MOMENTOS ÉPICOS: LA COPA DEL REY DE DRAZEN PETROVIC

MOMENTOS ÉPICOS: LA COPA DEL REY DE DRAZEN PETROVIC

Antonio Rodríguez

REAL MADRID - F.C. BARCELONA. Final Copa del Rey A Coruña (17.11.1988)

Entre el Real Madrid, F.C. Barcelona y Drazen Petrovic, medió una llamada de teléfono. Todo hubiese cambiado si no hubiese habido una llamada desde Barcelona a Puerto Real, donde se estaba celebrando el torneo “Memorial Héctor Quiroga”. En Septiembre de 1986, el propio presidente José Luis Núñez llamó a los miembros de la directiva azulgrana allí desplazados con el equipo, Salvador Alemany y Antón Parera, solicitando que parasen las negociaciones del fichaje por Drazen Petrovic. Lo que estaba más que ultimado, se detuvo, supuestamente por dudas de Aíto García Reneses para contar con el jugador croata, al margen de los dos años de espera para poder recalar en sus filas. Mirko Novosel, entrenador del genio de Sibenik y mediador del traspaso, visiblemente enfadado, aceptó la demora a cambio de libertad para negociar con cualquier otro equipo. La siguiente cita, mes y medio después, se pactó para la visita de la Cibona de Zagreb a la Ciudad Condal, enfrentándose al club azulgrana en la final de la Supercopa de Europa. Allí, quien movió ficha y de manera urgente, fue Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, que mandó una expedición para firmar al jugador lo antes posible y acabara posando con una bufanda madridista (era la única prenda que encontraron del club blanco en Barcelona), para la revista “Gigantes del basket”. Su apuesta fue como un bombazo en nuestro baloncesto.

Trece días después de la final olímpica de Seúl’88, donde Drazen Petrovic se colgó la medalla de plata, la ACB en su temporada 88-89, daba el pistoletazo de salida, con la gran novedad para la competición que este genio de las pistas, estaría en las nuestras, vistiendo la elástica del Real Madrid. Y el calendario para los madridistas les esperaba cargado, puesto que sin apenas descanso entre competición de selecciones y de clubs, tuvieron que comprimirlo aún más, buscando fechas intersemanales y huecos, para disputar una de las mayores joyas que el Real Madrid como club ha disputado: el Open McDonald’s en su ciudad, nada más y nada menos que ante los Boston Celtics. Aquellos Boston Celtics.

Llegamos a la Copa del Rey. A las eliminatorias previas que condensaban aún más de partidos aquellas fechas, con tan sólo 6 jornadas disputadas a esas alturas, con los dos entrenadores pregonando su “esta Copa nos viene a destiempo”, Vigo, Lugo, Santiago, Ourense, Ferrol y A Coruña, acogerían esta nueva y muy madrugadora edición, la más temprana de todas las fases finales en la historia de la Liga Endesa. Mientras los jugadores entrenados por Lolo Sáinz, derrotaron al Magia Huesca y al Ram Joventut, los de Aíto García Reneses superaron al Fórum Filatélico vallisoletano y al CAI Zaragoza, para encontrarse por primera vez en la temporada, en esta finalísima de la Copa. La primera cita del triángulo Real Madrid, F.C. Barcelona y Drazen Petrovic.

Lesionados “Chicho” Sibilio por un problema en la córnea de uno de sus ojos y Steve Trumbo con problemas musculares, así como Antonio Martín por un esguince de tobillo, Granville Waiters, Audie Norris, Andrés Jiménez, Juan Antonio San Epifanio y Nacho Solozábal por un lado, y Fernando Martín, Fernando Romay, Johnny Rogers, José Biriukov y Drazen Petrovic por el otro, comenzaron la gran final de Copa.

Inicialmente se podía ver lo que los analistas habían desgranado de las apenas 6 jornadas disputadas: más solidez defensiva en los azulgranas, más conocimiento entre ellos -realmente, su único cambio destacable respecto a la anterior temporada fue Waiters-, mientras que el Real Madrid empujaba en ataque, su gran baza, pero no estaba muy fino en defensa -ni Petrovic ni Johnny Rogers eran destacados hombres en tal materia- y les faltaba el contragolpe que el control de Drazen sobre el juego, les impedía.

Con un parcial de 0-10, F.C. Barcelona tomó la delantera 4-10, con su juego de triple poste y Andrés Jiménez haciendo mucho daño a Rogers en poste bajo, mientras que Drazen Petrovic podía superar en uno contra uno a Solozábal, el hombre encargado de marcarle, algo que ya el base había hecho con relativo éxito en ocasiones anteriores.

