos días.

En una España en la que aún se explicaban las reglas del juego en las escasas, escasísimas retransmisiones de baloncesto por TVE, jornadas como éstas, generaban la expectación de que en las calles se hablase de baloncesto. Y que yo sepa, ganaron un aficionado de por vida aquel día.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO:

FOTO 1: Joe Galvin, el héroe del partido, con la red sobre el cuello, celebrando el título.

FOTO 2: Joe Galvin, avasallando en la lucha por un rebote, a la estrella NBA Spencer Haywood.

FOTO 3: Gonzalo Sagi-Vela, otro de los héroes del partido, sobre todo en los momentos decisivos, disputa un rebote a Haywood.

FOTO 4: Spencer Haywood anotando a aro padado. La clase del estadounidense no tenía límites.

FOTO 5: Al Skinner, estadounidense del Joventut, amagando con pegar a Dragan Kicanovic, que la armó en Badalona, cuando el Partizán Belgrado visitó Badalona en la fase previa. Skinner pensaría que no solamente jugaba pocos encuentros, sino que encima tenía que liarse a mamporros con los rivales crecidos.

FOTO 6: La inexplicable suspensión de Drazen Dalipagic. Ya ven el marcador. El yugoslavo, ayudado por su entrenador, perdió los papeles al final del encuentro.

FOTO 7: El momento estelar: la suspensión de Joe Galvin a falta de un segundo. Increíble.

FOTO 8: Manel Comas pedía calma para afrontar la prórroga. Tras él, un juvenil de 17 años, Jordi Villacampa, que tuvo que entrar en pista pocos segundos después.

FOTO 9: Manel Comas en la celebración del vestuario, rodeado por Joe Galvin, Al Skinner y Luis Miguel Santillana. El milagro era un hecho: campeones de la Copa Korac 1981.