MOMENTOS ÉPICOS: “EL TABLERO ROTO DE SABONIS”

MOMENTOS ÉPICOS: “EL TABLERO ROTO DE SABONIS”

Antonio Rodríguez

Torneo de Navidad 1984: Real Madrid 78-92 URSS (26.12.84)

Cuentan que en 1985, hubo un jugador de la universidad de Indiana, que tras un entrenamiento, se puso una camiseta con una bandera de Puerto Rico. Cuando sus compañeros la vieron, se montó un revuelo en forma de disimuladas risas. Ante la sorpresa del chaval, que preguntaba el por qué de aquel comportamiento, alguien se atrevió a decirle “cuando la vea el coach, te vas a enterar”. El coach, era nada más y nada menos que Bob Knight, el prestigioso, malas pulgas y legendario entrenador de esta universidad que, al toparse con el muchacho, se le quedó mirando de frente, bajó la mirada a la camiseta, para acto seguido sujetar con una mano la parte del cuello, con la otra tiró con fuerza, rompiéndola en dos pedazos con virulencia. La bandera de Puerto Rico no era algo querido para él, pues estuvo arrestado unas horas en una cárcel de la ciudad portorriqueña de San Juan, durante los Juegos Panamericanos de 1979, por conducta hostil hacia uno de los agentes de seguridad. La verdad es que a Bob Knight, aquello de los ademanes dictatoriales, exceptuando los mandos a los que había servido en la Armada, no iba con él. Cuenta la leyenda incluso que, cuando pudo montar en el avión de regreso a casa, se bajó los pantalones y enseñó el culo por la ventanilla, a los operarios que circulaban por la pista, incluyendo a la pareja de agentes que le acompañaron hasta el vehículo. Ese era el recuerdo y el “cariño” que tenía Knight a Puerto Rico.

Por ello, cuando vio a su jugador con tal camiseta, tras partirla en dos, la tiró con todo el desprecio a una papelera, metiéndose en su despacho. El chaval con el torso desnudo, entre avergonzado y temeroso, no se atrevía ni a moverse, estupefacto por lo que acababa de vivir. Al poco, Bob Knight salió del despacho y portaba una camiseta nueva que le regaló al chico para que se la pusiera. La había cogido de una pila de ellas, todas iguales, que tenía en un rincón de su pequeño almacén. Desplegada, en ella se podía leer: “Soviéticos 1984: dejad que jueguen ellos solos”. Las mandó fabricar para aplacar el tremendo berrinche y disgusto que tenía, al confirmarse que la Unión Soviética, repetiría el mismo boicot que Estados Unidos hizo 4 años antes en los Juegos Olímpicos de Moscú: no se presentarían a los que se disputaron en Los Angeles’84. Tras estudiarles al milímetro, tras saber de todas sus habilidades, Knight estaba preparando a sus chicos para enfrentarse a ellos, convencido que les ganaría, al contar con Michael Jordan, Pat Ewing o Chris Mullin, en lo que hubiese sido la madre de todos los partidos. Y es que, la URSS de 1984 había sido, de largo, la mejor selección de toda la historia del país.

El dolor de aquella selección de la URSS, también fue notorio. Disputando el Preolímpico clasificatoria de París, sabiendo de antemano que no disputarían los Juegos, quisieron dejar claro quienes eran y apalizaron a todos, incluidos los españoles el último día, por una diferencia superior a los 30 puntos. Eran tremendos. Pues esa selección soviética, seis meses después, con la misma plantilla y ni una sola baja, se presentaron como mayor reclamo del cartel, al Torneo de Navidad del Real Madrid que se celebraría en aquellas señaladas fechas.

El tercer día y último de competición, se cerraba con el enfrentamiento ante los locales. Y aquel encuentro quedó marcado para siempre, cuando a falta de dos minutos y ocho segundos para la finalización del mismo, con el marcador 78-92 para la URSS, Arvydas Sabonis ganó la posición a Romay, recibió y solo en su camino hacia canasta, se marcó un mate con tal rabia y violencia, que destrozó el tablero, que de repente, se convirtió en millonésimas partículas de cristal minúsculas que suerte tuvieron, se quedó al menos encajado y no estalló en pedazos, lo cual hubiese sido peligroso para la integridad de los jugadores que rondaban el tablero. Esa imagen, ha quedado grabada para los anales de la historia, ayudada sobre todo, porque ese mismo momento, fue captado por el fotógrafo Fernando Laura, en una instantánea que dio la vuelta al mundo.

