MOMENTOS ÉPICOS: “EL TRIPLE DE NACHO SOLOZÁBAL”

MOMENTOS ÉPICOS: “EL TRIPLE DE NACHO SOLOZÁBAL”

Antonio Rodríguez

Final Copa del Rey: F.C. Barcelona 84-83 Real Madrid (22.12.87)

Hay noches que quedan para el recuerdo. En la historia de una competición, siempre habrá jornadas destacadas. Y luego existen otras que directamente llevan magia inherente. Esas que a priori parecen ser citas destacadas, pero según se van viviendo, eres capaz de percibir y discernir que ese momento quedará para la historia por encima de otros, y lo más importante, para el recuerdo de todos. Este es uno de aquellos. Por ello, JORDI ESPIAGO nos hace la siguiente petición:

“El triple de Solozábal en la Copa del Rey de la temporada 87-88. Esa jugada quedará para la historia y permite que siga recordando a un gran profesional que no fue reconocido como merece. El tiempo ha hecho que se haga justicia”.

Estamos hablando de eventos que superan el ámbito deportivo y momentos (épicos) que construyen la historia de una televisión, de una sociedad. Nadie puede medir las audiencias de aquel “Un, dos, tres”, “Historias para no dormir” o los especiales navideños de “Martes y Trece”. Fueron abanderados de una televisión, porque iban de la mano de una sociedad que se explicaba a través de esos programas, que todos los compartían. Y así fue con el España-Malta, con la final de Wimbledon entre Nadal y Federer en una pista ya en penumbras, y así fue con este Real Madrid-Barcelona, condensado con el triple de Nacho Solozábal que nos ocupa y que quedó en nuestras retinas para la historia. Trascendencia más allá del deporte.

Tampoco es que fuese un día señalado con antelación. Tenía, eso sí, el glamour previo de ser un Barcelona-Real Madrid y una final de la Copa del Rey. Pero al fin y al cabo, era un martes, día laboral. Quizás la grandeza de ser día laboral y llegar a casa del trabajo y elegir el baloncesto en la tele, porque era lo que tocaba aquella noche, a las 20:30 exactamente, llevaba gran parte de sus condicionantes previos. Quizás, que fuese un 22 de Diciembre, inmersos en el ambiente navideño. Tan navideño como el de la Lotería de Navidad. Aquel día del “¿Qué has cantado? ¿Qué has cantado, mi niña?” que fue la comidilla por todos los rincones de nuestro país, al cantar la niña de San Ildefonso el premio gordo, por la inercia, como si fuese uno de la pedrea, en su soniquete de “ciento veinticinco miiiil pesetas” cuando la bola indicaba 250 milloncejos -de los de antes-. Ya ven, cosas que marcan a un país. Aderezado con el candor que dan las Navidades, cuyo sello queda más profundo.

¿Hablamos de sellos? Noches que no se olvidan. El periodista de la revista “Gigantes del basket” Ricardo M. Barranco lo cuenta: “Tras esa Copa del Rey, desde Valladolid tuvimos que volver a Madrid a la carrera, por la noche. El director, Paco Torres, quiso incluir lo antes posible la crónica y aquellas fotos. Y allá que nos vemos, el fotógrafo Juan Carlos Hidalgo y yo, en los servicios de una gasolinera, haciendo de cuarto oscuro, revelando las fotografías”. Las mismas fotografías que ahora veis en este artículo.

