MOMENTOS ÉPICOS: “Y EPI VOLVIÓ A SER SUPER EPI”

MOMENTOS ÉPICOS: “Y EPI VOLVIÓ A SER SUPER EPI”

Antonio Rodríguez

Temporada 83/84 Semifinal Copa del Rey: F.C. Barcelona 102-100 Real Madrid (30.11.83)

Me contaba mi amigo Sixto Miguel Serrano recordando batallitas, que una de las causas que más sorpresa y gracia le provocaban cuando aterrizó por Madrid en sus primeros años como periodista, era ver a Lolo Sáinz gritar durante la semana previa a un enfrentamiento ante el F.C. Barcelona, bramando como alguien desesperado durante los entrenamientos, sobre los errores defensivos de sus jugadores en los partidillos. “¡Que estos dos c*brones nos van a machacar!”, más o menos venía a decir Lolo. Él sabía perfectamente lo que era enfrentarse a Chicho Sibilio y a Juan Antonio San Epifanio. Lo hizo en multitud de veces a lo largo de su carrera deportiva. Y la sensación de temor, de que había que construir defensas casi perfectas para restar su aportación desde el primer minuto, era muy grande. Las dos muñecas prodigiosas con las que contaba Antoni Serra, Epi & Sibilio, Sibilio & Epi, fueron su máximo exponente ofensivo durante muchas temporadas. “Cerraba los puños con los brazos estirados hacia abajo, así, como él hacía, y sus gritos se oían en toda la Ciudad Deportiva” bromea el bueno de Sixto, fotografía que vimos en infinidad de ocasiones cuando tocaba alertar a sus huestes.

Pues bien, en este “Momento histórico” en el que nos detenemos hoy, Lolo lo sufrió en sus carnes como pocas veces lo padeció. Sibilio fue una ametralladora en la primera mitad, anotando 16 de sus 17 puntos en la primera mitad. Casi infalible. Juan Antonio San Epifanio, Super Epi, anotó nada menos que 40 puntos, con 20 ya al descanso. Lo que daba que ambos angelitos en los primeros 20 minutos, ya llevaban 36 de los 50 puntos de su equipo. Francamente estremecedor. Sobre todo porque hay que tener en cuenta un aspecto fundamental, visto con la perspectiva de ahora: no había línea de tres puntos.

“Para anotar cuarenta puntos, tienes que jugar casi los cuarenta minutos” era otra frase categórica de un Juan Antonio San Epifanio, ya retirado, comentarista televisivo en Canal+, cuando salía a debate las medias de los máximos anotadores en nuestra competición una veintena de años después de lograr aquellas marcas. “Hoy día, con las rotaciones, es imposible que puedan llegar a aquellos registros que llegábamos nosotros”.

Esta fue la mejor carta de presentación que tuvo la 1ª edición de la Copa del Rey en la historia de la ACB, pues el F.C. Barcelona-Real Madrid de semifinales abría fuego. Un evento novedoso, con 4 clubes disputando dos semifinales y finales en dos días consecutivas (Miércoles y Jueves, 31 de Noviembre y 1 de Diciembre respectivamente), por el que más de 120 periodistas -récord hasta ese momento, superando incluso el número de acreditados en el Mundial de fútbol un año antes- se acreditaron, entre curiosos y expectantes por las novedades que daría esta competición, tan temprana (recuerden que la Copa del Rey hasta ese momento, se disputaba en formato del actual fútbol: eliminatorias a partido de ida y vuelta, comenzando justo tras acabar la liga) y que tras su finalización, todos fueron conscientes, quedando convencidos que el baloncesto español estaba dando un giro importante, no solamente en sus estructuras, sino también a nivel deportivo.

El título del CAI Zaragoza certificó que el cambio era un hecho. Que desde 1970, solamente en Joventut en 1976 conquistó una Copa que no fueran Real Madrid o Barcelona. Que a un partido, podía haber rivalidad como para vencer cualquiera, algo que no habíamos conocido hasta ese momento, más que en contadas ocasiones. Y el hecho de disputarse tras el primer tercio del calendario liguero, amplificó las expectativas de aquella temporada, pues nos adelantaba lo que podíamos vivir en un futuro próximo, con aquello que nos sonaba como a una bendita palabra aún sin conocerla: los playoffs. Decir que el Joventut Massana era quien llegaba en mejor estado a esta Copa (solamente una derrota en la primera fase, en el Palau Blaugrana, por dos de los madridistas y azulgranas, y cuatro de los caístas), hubiese sido un sacrilegio decirlo años atrás. Pero tan cierto que las huestes de Aíto García Reneses iban de gallitos por la capital maña, como su dominio mostrado hasta ese momento. La incorporación del segundo extranjero estaba dando sus frutos: la mayor igualdad que se preveía antes, se confirmaba ahora. Pero no solamente eso. Que, como apuntaba el gran Jesús del Río en “Nuevo Basket”, acotar a 9 las fichas senior de cada plantilla, hizo que los dos grandes no acaparasen casi el 100% de la Selección Nacional a base de talonario, como había sucedido desde hacía mucho, sino que se veían obligados a dejar libres a otros internacionales que hiciesen grandes a otros clubes, como era el caso de “Indio” Díaz en el CAI, José Manuel Beirán y José Luis Llorente en el Cajamadrid, Andrés Jiménez en la Penya o Quim Costa y Joan Creus en el Círculo Católico (recién bautizado como Licor 43) y Cacaolat Granollers, respectivamente -aunque estos últimos abandonaron el club azulgrana por voluntad propia, la verdad sea dicha-.

