MOMENTOS ÉPICOS: EL ASALTO DE LOS “ENANOS”.

MOMENTOS ÉPICOS: EL ASALTO DE LOS “ENANOS”.

Antonio Rodríguez

Temporada 85/86. J.09: Real Madrid 86-93 Cacaolat Granollers (09.11.85)

David contra Goliat. El poder establecido frente a un grupo de…sí, enanos. ¿Por qué no decirlo? Un quinteto donde nadie superaba los dos metros de estatura, sin apenas rotaciones, asaltaron la Casa Blanca. El pabellón del Real Madrid inexpugnable fue tomado por este pequeño tropel. Cacaolat Granollers se denominaban. Y aquella noche quedó para la historia.

Se llamaba Roger Phegley y era el nuevo americano para la plantilla del Cacaolat. Tras no cristalizar el fichaje del veterano ex NBA Glen Gondrezick, Phlegley aterrizó en el aeropuerto del Prat ataviado con numerosas maletas, junto a su esposa e hijo, respondiendo a los periodistas de sus ambiciones en la liga española. Y se dirigieron a Granollers. Cuando llegaron a la ciudad, antes enviar a la familia a conocer su nueva vivienda, se pasaron por el pabellón donde el equipo estaba entrenando. El viejo pabellón, aquel que tenía cabida para 1500 espectadores tan sólo, repleto de asientos supletorios en días de partido, a la espera que el nuevo de Las Franqueses estuviese terminado (acabaron la temporada en él). Y tras esa travesía algo sucedió, que nervioso y casi aturdido, le comenta a Antonio Novoa, presidente del club, que no, que no se queda. Que si se había trasladado a Barcelona era para comunicar que rechazaba la oferta del club. Imaginen las caras. Que según su esposa, prefería Niza, donde habían estado viviendo estos últimos años y tenían amigos, permaneciendo en la liga francesa.

Así comenzó la pretemporada de Cacaolat Granollers en aquel verano del 85. Efectivamente, el pabellón era pequeño, viejo y poco atractivo para la vista. ¿Para provocar esa reacción en la familia Phegley? Lo que ellos no vieron era cómo se “vestía” el día de partido. Hacía un frío que pelaba, eso sí. Pero ver las evoluciones de Joan Creus corriendo arriba y abajo por la pista, el identificativo ruido de las carracas en la grada y aquello, envolvía una atmósfera de baloncesto inigualable.

Chus Codina contaba con una plantilla corta aquel año. A la espera de la nacionalización española del pívot de 2.08 Matt White (esperando pasaporte junto a Nate Davis y Steve Trumbo, que no llegaron en toda la temporada) estadounidense que ya militó en el Naútico tinerfeño años antes, Joan Creus, Juan Ramón Fernández y Xabi Mendiburu era el núcleo nacional, junto al alero Francisco Dosaula y dos chavales de 19 que apenas tenían trascendencia, el alero Josep Pujolrás y el base Angel Farré. Un bloque de 6 jugadores, más un séptimo por nacionalizar, más dos juniors (por aquel entonces, se era aún junior con 19 años, pues existía la desaparecida hoy categoría del juvenil, que abarcaba 16-17 años), era todo el plantel con el que contaba Codina. Por eso, había que hilar muy fino y acertar con los americanos. A lo que el entrenador madrileño no estaba dispuesto, era a sustituir a ambos (algo muy poco habitual en la época), como había sucedido en la campaña anterior, por bajo rendimiento.

Llega a Barcelona el pivot Cozell McQueen, con sus 2.10 de estatura. A la no incorporación de White por los motivos ya comentados, Codina necesitaba un armario defensivo. Y el campeón universitario McQueen, pívot titular del North Carolina State de Jim Valvano -que propició la mayor sorpresa de la historia del baloncesto NCAA-, fue la opción. El segundo americano, llegado días más tarde, era un joven de 21 años llamado Charles Bradley (este no se “fugó”), alero zurdo que resultó ser toda una ametralladora.

Se disputa la Lliga Catalana antes del inicio de la ACB y que Cozell McQueen se perfila como un tío raro, que no tiene la más mínima intención de involucrarse con sus compañeros, siempre apartado y además, por lo mostrado en pista, aunque sus números reboteadores eran descomunales, no la metía ni en una piscina. Y de sus puntos, los vallesanos necesitarían. Así que se decide darle la baja y a la carrera, pues participaban en Copa Korac aquel año y había que inscribir una lista de jugadores -que era inamovible por aquel entonces-, se contacta con el agente Miguel Ángel Paniagua a la búsqueda de un yankee nuevo. 48 horas después, al fin, un estadounidense conocido, que estaba rondando España tras apalabrar contactos con el Lliria, de 1ª B, muy buen chico, el ex españolista Victor Anger, firmaba con los de Granollers. Cacaolat. Al fin, tenían la plantilla cerrada.

De las primeras jornadas del grupo impar (recuerden, que en la liga de 16 equipos, se dividía inicialmente en dos grupos, Grupo Par y Grupo Impar, catalogándoles según puesto en la clasificación la temporada anterior), Cacaolat se vio las caras con el Real Madrid en casa (derrota 90-101 en la 2ª jornada) y de no mediar un triple final fallado por Joan Creus, sobre la bocina, esta historia hubiese tratado de un Cacaolat-Barcelona de la 5ª jornada (derrota 97-98), pues a un trepidante y espléndido encuentro, los vallesanos a punto estuvieron de llevarse la victoria con ¡cinco jugadores! No hicieron cambios y los titulares se mantuvieron los 40 minutos en pista.