Es la primera vez que hablamos de un partido en esta sección, que no se trata de la Liga Endesa. Al menos, sí de uno de los protagonistas y en su pabellón. Pero este acontecimiento en estas fechas navideñas, debía ser rescatado. Porque al quinteto habitual blanco de Juan Antonio Corbalán, Chechu Biriukov, Brian Jackson, Fernando Martín y Wayne Robinson, se presentaron los soviéticos con el base Valdis Valters, Rimas Kurtinaitis, que fue la nueva perla soviética en el Preolímpico francés seis meses atrás, Sergei Iovaisha, más dos mastodontes de 2.20 como titulares, como Vladimir Tkachenko, con 140 kilos de peso, y aquella maravilla europea, grácil como un alero, llamado Arvydas Sabonis. Lo que el abarrotado pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, con aficionados que se colaron por todas partes, apretujados en las filas (no había asientos en las gradas, sino una hilera que se iba escalonando con otra), pudieron disfrutar aquella tarde, no se olvidaría nunca.

Por un lado, los soviéticos jugaban mucho para sus hombres exteriores, que tenían muñecas privilegiadas. Refrescando la memoria, recordemos que esa fue la primera temporada en la que se implantó en el mundo FIBA la línea de tres puntos, a 6.25 metros. Y ese extraño elemento, apenas se utilizaba en nuestro baloncesto español. Solamente Biriukov en tres ocasiones por el Real Madrid, probó lanzar, con un acierto en sus tres intentonas. Los jugadores, si pisaban la línea en el momento de tirar, tampoco se preocupaban ni echaban el paso atrás para que su suspensión valiera tres puntos. Ellos tenían la inercia de levantarse donde la naturaleza de la jugada les indicase. Y si eso era a 6.15 del aro, pues lo hacían. Sin embargo, para los soviéticos era distinto. Su naturaleza dictaba en ocasiones, que los tiros eran desde 7 metros, circunstancia que antes, al ser todos los tiros de dos y no haber una línea dibujada en el suelo, parecía menos importante. Pero de ahí que Heyno Enden, Valdemaras Homicius o Sergei Iovaisha, que logró un 4/4 en triples, fusilaran el aro del Real Madrid. Ellos aprovechaban las transiciones rápidas sacadas por Valters, para culminar en suspensiones, que tanto ayer como hoy, son imparables cuando se intentan defender. Porque se puede proteger con la suficiente velocidad el aro de una entrada en contragolpe. pero una suspensión a cuatro metros del aro, ni antes ni hoy es un arma difícilmente parable. Eso sí, hay que tener la sangre fría y el acierto para anotar. La URSS lo hacía.

Y por otro lado, ellos tenían a Tkachenko y a Sabonis. Ellos iniciaban la jugada juntos en la misma zona. Y Sabonis solía aprovechar el bloqueo de su mastodóntico compañero para salir fuera, recibir, y ya con más espacio en la zona, darle un pase bombeado a Tkachenko que recibía allí arriba, donde nadie llegaba, para levantarse y anotar. Si no, buscaba a algún compañero. Si buscaba y buscaba sin encontrar a nadie, Sabonis, que pudiera estar situado a cinco o seis metros del aro, se levantaba y anotaba la suspensión. Anotó las cuatro que intentó en la primera mitad (para un total de 18 puntos al descanso).

Imaginen la estampa que suponía a Fernando Martín, con sus 2.05, marcando a Tkachenko, y a Wayne Robinson y sus -decían- 2.04, marcando a Sabonis. Pero ellos dos formaban parte de un quinteto que gustaba mucho a Lolo. Porque ambos eran muy rápidos y tenían una capacidad de anticipación primorosa a los pases. Y una vez cortado el balón y en poder del base Corbalán, ambos corrían como nadie los contragolpes. Y de hecho eran los primeros en llegar, recibir y anotar cuando sus defensores aún pudieran estar en medio campo. Y es que, cualquier ataque que fuese tras robo o rebote defensivo, todo aquello que no fuese al saque de fondo tras canasta, se convertía en un contragolpe. Siempre. Era la única manera de poder encarar a la URSS. Por ello, se pueden imaginar lo que era el ritmo del partido y sobre todo, lo que los aficionados (que por aquel entonces, todavía entonaban el “a la bim, a la bam, a la bim, bom, bam, Real Madrid y nadie más”) pudieran vibrar y disfrutar de cada uno de aquellos ataques.

