MOMENTOS ÉPICOS: “KAZANOWSKI CAMBIÓ LA HEGEMONÍA DE LOS GRANDES”

MOMENTOS ÉPICOS: “KAZANOWSKI CAMBIÓ LA HEGEMONÍA DE LOS GRANDES”

Antonio Rodríguez

Semifinales: 3º partido F.C. Barcelona 87-89 Ron Negrita Joventut (17.04.85)

Hay acciones que marcan la historia. No somos conscientes en muchas ocasiones de ello cuando suceden, pero así es. La historia siempre pesa y desbancar a los grandes, parece transformarse en una losa que impide correr, que encoge las muñecas y que hace mirar cada vez con más desesperanza el marcador cuando el electrónico desgrana sus últimos segundos. Y estamos hablando del Joventut, uno de los más grandes de nuestro baloncesto. Pero en aquel momento, era la séptima temporada consecutiva en la que íbamos encaminados a que Real Madrid y Barcelona, o Barcelona y Real Madrid, copaban los dos primeros puestos en la competición liguera, con la única excepción de Estudiantes en 1981, con un subcampeonato, la sensación era que usurpar el puesto a cualquiera de los dos, parecía al menos, improbable.

En 1985, F.C. Barcelona flojeaba. Cayó eliminado en las semifinales de la Copa del Rey ante el Ron Negrita Joventut (al fin y al cabo, se disputó en Badalona) y habían destituido a su entrenador, Antoni Serra, tras una derrota, 111-75, ante el Licor 43, de las que en el club azulgrana no estaban muy acostumbrados. Tomó el mando el segundo, el ex jugador Manolo Flores y con él, acababan de ganar la Recopa en Grenoble al Zalguiris (antes era con la “u” añadida) Kaunas y en definitiva, ellos tenían la ocasión de sentenciar en el último encuentro de estas semifinales, en el Palau Blaugrana, en su cancha. Y todo a pesar del handicap que arrastraban.

¿Cual? Pues que este tercer encuentro iba a transcurrir en un ambiente en exceso caldeado, tras las agresiones, escándalos y sanciones del segundo partido de semifinales. Tras la victoria inicial del F.C. Barcelona en el primer envite (90-86), igualado y lleno de tensión, en la segunda confrontación, en un forcejeo donde se soltaron los codos, se vieron envueltos Mike Davis nuevamente (¿recuerdan? el de la pelea con Iturriaga y Fernando Martín un año antes), con Josep María Margall. Davis le dio un puñetazo que Margall repelió con otro (eso sí, con diferente contundencia viendo los físicos), para apartar al estadounidense. La polémica quedaría como una más. Un forcejeo y como hubo puñetazos, dos expulsiones e inicialmente estaba previsto sancionar con dos partidos a Davis y con uno a Margall. Sin embargo, la situación fue ahondando en lo grotesco, cuando tras el partido, Mike Davis esperó la salida de los vestuarios de Margall para volver a agredir al alero internacional español. Inconcebible cuando había pasado una hora aproximadamente del la fricción en el parquet. ¿Resultado? En la cara del jugador de la Penya, un ojo morado y una brecha en la nariz. ¿Sanciones? Pues ejemplarizante para Mike Davis, queriéndolo así mostrar el Comité de competición, con 13 partidos nada menos, mientras que el “Matraco” fue sancionado con dos. “Me siento doblemente agredido” confesaba Margall al día siguiente, tras leer su sanción, pues consideraba que él era la víctima, que tan sólo repelió en la pista el puñetazo. Un acto que honró esa misma noche a Mike Davis, fue que pudiendo ver el vídeo, se echó las manos a la cabeza por su comportamiento imperdonable “Solamente yo tengo la culpa” declaró, y pidió a su amigo Mike Schultz, el americano del Ron Negrita Joventut, el teléfono de Margall para llamarle y disculparse. Disculpa que desde el jugador verdinegro, fueron aceptadas. El Comité de Apelación le quitó la sanción de partidos -al igual que a Davis se lo rebajaron a 11-, pudiendo disputar el tercer y definitivo choque (porque a todo esto, ganó el Joventut 82-66 el segundo capítulo de semifinales).