Estos encuentros en aquellos años, estaban cargados de mucho ritmo, buscando el acierto ofensivo para derrotar al contrario, que lo complementaba el esfuerzo defensivo, pero no al revés. Y Epi era el hombre que destacaba, con 16 puntos al descanso, y 5/5 en tiros de campo. Petrovic (15 en los primeros 20 minutos) cargó de faltas primero a Solozábal, luego a Costa y no fallaba en el tiro libre, al que iba una y otra vez. Situó a los blancos por primera vez por delante tras el primer parcial, con 34-33, con un golpe fortuito incluido, que le partió el labio inferior. Y es que, junto a él, comenzó a tener una compañía inesperada según iban transcurriendo los minutos. Ni la lucha de Biriukov, ni el duelo de uno contra uno siempre espectacular de Fernando Martín contra Norris, desnivelaban. Quien ayudó a que los blancos luchasen en el electrónico fue el estadounidense Johnny Rogers.

Rogers, alero de 2.08 fichado para aquella temporada, había tenido una actuación muy discreta hasta entonces. Pocos puntos y muchas críticas en la prensa, que le arrancó al bueno de Johnny unas declaraciones en la época tales como “de España me gusta todo, menos los medios de comunicación”. Ex profesional de Sacramento Kings y Cleveland Cavaliers, lo que en teoría debía ser el “anti-Jiménez” (los “anti”, muy etiquetados esos días), pues si no era capaz de sujetarlo en defensa, sí le contrarrestó con gran acierto en suspensiones, con 14 puntos en la primera mitad, infalible por momentos y siendo la gran tortura tanto del propio Jiménez como de Xavi Crespo. Aún así, los azulgranas se fueron al descanso con 43-48, puesto que tenían más anotadores diversificados, Norris y Jiménez haciendo mucho daño dentro, Costa acertado también en ataque y todos, bajo la sombra del gran Juan Antonio San Epifanio.

El inicio de la segunda mitad fue el momento que con un ritmo definido, iluminó más a los ganadores. José Luis Llorente fue providencial para el Real Madrid, acelerando las aciones e los suyos, sacando partido de tal velocidad e incrementando en un par de muescas los esfuerzos y la tensión defensiva. Hasta el punto que tras un parcial de 7-0 (situando el 50-48 a favor de los de Lolo Sáinz), Aíto García Reneses tiene que solicitar tiempo muerto a los 3 minutos de la reanudación. Drazen Petrovic era cuando menos protagonismo demandaba, pero cuando más daño le hizo el colectivo blanco.

El partido llega a momentos de incertidumbre, a los 4-5 puntos de ventaja para el Real Madrid, que con un buen gancho de Romay y una canasta más tiro adicional de Llorente, sitúan el 59-51 a falta de 14 minutos. Al F.C. Barcelona el falta fuelle y brújula. Entre otras razones, Epi logró sus primeros puntos en la segunda mitad, a falta de 05:20 para el final. Tras robo, un triple de Drazen Petrovic en carrera, muy habituales en él, sigue incrementando ventajas (69-64), mientras que Audie Norris observa estos minutos claves en el banquillo. Los azulgranas desdibujados, perdidos en ataque, se ven incapaces de contener a un Real Madrid que se ven lanzados. Un triple de José Luis Llorente tras asistencia de Petrovic, va decantando el lado de la final, con un 81-69 para los blancos.

Y se entra en esos minutos donde se tiñe el partido de histórico, donde Drazen Petrovic comienza a “oler” su primer título oficial en España, donde empiezan a desmantelar ese dominio azulgrana de los dos últimos años en aquella competición. Empieza a amasar el balón -a veces en exceso-, a ser objeto de faltas para amarrar esa diferencia, hasta que llegaron los momentos finales. Los azulgranas ven su hegemonía desaparecer, incluso con mala suerte. Tras dos tiros libres fallados por Solozábal consecutivos (algo muy inhabitual en él), el balón sigue estando en posesión para el Barcelona, y Audie Norris falló un mate totalmente solo que le postergaba para posteriores ediciones, porque esa tarde-noche no tocaba. Ese día era para el Real Madrid. Ese día era para Drazen Petrovic y sus compañeros, alzándose con el trofeo de campeones de la Copa del Rey tres temporadas después, por 85-81.

Aquello fue el inicio del 5-0 del Real Madrid (cinco victorias consecutivas de los blancos a los azulgranas en aquella campaña), aquello de la “bula arbitral” de Petrovic y todas las polémicas que llegaron a continuación. En aquella tarde coruñesa, se dio uno de los momentos señalados en la historia de nuestra competición. El primer título de un genio de la canasta con el Real Madrid.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO