MOMENTOS ÉPICOS: “ALLEY-OOP MADE IN RUDY”

MOMENTOS ÉPICOS: “ALLEY-OOP MADE IN RUDY”

Antonio Rodríguez

Final Copa del Rey Sevilla’04: Tau Cerámica 81-77 DKV Joventut (29.02.04)

Hay jugadas que marcan nuestra historia. Casi siempre suelen ser canastas imposibles sobre la bocina, que ganan títulos, que se ven plasmados en grandes trofeos en las orgullosas vitrinas de un club. Sin embargo, hay otras -muy pocas-, que suceden durante el transcurso de un choque, que no tienen por qué ganar títulos, pero que sí quedan en nuestra memoria, porque simplemente fueron geniales.

Restaban 02:15 para el final del tercer cuarto de la final de la Copa del Rey 2004. En plena remotanda verdinegra, Rudy Fernández, el descarado jovenzuelo de 19 años, atrapó un rebote ofensivo largo por encima de Pablo Prigioni a la altura de la bombilla. Se lo pasó a su base, José María Guzmán. El “Gusi”, compañero y amigo de generación y de mil tropelías juntos en la cantera de la Penya, vio a Prigioni que quiso adelantarse al posible pase a Rudy, más allá de la línea de 6.25. Y fue cuando a Rudy, que tenía el camino expedito hacia canasta, entendió las intenciones de “Gusi” para hacer una jugada que habían realizado una y mil veces en los silencios de los entrenamientos: el ‘alley-oop’ de espaldas cortando por línea de fondo. En la tensión y la dinámica igualada del encuentro, fue una imagen tan impactante, tan bella, que los casi 10.000 aficionados que poblaban las gradas del municipal San Pablo, se pusieron de pie y comenzaron todos a ovacionar. Y no pararon de ovacionar. Dio igual que en la siguiente jugada, el Tau Cerámica atacara, que Macijauskas encontrara posición de tres y que fallara el triple. El público seguía aplaudiendo. Rudy Fernández, un tipo que tenía un promedio de 11 puntos hasta la cita sevillana, acabó con 15.3 esta cita. Un tipo especial. “Apostando por los jóvenes, siempre ganas” declaraba Bozidar Maljkovic, que estaba presenciando la Copa. “Claro que yo lo incluiría en la Selección Nacional para los próximos Juegos Olímpicos. Por supuesto que los jóvenes te pueden hacer perder un partido importante. Pero la temporada es muy larga y ellos te lo compensan en un futuro. Mira Tony Parker. La Federación francesa dice que este año ha incrementado el número de licencias de baloncesto en 3000 nuevas. Y eso es a causa de él”. Y eso Aíto García Reneses, a pesar de ser caracteres enfrentados, es algo que compartía con el entrenador balcánico.

Aíto puso en pista a José María Guzmán a disputar los minutos más calientes. No le importó que fallase tres suspensiones en la primera mitad. El “Gusi” en la segunda parte se dedicó a dirigir, a no perder balones incluso a pesar de la asfixiante presión a la que se vio sometido por parte de José Manuel Calderón, a dar el balón al compañero desmarcado y, en definitiva, a hacer mover a su equipo sin cometer errores, hasta que a falta de unos cuatro minutos, lo cambió por Carles Marco.

Sí, Rudy Fernández quedó para el recuerdo esa tarde de domingo. Para su estantería quedará el trofeo al Jugador Más Valioso de esta edición de la Copa del Rey. Sin embargo, los verdaderos protagonistas, los campeones, fueron Tau Cerámica Vitoria. Derrotando a Adecco Estudiantes, Caja San Fernando y en la finalísima, al DKV Joventut, se proclamaron reyes de la Copa. Desde que llegaron en Sevilla precisamente, 10 años atrás, a su primera final copera (1994), llegaron a disputar 5 finales hasta esta edición (esta era la sexta) y se habían llevado tres títulos, al igual que el F.C. Barcelona (jugando cinco finales también). Rompía esa igualdad, alzándose con el cuarto trofeo de su historia. A la intensidad, concentración y fuerza con la que jugaron, no llegó ninguno de sus rivales, aunque bien es cierto que el Joventut estuvo muy cerca. Pero se desfondaron en los últimos 3 minutos y los hombres de Dusko Ivanovic, sí supieron jugar mejor esos instantes.

Aíto García Reneses, exultante tras derrotar a los azulgranas en semifinales (clave fue el primer cuarto, con un 25-8 para los verdinegros), simplemente pedía que los suyos se entregasen, jugasen y disfrutasen una final de Copa. Con esos argumentos, si les daba para ganar, estupendo. Y les valió hasta el minuto 36, donde amenazaron con un 61-71 a favor. Los baskonistas en aquella temporada estaban pletóricos. La verdadera sensación liguera era Arvydas Macijauskas, que anotaba con una rapidez en su mecánica insólita. Y lo anotaba todo. Pablo Prigioni, en su primera temporada en el Tau, a pesar de su juventud, mostraba muchas más tablas y veteranía de lo esperado. Comenzaba el binomio con Luis Scola que, por otra parte, se salió en este torneo. Scola volvió locos a todos en la Copa del Rey. Los 22 puntos que endosó en la ¡primera parte! de semifinales ante el Caja San Fernando, fueron de antología. Danya Abrams llegó a estar desesperado en su marcaje, como también lo llegó a estar Alfonso Alzamora o Bobby Martin en la final. El bloqueo y continuación acababa con una suspensión corta de Scola a 3-4 metros del aro, que eran infalibles. Y con ellos dos, con la “segunda línea” de refresco desde el banquillo, José Calderón-Sergi Vidal (y su peinado de corn-rows) asfixiando en defensa a los rivales, más la explosividad de Andrés Nocioni que estuvo magnífico y la intimidación de Andrew Betts, ya tienen argumentos para entender por qué fueron los campeones de la Copa del Rey 2004.

Para esta final, los quintetos titulares fueron: Prigioni, Macijauskas, Nocioni, Scola y Betts. Por los verdinegros, Marco, Rudy, Vázquez, Alzamora y Tabak. En los primeros minutos el Tau Cerámica estaba más asentado en la pista, más conocedor de disputar choques como éstos. Aíto García Reneses viendo la precipitación de sus jugadores, solicitó tiempo muerto cuando se habían disputado tan sólo 03:13 del primer cuarto, con el marcador 6-1. Ni tenían paciencia para atacar, ni podían detener la velocidad y la fuerza impuesta en los contragolpes de Andrés Nocioni. A partir de ahí, sí que supieron sacar partido a la altura y los movimientos en poste bajo de Zan Tabak, como para responder y ponerse por delante en el electrónico (8-9 y 10-12). Rudy Fernández, en la ingrata tarea de frenar a Macijauskas, estaba realizando un magnífico trabajo. Llegó a colocar dos soberanos tapones a Scola en la ayuda, y a Macijauskas en el triple, y aunque seguía aciago con el lanzamiento de tres como en los encuentros anteriores, su aportación estaba siendo destacada. Al final del primer período, se llega con el marcador 18-16.

En el segundo cuarto, las defensas hicieron que el partido se volviese áspero. Nadie era capaz de encontrar posiciones ni nadie era capaz de anotar con una mínima fluidez, exceptuando Scola, que sí lo veía claro. Lo que también tenía claro el pívot argentino, es que por las cercanías del aro no sacaría partido, puesto que ahí estaba Zan Tabak para negarle canastas en poste bajo. Pero Luis volvió a su recital de tiros en suspensión, que Aíto no veía manera de atajar (llegó a poner en su defensa a Nikola Radulovic como “4” y al menos, en movilidad, algo frenó). El ataque de la Penya acababa en malos tiros, forzados y sobre la bocina de Guzmán o Digbeu, aunque al menos en defensa aguantaban. Eso sí, en los últimos minutos previos al descanso, todos se soltaron de lastre y comenzaron a anotar triples, destacando Carles Marco (11 puntos al descanso), uniéndose a Calderón y Rudy Fernández -que abrió los brazos, casi clamando al cielo, en un gesto de ‘al fin’-. Al descanso se llegó con 38-35.

En la reanudación se volvieron a ver las mismas espesuras que en la mayoría del segundo cuarto. Con algo mejor circulación de balón baskonista, Luis Scola aprovechó la coyuntura para dar un tirón importante en su equipo (49-41). Los aficionados vitorianos lo celebraban, pero en el pabellón, lo que empezaba a imperar era cierta modorra.

Hasta que a falta de 02:15 para la finalización del tercer período, un rebote ofensivo de Rudy Fernández, un pase a Guzmán y “Gusi” que cuelga un balón…ya saben. Despertó a las gradas, a todos los aficionados e incluso a los equipos. A partir de ese momento, que suponía que los verdinegros se situasen nuevamente por delante en el electrónico después de muchos minutos (52-53), el encuentro fue totalmente diferente. Alain Digbeu roba un balón que acaba en bandeja. En la siguiente jugada, anota otro triple que hace soñar a la parroquia verdinegra (52-58), cerrándose el tercer cuarto con un triple de Pablo Prigioni sobre la bocina: 55-58.

En el último período, parecía que todos anotaban. Scola a lo suyo, Nocioni añadía triples y sus suicidas entradas a canasta, culminadas con éxito (la potencia del argentino en aquellos años, era descomunal). Rudy Fernández consigue otro triple y hace mantener el sueño (66-71 a falta de 05:14 para el final). Nikola Radulovic también hacía su daño en ataque, jugando como “4” y abriendo mucho el campo. Se reincorpora Arvydas Macijauskas desde el banquillo, y se une a la fiesta. Y la fiesta era que lograron un parcial de 9-0 en los minutos decisivos (75-71). Dos fallos en el triple de Paco Vázquez de manera consecutiva, una mala entrada de Alain Digbeu, con una canasta de Macijauskas y una entrada de José Manuel Calderón, certificaron casi el triunfo vitoriano (77-73) a falta de 50 segundos. A continuación, un tapón de Macijauskas a Digbeu en una gran defensa, que fue seguido por una suspensión a la desesperada de Tabak, que erró, y el triunfo quedó para los vitorianos (81-77).

Tau Cerámica se coronaba nuevamente como el “rey de Copas”. Y más aún con las que llegaron a continuación. Sevilla pudo ver la exhibición de un genial Scola, de unos jugadores en su plenitud física (Calderón, Nocioni, el propio Scola, Prigioni…) a los que parecía que no se les podía resistir ningún título. Eran claros dominadores. Y por la Penya, muestra de una clara resurección verdinegra, tras años en el mayor de los ostracismos, que iba cuajando y era un hecho. Encabezada por este Rudy Fernández, que nos dejó aquella jugada mágica. Y ¡ah!, se disputó por las mañanas algo llamado “MiniCopa”. Y ahí el Joventut de Badalona sí ganó, porque tenían un niño muy superior al resto. Un tal Ricky Rubio.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO.

FOTO 1: El asombroso mate de Rudy Fernández, que marcó esta edición de la Copa

FOTO 2: Andrés Nocioni superando a Rudy en una entrada a canasta.

FOTO 3: José María Guzmán fue decisivo durante algunos minutos.

FOTO 4: Alfonso Alzamora intentando proteger el balón.

FOTO 5: Andrew Betts lanzando a canasta.