A esa final llegaron los dos mejores equipos. Por un lado, el Real Madrid, que perteneciendo al Grupo Par de la liga, estaba invicto tras la primera fase, con 14 victorias por ninguna derrota, en uno de los mejores inicios en la historia de la Liga Endesa (encadenó 15 victorias en el arranque). Y es que, estaban de enhorabuena. La cuarta posición en la aciaga temporada anterior, les había hecho reforzarse de forma más concienzuda. A Larry Spriggs le sustituyó Wendell Alexis, americano recomendado a Lolo Sáinz por su colega Mario Pesquera, que lo tuvo en el Fórum Filatélico la temporada anterior. Por otro lado, dejarían de tener a Juan Corbalán huérfano en la posición de base, recuperando del CAI Zaragoza a un hombre de la casa, José Luis Llorente, para alternar en el puesto. Y tras su fallido intento por jugar en la universidad de Pepperdine, Antonio Martín, el menor de los hermanos, regresaba al Real Madrid, tras recibir la universidad un télex, confesando que Martín en el club blanco, había sido profesional, lo que le imposibilitaba jugar en la NCAA. “No se me ha olvidado, aunque no me atosigue. Pepperdine apeló cuatro veces contra la decisión del jurado de la NCAA. Trabajaron muy duro para mí, y eso se lo agradeceré siempre”. La alegría se la llevó Lolo Sáinz, de poder contar con otro pívot, al que ya sí dio bastantes minutos, junto a Brad Branson y Fernando Romay. y en breves fechas previas al inicio del curso liguero, estalló la bomba, pues tras muchas negociaciones, Fernando Martín volvía a casa tras su aventura en la NBA. Regresaba al Real Madrid. Con lo que de un plumazo, los blancos volvían a tener el marchamo de favoritos.

F.C. Barcelona llegaba a Valladolid, a esta edición de la Copa del Rey, cabizbajo. Dos días antes, habían perdido en el Palau Blaugrana, ante Partizán Belgrado (84-88), su cuarto partido consecutivo en la liguilla final de Copa de Europa (que por primera vez, aglutinaba a 8 equipos. Los cuatro primeros, pasarían a Final Four). Tras cuatro años sin disputarla, en ese momento, aún no había conocido la victoria, claudicando en Tel Aviv ante el Maccabi, en Colonia ante el Saturn, y en su Palau, ante el Aris Salónica y la mencionada ante los yugoslavos. En liga, había sufrido tres derrotas, aunque es cierto que había tenido varias bajas, sobre todo la de su jugador más importante.

Audie Norris se había convertido en el americano más caro del baloncesto español. Sus 250.000 dólares de ficha (más 100.000 de transfer a la Benetton Treviso), supuso el mayor desembolso jamás ejecutado por la sección de baloncesto del club barcelonista y de todo nuestro baloncesto. Al igual que Fernando Martín, aterrizó en Europa procedente de los Blazers de Portland y tras jugar 7 minutos en la final de la Lliga Catalana, donde dio tiempo a maravillar por sus aptitudes, se lesionó -debió ser intervenido con artroscopias en ambas de sus maltrechas rodillas- y no debutó hasta la octava jornada (una después del de Fernando Martín), en un semivacío Palau Blaugrana -era jornada entre semana-, ante el Fórum Filatélico. Norris, jugador pretendido por el club blanco un año antes (quiso hacerse con los servicios de la pareja de la Benetton Treviso, Audie Norris y Dale Solomon, sin llegar a un acuerdo final), logró en 15 minutos, 17 puntos, el rebote ofensivo decisivo y los dos tiros libres que aseguraron la victoria (74-72) como carta de presentación. Más gordo de lo habitual, buscando más las fintas que la rapidez de sus acciones, sus movimientos eran sencillos y hábiles. Lo que nadie intuía es que, con esta final de la Copa, se fuese a inicial el mayor enfrentamiento individual en la historia de la ACB.

El partido no decepcionó desde el salto inicial. Con un ritmo muy vivo desde los primeros minutos, se anotaron las 7 primeras canastas sin fallo. Tan vivo y trepidante que en el minuto 5, el marcador señalaba un 17-12. Solozábal, Epi, Jiménez, McDowell y Norris por un lado, junto a Llorente, Biriukov, Alexis, Branson y Fernando Martín por otro, daban las primeras punzadas con hilo de seda. Y cualquiera lo diría, pues la exigencia física en ambos conjuntos, le colocaron en un umbral muy alto desde los primeros minutos y excepto algunas defensas zonales impuestas por Lolo Sáinz para preservar a sus jugadores en la acumulación de faltas, no se bajó en ningún momento.