Cacaolat ganó al Magia Huesca (dos veces), en Ferrol al Clesa, en Madrid al Estudiantes, al Fórum Filatélico en casa y se mostraban sólidos, a pesar de contar con tan pocos efectivos y simultanear con Copa Korac. Al menos no había lesionados…en la pista. Porque la única baja, curiosa baja, vino del entrenador: Jesús Codina debió operarse del tendón de Aquiles, con lo que algunos partidos tuvieron que ser dirigidos por su segundo, Guillermo Eldracher, y cuando a las pocas fechas se reincorporó, dirigía los partidos desde una silla de ruedas, en la que estaba postrado.

Y un sábado por la tarde se presentaron en Madrid. La Ciudad Deportiva que, exceptuando la derrota que el Real Madrid sufrió a manos de Estudiantes (88-89), los otros tres partidos los había solventado por una diferencia de 36.3 puntos de promedio (F.C. Barcelona, Clesa Ferrol y Cajamadrid, habían sido los rivales), se mantenían inaccesibles. Y llegan los vallesanos con el siguiente quinteto:

Joan Creus: Base. 1,76

Charles Bradley: Escolta 1,98

Juan Ramón Fernández: Alero 1,94

Xabi Mendiburu: Pívot 2,00

Victor Anger: Pívot 2,02*

Anger, con asterisco. En realidad no superaba los dos metros, pero había que alargar un poco más la estatura si se quería vivir en Europa. Cacaolat llega con un quinteto donde ninguno de sus jugadores supera los dos metros. Aunque Lolo Sáinz también era parco en recambios y sustituciones, evalúen los pívots blancos con los que tuvieron que toparse los protagonistas de esta historia.

El encuentro fue carne de carrusel radiofónico, pues la televisión aquel sábado por la tarde, estaba concentrado en el Nou Camp, en un nuevo capítulo Barcelona-Real Madrid que levantaba pasiones y tenía pendiente a todo el país. Y el Cacaolat, inicialmente en defensa individual, debe pasar a la zona por su escasez de efectivos y asegurar el rebote defensivo. A pesar del desacierto de Charles Bradley en el lanzamiento triple (24 puntos de promedio), en este día se estrelló con 1/5, se mantuvo igualdad, con escasos márgenes blancos, para llegar al descanso con un tirón final de los catalanes e irse al descanso con 44-49 a favor merced a algunos contragolpes.

En la segunda mitad, Cacaolat utiliza la estrategia del cinco contra cinco, optimizando sus ataques en tiros cómodos, donde Joan Creus, siempre Creus, encontraba el tiro en suspensión abierto o pasar a Victor Anger, inconmensurable ante las torres blancas (26 puntos, 11/13 en tiros de campo), que por su movilidad, superaba en uno contra uno a cualquier rival, hasta llegar a desesperar a Fernando Martín. Era asombroso cómo el mago Xabi Mendiburu podía lanzar delante de Romay en el poste (16 puntos, en 8/12 en tiros de campo), o cómo Bradley decidía entrar a canasta para ayudar a los suyos, al margen de ayudar en el rebote como el que más.

Las ventaja del Cacaolat se incrementan, llegan a los 14 puntos en el minuto 10 (61-75), que se iban manteniendo para frustración de Lolo Sáinz en la banda, que veía cómo no era capaz de detener los ataques vallesanos cuando los blancos anotaban, más sonoros sus gritos incluso, por el silencio reinante en el pabellón. De hecho, el equipo que parecía estar tocado por una varita aquella noche (71-85 a falta de 5 minutos), como es lógico, comenzó a ver sus fuerzas mermadas, por primera vez le entraron prisas por zanjar el enfrentamiento y el Real Madrid aprovechó par lanzarse a tumba abierta en contragolpes que sí tenían éxito y reviviendo las ilusiones muertas de sus aficionados. Joan Creus, finalmente atemperó los ánimos, tranquilizó a los suyos y dejaron pasar los últimos minutos, agotando posesiones y llegando al final con el definitivo 86-93.

Como es lógico, aquel Cacaolat según fue transcurriendo el calendario, fue decayendo poco a poco, pero siempre manteniendo un nivel que, viendo los recursos físicos con los que contaban y el número de efectivos, parecía milagroso. Matt White (jugador que falleció hace unos meses de… existe Google), pudo llenar un álbum completo de alineaciones del Cacaolat y él de paisano, entre sus compañeros. Curiosamente, ambos equipos volvieron a verse las caras en los cuartos de final, donde el Real Madrid siguió su camino hasta el título liguero -tras ganar la Copa del Rey-. Pero sí es cierto, que aquel Cacaolat, más que nunca, conjugaba la inteligencia sobre una pista de baloncesto, así como la frescura y la actividad que dieron sus dos americanos, como para disfrutar de ellos a cada jornada. Y lo que es el deporte: cuando a la temporada siguiente, fueron de los conjuntos que más se reforzaron, su imagen empeoró ostensiblemente. Por ello, nos quedamos con aquella tarde-noche mágica en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, un 9 de Noviembre de 1985 donde pudieron culminar una sublimación maravillosa de todas las virtudes que deben imperar en este nuestro deporte. Y es que con Joan Creus liderando, no se podía esperar otra cosa.

ESTADÍSTICAS DE PARTIDO

FOTO 1: Charles Bradley capturando un rebote ante la mirada de Linton Townes.

FOTO 2: Victor Anger intentando anotar ante la oposición de Wayne Robinson.

FOTO 3: José Biriukov, autor de 13 puntos en el partido.

FOTO 4: Victor Anger intimidando en la entrada de Biriukov.

FOTO 5: El verdadero artífice de la victoria vallesana, Joan Creus, con 21 puntos y 6 asistencias.