Otro asunto que dio un empujón más que remarcado a nuestra competición y sin embargo, pasó más a hurtadillas: el criterio arbitral. En esta Copa del Rey pudimos valorar en su justa medida que el físico también contaba en los jugadores. Kevin Magee aupó al CAI Zaragoza a ser campeón por sus gestos técnicos, pero sobre todo por una fortaleza física descomunal, lo que le valía ganar la posición bajo canasta y “pegarse” con los rivales, juego que por primera vez los colegiados admitían, siempre y cuando fuese lícito y honesto. Así, en la semifinal Barça-Madrid, pudimos ver que el emparejamiento entre Marcellus Starks y Fernando Martín, echaba chispas bajo los aros, aunque donde más huella dejó fue en la final. Starks-Magee y Davis-Allen era aquel sueño que no habíamos podido ver hasta ese momento en nuestras pistas, de intensidad y lucha por ganar un metro bajo los aros, a imagen y semejanza de lo que intuíamos en los vídeos NBA (escasísimos vídeos) que llegaban a nuestras manos. Es cierto que en esta semifinal que nos ocupa, aún se penalizaron algunos contactos que hoy día sería impensable ser sancionados, algunas faltas por simples choques de Iturriaga en bloqueos, ciertos contactos cuerpo a cuerpo de Romay (siempre Romay el más perjudicado) o mínimos forcejeos de Starks, que les hicieron acumular faltas hasta llegar a las 5 y tener que retirarse al banquillo con caras de ‘qué he hecho yo para merecer esto’. Sin embargo y a pesar de estos ‘damnificados’, se estaban dando pasos con todas las mejores intenciones. La grandeza de algunos americanos que llegaron con posterioridad, no hubiese sido tal si el arbitraje no hubiese cambiado el criterio. Estos jugadores eran espectáculo por sí solos, pero había que dejarles hacer su juego. Zaragoza, en este sentido, fue un antes y un después. Significó la era moderna de nuestro baloncesto. Y ésta comenzó, con este “Momento épico” que nos ocupa.

Solozábal, Sibilio, Epi, Starks y Davis por el F.C. Barcelona. Corbalán, López Iturriaga, Jackson, Robinson y Martín fueron quienes dieron el pistoletazo de salida, con una canasta de Iturriaga en bandeja a los tres segundos del salto inicial (no solamente las metía de ‘palomero’). El juego en sus primeros compases fue realmente atractivo.Tanto Antoni Serra como Lolo Sáinz se habían planteado similares sistemas e idénticos objetivos en hacer jugar a sus aleros, ayudados con constantes bloqueos desde el lado débil para salir abiertos, cruzando el balón con facilidad de un lado a otro del campo. Epi fue el primero que comenzó a destacar (anotó sus primeros seis tiros con una naturalidad pasmosa), secundado minutos más tarde por Sibilio. Por su parte, el Real Madrid, visto que sus primeras suspensiones eran erradas, encontró en la movilidad de Wayne Robinson -americano constantemente discutido en lo que se llevaba de curso-, su bastión en el que apoyarse. Recibir desde poste alto, botar, pivotar y levantarse en suspensiones cortas, era el mayor seguro de los hombres de Lolo, mientras que sorprendentemente Brian Jackson, en posiciones cómodas, no estaba acertado (2/8 en tiros fueron sus primeros parciales).