Mike Davis ya no interesaba a la directiva de su club. Para empezar, les había dejado cojos para el definitivo enfrentamiento de estas semifinales, al margen que, aún teniendo un año más de contrato, no se podían permitir el lujo de contar con un extranjero de los dos disponibles, sin su concurso, durante 13 enfrentamientos, que suponía casi la mitad de la liga regular. Ni el F.C. Barcelona ni nadie, pues ya ningún club español se interesó en ficharle con la lacra de su sanción…hasta que en Granollers, alguien leyó la letra pequeña de su sanción. En ella, dejaba claro que tras cinco temporadas, tal sanción habría prescrito. Por ello, fichó por el Grupo IFA justo transcurrido ese tiempo, para la campaña 89-90.

No empezó bien el encuentro para los azulgranas, no. Algún directivo se pasó de listo y arrendó el Palau para un acto de conciertos el mismo día de la celebración del tercer encuentro sin tener en cuenta que, por un casual, la semifinal pudiese alargarse a un tercer enfrentamiento. Lógicamente, tuvieron que aplazarlo 24 horas. Con la baja de Davis, el quinteto azulgrana estaba compuesto por Otis Howard, Juan de la Cruz, Epi, Sibilio y Solozábal. Por los verdinegros, la sorpresa la protagonizó Aíto García Reneses situando en pista como base titular al jovencísimo Rafael Jofresa (18 años), junto a Jordi Villacampa, Andrés Jiménez, Gerald Kazanowski y Mike Schultz.

Aíto sabía qué tenía entre manos, pues intentó hacer daño con triple poste (Jiménez más los dos norteamericanos) que llevaba utilizando a lo largo de toda la temporada. Jiménez aún no era un “3” en juego, sino que más bien buscaban esa opción de los tres postes en sus ataques. Jordi Villacampa comenzó espléndido el partido (16 puntos en los primeros 12 minutos de juego), forzando correr contragolpes, mientas que los azulgranas vieron como Juan Domingo de la Cruz, el pívot internacional que llevaba dos temporadas siendo hombre de banquillo, salía respondón con 5 puntos de los 8 primeros de su equipo. Lo que fueron primeros parciales igualados, comenzaron a convertirse en ligeras ventajas de los verdinegros, que oscilaban entre los 5 puntos. Mike Schultz comenzó ha forzar faltas y lanzar tiros libres, haciendo daño al igual que Kazanowski, desde el lado débil. Manolo Flores se refugiaba en una zona 2-3 durante los 20 primeros minutos del choque, entre otras cosas para proteger a sus interiores, con Nacho Solozábal a la altura de la bombilla realizando un sacrificado y físico trabajo de intentar molestar y defender al pívot verdinegro que tocaba ponerse en poste alto, para impedirle pasar con comodidad. Y luego, a correr en los ataques a “toda pastilla”, pues donde más ventajas se sacaban era corriendo.

Manolo Flores, para hacer descansar a sus dos únicos altos (hay que pensar, que por regla general, las plantillas de los más poderosos estaban formadas por un recambio en cada posición para la rotación: tres interiores, tres aleros y dos bases. Ocho, más el añadido de algunos juniors, eran el grueso de casi todos los clubes), sienta a Howard y sitúa a Chicho Sibilio oficiando como ala-pívot -algo que hizo ya en sus primeros años en España-, sacando desde el banquillo al escolta Pedro Ansa. Y curiosamente, los azulgranas reaccionaron, recortaron el 27-35 en contra que creó un nubarrón en el Palau. Y es que descuadraba que un teórico pívot lanzase triples y jugase tan desde el exterior. Los verdinegros, que en ningún momento renegaron del triple poste en la primera parte, se volcaron más en el tablero rival. El único cambio que efectuó Aíto, junto a un leve descanso de Jofresa (que jugó nada menos que 37 minutos) por Montero, fue el de Margall por Villacampa. El “Matraco”, por cierto, con su ojo morado y una tirita en la nariz tapando la brecha, fue enormemente abucheado en las gradas (donde apenas había afición verdinegra). Al descanso se llegó con 44-46 con una canasta en penetración de mucho mérito de Nacho Solozábal y todo por decidir en la segunda mitad.

En la segunda mitad, con Manolo Flores insistiendo en los cuatro pequeños más De la Cruz o Howard, utilizados indistintamente, cogen una delantera (55-50) que nunca habían tenido. Sin embargo, a partir de ese momento, comenzaron a perderse en lanzamientos exteriores desacertados, pases que se perdían, mientras que los verdinegros corrían, sacaban partido de Mike Schultz y Jiménez insistiendo aún más si cabe en el triple poste, y con un parcial de 15-1 lograron una amplia ventaja (56-65) ante el pavor del graderío, que no hacía más que ver fallar tiros libres a los suyos (vean la extrañísima estadística de Epi en este apartado, sobre todo si tenemos en cuenta que varios de esos intentos, fueron de fallar el primero en un 1+1). Se llegó a una máxima de 61-71, 10 puntos, que parecían ir decolorando el partido de verdinegro. Manolo Flores volvió con los dos pívots, pero en este caso puso en pista a dos bases, sacando a Arturo Seara junto a Solozábal, pues Aíto, tras la quinta falta personal de Villacampa, utilizó la misma estrategia, con Montero junto a Jofresa.

La presión de la historia…y del Palau

Las tornas defensivas cambiaron. F.C. Barcelona utilizó la individual más agresiva en la segunda parte, mientras que la Penya, sin dejar el hombre a hombre, digamos que cada vez “zoneaba” más. Y en ese dibujo táctico, alguien del temperamento y carácter ganador de Juan Antonio San Epifanio, que creándose tiros -como solamente él sabía hacer. Designado tres meses antes, el mejor jugador europeo de 1984, nombrado por la prestigiosa revista italiana “Giganti di Basket”-, fue reduciendo el marcador, cargando más el ambiente en el Palau, hasta llegar a empatar (79-79) y a falta de 2 minutos, incluso llegar a ponerse por delante (82-81).

A estas alturas, Jiménez, De la Cruz y Villacampa estaban eliminados por personales. Pero un triple en contragolpe de Margall, de los de quitar el hipo, volvió a poner a los verdinegros por delante (82-84). A los fallos en los tiros libres de Epi, se les sumó en estos últimos minutos Sibilio por los azulgranas y Montero por los verdinegros (éste, cosiguiendo al menos el primero en la serie de 1+1). Un excelso tapón de Schultz mantenía a los suyos por delante (85-87) ya en el último minuto. Con posesión azulgrana a falta de 36 segundos, nuevamente Epi logró una suspensión desde la línea de fondo y el empate a 87 a falta de 11 segundos.

Rafa Jofresa, buscando la sorpresa o quizás sin pensar en nada cuando vio un resquicio, se pegó la cabalgada por el campo y entró a canasta con más brío que consciencia. Chocó con Howard y Epi, señalando los árbitros (Sanchís y Pizarro) falta personal a este último, ante sus protestas. Restaban 3 segundos.

El junior de 18 años, jugador que había estado de rotación durante toda la temporada de un jovenzuelo Montero -éste con 20-, tenía en sus manos con un 1+1 (que así lo decretó Aíto desde la banda), y la machada de poder sentenciar a los barcelonistas. El chaval, entre el ambiente, la tensión y su inexperiencia, estaba hecho un auténtico flan. Nunca se había visto en una de estas. Y pasó lo que tenía que pasar: fallo el primer tiro libre y el balón al aire. Rechace que fue alto y bombeado. Sibilio cometió el error de acercase al aro para capturarlo. Y Gerald Kazanowski, aquel canadiense que tan frío dejó al aficionado verdinegro por su temporada (buen pasador, rápido y habilidoso, pero con poco sacrificio y juego físico en pista), desde el otro lado de la zona, corrió y capturó el balón, lanzó un gancho y anotó sobre la bocina final, otorgando así el pase a la finalísima al Joventut, en su mayor gloria hasta ese momento en el breve periplo que llevaba existiendo la ACB y resquebrajando así el “monopolio dominador” de Barcelona y Real Madrid.

El Joventut, estaba en la final liguera. Al igual que CAI Zaragoza un año antes en la Copa del Rey, escribían que el invento de la ACB daba pie a pensar en alternativas al éxito final.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO

FOTO 1: Andrés Jiménez intentando anotar a aro pasado ante Otis Howard y Sibilio

FOTO 2: Momento del segundo partido, en el que Howard tiene que sujetar a Mike Davis, tras su pelea con Margall.

FOTO 3: Mate del protagonista aquel día, Gerald Kazanowski

FOTO 4: Juan Antonio San Epifanio, a punto estuvo de clasificar a los suyos.