Aíto García Reneses, desde los primeros minutos, buscó cargar el juego en la zona, justificando así el trío de hombres altos que dispuso en el quinteto titular, buscando el triple poste con lo que motivó que fuese terriblemente físico y siendo Epi quien más se beneficiaba, aprovechando todo tipo de bloqueos. En la primera acción del partido, ya Audie Norris dio pistas, recibiendo tras ganar la posición a Martín y con un bello rectificado en el aire, forzó falta personal a Branson, anotando la canasta. Por el Real Madrid, los primeros puntos llegaron de un acertado Wendell Alexis (16 puntos en la primera mitad), aprovechando el ritmo que José Luis Llorente (el mejor del equipo blanco en la final. Tan bien llegó a jugar, que Lolo Sáinz nunca vio oportuno sentarle por Juan Corbalán. Por los azulgranas, Nacho Solozábal también jugó todos los minutos). Fernando Martín enseñaba su fiereza bajo los aros, reboteando, tocando balones, anticipándose a los rivales e interceptando pases y la razón de por qué el año anterior, el equipo de sus amores le echó tanto de menos, ahora “pegándose” con Norris, ahora con McDowell.

El pabellón Pisuerga, escenario de esta Copa del Rey, intentando lucir instalación tras ser inaugurado un año antes, abarrotado de aficionados durante toda su edición, disfrutó de la celeridad e intensidad del juego (que visto con la distancia del tiempo, en unos momentos en la evolución del baloncesto en que ya se exigía un fuerte nivel defensivo y un ritmo tan rápido en ataque, es asombroso cómo aguantaban los jugadores con tan pocas rotaciones, siendo las faltas personales quien les obligaban a descansar). Las primeras -y únicas- ventajas destacables, las tuvo el Real Madrid, cogiendo un 33-40 tras un parcial de 9-0. José Luis Llorente fue el artífice, forzando a jugar a contragolpes esos minutos, muy bien corridos por Biriukov y Alexis. Y tales rentas fueron disminuidas gracias a “Chicho” Sibilio, que entró en pista acertadísimo, en el intento de Aíto por descongestionar la pintura que atacaba. Cuatro triples en el encuentro con su defensor delante. Qué facilidad mostraba. Dos tapones consecutivos de Fernando Romay a Norris, desesperaron al estadounidense de Jacksonville y al banquillo azulgrana, que fueron sancionados con una falta técnica. Así, se llegó al descanso con 42-46 para el Real Madrid.

En la reanudación, la primera canasta fue de Audie Norris tras ¡tres fintas! a Romay, para que no le sucediese lo mismo de la acción anterior. Con tal brillantez se inició, se igualó la contienda y así se mantuvo al resto de los minutos. José Biriukov (elegido el mejor jugador de esta edición de la Copa, tras anotar 20 puntos en cuartos ante el CAI Zaragoza, 31 al Ram Joventut y 20 en esta final), era quien daba el toque de calidad para mantener la igualdad, ante los impulsos rivales de Epi y Sibilio. El encuentro cada vez era más difícil de arbitrar. La lucha entre los pívots ya rozaba unos límites -golpe con sangre para Audie Norris, por un codazo involuntario de Romay-, que los árbitros no querían rebasar. Y era todo lo contrario. Lo de Fernando Martín frente a Norris superaba cualquier otra cosa que habíamos visto en nuestras pistas y el colegiado León Arencibia les tuvo que advertir en más de una ocasión. Sin embargo, no sancionaba, pues era lucha por la posición, con ambos jugadores sin balón. Así se entró en los últimos minutos con Romay, Martín, Branson, Norris y Jiménez, con 4 faltas personales.