El F.C. Barcelona se fue adueñando del electrónico desde los primeros minutos, con 11-5 y un 21-13 que obligó a Lolo Sáinz a solicitar el primer tiempo muerto. El guión transcurría de igual modo, los azulgranas corrían más que los madridistas, guiados por un inspirado Nacho Solozábal, cimentados en el dominio en los tableros de Starks y Davis. Sibilio empieza a entonarse y Jackson en su marca, quedaba pegado a las dobles pantallas que usaban para facilitar el trabajo al hispano-dominicano, que era infalible -con esa elegancia en su gesto de tiro-. El equipo de Serra ampliaba diferencias (32-20), aunque dos canastas de Juanma López Iturriaga de forma consecutiva, una de ellas en contragolpe ‘made in Real Madrid’ encendió las alarmas en el banquillo culé, ante el pánico a la velocidad blancas, solicitando tiempo muerto, oyéndose por primera vez unos tímidos vítores de “Madrid, Madrid”. En verdad que el público estaba callado, más expectante del juego que de animar, aunque poco a poco se fueron caldeando (ellos esperaban “su” semifinal, que vendría a continuación, pues el grueso de los aficionados que poblaban las gradas, eran locales). Con una suspensión de Juan Antonio Corbalán, que visto el desacierto general de su equipo en el lanzamiento exterior, fue el tirador más fiable de los suyos, se recortó hasta un 34-30, agarrándose al liderazgo de Iturriaga, en entradas con ambas manos de mucha habilidad (ha sido uno de los jugadores más ambidextros en nuestro baloncesto). Sin embargo, una rigurosa 4ª falta personal, obligó a sentarle en el banquillo, siendo sustituido por Rafa Rullán, pívot durante toda su carrera deportiva que por su movilidad, se reconvirtió en alero, sobre todo viendo cómo las negociaciones por la nacionalización de José Biriukov se alargaban y alargaban. La entrada de Romay ante un desafortunado y superado Fernando Martín, fueron los únicos cambios blancos, mientras que en los rivales, no se varió el quinteto inicial en toda la primera mitad, de no ser por un tirón en el muslo de Mike Davis, que le obligó a sentarse en el banquillo, suplido por Juan De La Cruz. De un 50-39 para el F.C. Barcelona, se llegó al descanso, con un meritorio pase de beisbol de Robinson a saque de banda para una canasta de Brian Jackson sobre la bocina final, a un 50-47. Y recalcamos: Epi y Sibilio con sus 36 puntos conjuntos.

La reanudación tuvo aires de esperanza al Real Madrid, porque en el minuto 25 vio, al fin, la primera canasta de Fernando Martín (para lograr un total de 17 puntos). Corbalán seguía con su vena de aciertos (8/14 en tiros de campo), aunque ahora, el Barcelona se dedicaba a surtir de balones a Davis y Starks tras ganar la posición en áreas cercanas a canasta, lo que hizo que lograran eliminar a Fernando Romay (a los nuevos americanos, el arbitraje se iba ‘aclimatando’. A Fernandito, se le seguía castigando a ‘la vieja usanza’), para que volviera a pista Wayne Robinson, mucho más frío que en el primer tiempo. Eso sí, Jackson encontró al menos su efectividad.

Se entra en los últimos 10 minutos con 73-66 y con una atmósfera creada de dominio barcelonista que, cuando había algún problema, era Epi quien solventaba con su tiro. Una finta y su tiro. Una finta, un bote y su tiro. Variantes para un mismo fin: la canasta y lograr otros 20 en la 2ª parte. Y repetimos: sin línea de tres. López Iturriaga salta nuevamente a pista y sigue con su acierto, y entre éste (hasta que al poco fue eliminado por faltas) y Martín, por un lado y San Epifanio - o Super Epi- por el otro, el marcador pasa de un 77-72 ajustado, a un más desahogado 85-77 para las huestes de Serra. Variantes constantes

Con un 91-83 a falta de tres minutos, el Real Madrid arriesga en una presión a toda pista que con impotencia, ve a Mike Davis rematando una jugada con un mate más tiro adicional (96-87) que parece zanjar el choque. Sin embargo, y a partir de ahí, tuvimos ocasión de presenciar dos de los minutos más extraños que la historia de nuestro baloncesto haya podido dar. Con dos bases en pista para romper mejor la presión (Solozábal y Seara), el F.C. Barcelona ve cómo pierde un balón, y otro, y un tercero y un cuarto, casi todos por las argucias de Juan Corbalán. Carrusel de faltas, de tiros libres, de hombres eliminados. En el Real Madrid entra Paco Velasco y hasta el junior Ruiz Monsalve -dejando únicamente en el banquillo inédito, a un junior de primer año llamado Juan Antonio Orenga-. Con 102-100, con el Real Madrid intentando robar el balón, a tiro de piedra de culminar la remontada, sin cometer faltas en la última posesión y Seara corriendo con el balón mientras era perseguido por sus rivales, finalizó el choque con la polémica que un árbitro pitó técnica a Seara, tras verle dar una patada al balón, mandándolo al aire. Claro, que el vallisoletano hizo eso cuando oyó la bocina de final de partido, en gesto de júbilo. Entre cierto barullo, se decretó que, lógicamente, estaba fuera de tiempo, mientras que algunos de los jugadores madridistas reclamaban su validez. Sea como fuere, el partido finalizó con el definitivo 102-100.

El F.C. Barcelona llegó a la final, que perdió ante el empuje local del CAI. Para la historia queda una de las actuaciones individuales más perfectas que hayamos podido ver, la de Epi, que volvió a ser “Super”. Y además, el inicio de esta Copa del Rey que supuso, sin intuirlo entonces, un antes y un después en la historia del baloncesto español.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO.

1.- Aunque esta imagen pertenece a la final frente al CAI Zaragoza, pero Super Epi, con este mismo gesto en la mayoría de sus acciones, consiguió el día antes, frente al Real Madrid, la friolera de 40 puntos.

2.- De La Cruz captura un rebote ante la presencia de Epi, Starks y Fernando Martín.

3.- Mike Davis en una complicada entrada a canasta ante la intimidación de Fernando Romay.