En estático era otra cosa. Ahí los madridistas debían de hilar mucho más fino. Biriukov aprovechaba los bloqueos cuando corría por línea de fondo en carretones (sí, sí. Ya los había por aquella época), para poder lanzar en suspensión o pasar al último pívot bloqueador, que con la posición ganada -o al menos, el intento. Que cuando se tiene detrás un dinosaurio de 2.20, decir lo de la posición ganada, es más complicado-, lanzar aquella “morcilla” que llamaba Lolo al gancho de Fernando Martín o Robinson que fintaba, se levantaba con toda su explosividad lo más alto posible, para lanzar sus tiros. Brian Jackson aprovechaba la sorpresa de salir disparado aprovechando bloqueo, dos pasos, recibir y tirar. Infalible. O lo más usado por Fernando Martín, jugador muy inteligente en ganar la espalda del rival por la línea de fondo y cuando era imposible que se le viese, ¡zas!, aparecía desde el otro lado de la pista, recibía de Robinson y con la anchura de sus espaldas, podía al menos proteger sus tiros cortos para anotar.

La primera parte fue un espectáculo sensacional que acabó con 43-45 para los soviéticos, con una canasta de Sabonis en el último segundo que fue capaz de recibir en el aire, girarse y lanzar una corta suspensión, que acabó entrando dulcemente. Arvydas Sabonis era un sueño de jugador. Se hacía con todos los rebotes defensivos (motivo por el cual el Real Madrid aceleraba el tempo y buscar los tiros más certeros: sabía que si fallaba el tiro, nunca encontraría la opción de un rebote ofensivo), palmeaba muchos rechaces en ataque, era capaz de correr la pista, recibir a cuatro metros, levantarse en vertical y anotar la suspensión, pasar como luego vimos a lo largo de su carrera -¡qué pase dio a Tkachenko por detrás de la espalda!, que éste al no entenderle, se perdió por la línea de fondo-, su movilidad le daba para hacer ganchos perfectos, rectificados en el aire…lo que quisiera. Y tenía el carácter, con sus 21 añitos, de abroncar a sus compañeros cuando aquello no funcionaba.

En la segunda parte, el encuentro se resquebrajó en los primeros minutos. Con la salida de Valdemaras Homicius por primera vez a pista, sus portentosas piernas y ese gesto de levantarse tras bote, con su mecánica imparable de tiro de echarse el balón muy atrás, hizo que la URSS cogiera 10 puntos de diferencia. Homicius, en un duelo particular con Biriukov, anotó 9 puntos en sus primeros 5 minutos. Hubo un momento en que a la canasta del lituano, le respondía el hispano-soviético. Ese periplo de locos acabó con cuatro canastas consecutivas del primero, la última un triple según llegaba, respondiendo así a las tres del segundo, en un ataque tras otro.

Esa desventaja de los 10-11 puntos del Real Madrid no bajaba, con lo que Lolo, que tan sólo utilizaba el recambio de Romay por alguno de sus dos altos, más Alfonso del Corral cuando Biriukov cometió su quinta falta (el primer cambio, de Romay por Robinson, llegó a tres minutos del descanso), mandó subir líneas y presionar cada vez más arriba. Con lo que el ritmo se acrecentaba, con lo que la intensidad subía, a pesar de los ya 14 puntos de diferencia. Con lo que el público disfrutaba.

Y en mitad de aquel fragor, aún viendo ya el partido perdido, Arvydas Sabonis recibió un pase, Alfonso del Corral fue a taponarle … y ¡crash! El tablero se destrozó. “¡Que lo pague, que lo pague!” gritaba el público, disgustado por el ritmo y el partido que tenían delante en esos últimos minutos. Todo el mundo tenía bastante claro que para lo que restaba, para el 78-92 del marcador, no se iba a reponer. Mientras a del Corral lo trataban de algún corte en la cara por algún pequeño cristal que saltó -pequeños restos quedaban sobre el parquet-, aquel sueño de encuentro se daba por finalizado sin haberse acabado.

A la entrega de premios, todos olvidaron la circunstancia y fueron conscientes de lo que habían disfrutado. Una joya de partido, un maravilloso espectáculo que quedó como abanderado del Torneo de Navidad. Como abanderado de estas fechas si hablamos de baloncesto.

ANOTADORES:

Real Madrid: Robinson (4), Biriukov (16), Martín (14), Corbalán (10), Jackson (23), Del Corral (8), Romay (3).

URSS: Valters (5), Tkachenko (17), Kurtinaitis (2), Iovaisha (15), Sabonis (14), Enden (8), Tarakanov (2), Belostenny (-) y Homicius (9).

FOTO 1 y 4: El momento en que Arvydas Sabonios rompió el tablero. Mítica foto.

FOTO 2: Juan Antonio Corbalán intenta ayudar a Heyno Enden, en el suelo.

FOTO 3: Juan Antonio Corbalán intentó dar un ritmo vertiginoso al partido.