En una apurada jugada de los hombres de Lolo Sáinz (que no ganaba para sufrimientos, pues ganaron los partidos de cuartos y semifinales de manera muy ajustada, llegando incluso a tener peligrosas desventajas en semifinales ante el Joventut), ve cómo Fernando Martín anota un triple, algo impensable, cuando se acababa la posesión a falta de 01:43 para el final, dejando el marcador a favor de los blancos (79-83). Y bien que lo celebró el banquillo. Nacho Solozábal -otro que era impensable que aún le quedasen fuerzas. Pues le quedaban, le quedaban-, anota una suspensión y acorta las diferencias: 81-83. A estas alturas, todo un país estaba delante del televisor, poniendo sus ojos en Valladolid (recuerden que solamente había dos cadenas).

El Real Madrid ataca y aquí donde pudo venir una de las jugadas claves del enfrentamiento. Fernando Martín es objeto de falta personal, a falta de 01:06 y Lolo desde el banquillo, decide que sus jugadores saquen de banda, en vez de jugarse el 1+1 con Martín y poder ampliar la diferencia. En la jugada, nuevamente apurada, Fernando Romay recibe a cuatro metros y en su intento de evolucionar hasta el aro, comete falta en ataque. Restan 38 segundos.

En la posesión azulgrana y dos puntos por debajo, la buena defensa blanca deja sin opciones a los tiradores y es Solozábal quien decide entrar a canasta, siendo Biriukov quien en la ayuda, comete falta personal sobre él, a pesar del lamento de Llorente, su defensor (y el grafismo televisivo le “culpó” con la falta, cuando no era). Restaban 11 segundos y Aíto también decide que se sacaba de banda, para una última jugada.

La estrategia para este tiro postrero, era para Epi o Sibilio. El primero cortó por la línea de fondo, para volver por sus propios pasos a la esquina inicial, donde permaneció. En ese momento, Sibilio, el otro gran candidato, salta desde la zona, aprovechando el bloqueo -enorme bloqueo- de Norris, hacia fuera de la línea de 6,25 para recibir. Cuando lo hizo, restaban 5 segundos. Como se puede ver en las imágenes , Fernando Martín también saltó en su búsqueda, acompañando a su compañero Alexis en un dos contra uno al presunto ejecutor del partido. Así, dejó solo a Audie Norris bajo el aro. Llorente, consciente de la circunstancia, marcó por delante a Norris durante unas décimas de segundo. Suficientes.

Inesperadamente, Sibilio finta, da un bote y ve totalmente abierto y solo a Solozábal. Le pasa el balón. Cuando se levanta para ejecutar el triple, Llorente corre desesperado a puntearle. Unas décimas tarde. El pabellón se heló en ese momento, pues el tiempo se paró. Todos divisaron la trayectoria de aquel tiro. Y entró. Y formó parte de la historia

La explosión de júbilo fue tremenda. Todos los jugadores del F.C. Barcelona se fueron a abrazar a su salvador. Se habían adjudicado la Copa del Rey más dulce. En la otra punta de la pista, José Luis Llorente, de rodillas en el suelo y ocultándose la cara contra los brazos y el parquet, lloraba desconsoladamente, mientras su rival de fatigas era alzado como los toreros. La cara y la cruz del deporte. Extremos llevados por la tensión y la belleza intrínseca de este juego.

Desde ese día, uno puede hablar de “el triple de Solozábal” y todos, todos, sabrán a qué nos referimos. Imágenes que marcan una época, una generación. Cuentos de Navidad, historias para completar “la Biblia” de la Liga Endesa.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO

FOTO 1: Nacho Solozábal alzado por sus compañeros tras lograr el triple de la victoria.

FOTO 2: Nacho Solozábal dirigiendo el juego de sus compañeros.

FOTO 3: El estadounidense del Real Madrid, Wendell Alexis, anotando una canasta mientras pierde el equilibrio. Excelente partido que se marcó, con 22 puntos.

FOTO 4: El añorado Fernando Martín, lanzando a canasta. Con 19 puntos y 9 rebotes, fue de los jugadores más destacados entre los blancos.

FOTO 5: La historia de la Liga Endesa se sostiene en cimientos de acciones como ésta: Audie Norris y Fernando Martín.

FOTO 6: Un momento para la historia: el triple.

FOTO 7: Celebración del F.C. Barcelona en los vestuarios.