LA CANASTA DE KENNY SIMPSON QUE VALIÓ UN TÍTULO

LA CANASTA DE KENNY SIMPSON QUE VALIÓ UN TÍTULO

Antonio Rodríguez

Final ACB 86-87: 4º partido Ron Negrita Joventut 99-101 F.C. Barcelona (25.04.87)

Fue un verano en el que parecía que se tiraba la casa por la ventana. Tras los últimos ecos y la resaca del Mundobasket de España’86, los equipos decidieron reforzarse con americanos cuyos sueldos eran impensables hasta hacía bien poco, unido eso sí, a una calidad contrastada. Los 160.000 $ que cobraba Brad Branson, el nuevo pívot tejano del Real Madrid, eran la mayor ficha (cuando el dólar equivalía a 1.1 euro de hoy, aproximadamente. Unas 180 de las antiguas pesetas). Y por la puerta de atrás, en último lugar, se encontraba el nuevo americano del F.C. Barcelona, Kenny Simpson, con tan sólo 30.000 $.

Los azulgranas gastaron sus dineros en dinamitar el mercado nacional. A su plantilla con Solozábal, Epi, Sibilio, Steve Trumbo (que ya pudo jugar como nacional, aunque fuese en liga), Juan de La Cruz y los dos extranjeros de rigor, volvieron a recuperar al base internacional Quim Costa del descendido Círculo Católico (o Licor 43, según rezaba la publicidad) y añadieron el fichaje de Andres Jiménez del Joventut de Badalona, logrando así no solamente reforzarse como el mejor equipo en calidad y profundidad de banquillo, sino debilitar a su vecino rival y uno de los contendientes al título. Para mayor suerte en el destino azulgrana, el Real Madrid había perdido en aquel verano a Fernando Martín, rumbo a la NBA, al que siguió su hermano Antonio, directo a la universidad de Pepperdine.

Aíto García Reneses tenía absolutamente de todo. Junto al fichaje de Wallace Bryant, pívot de 2.13 y con caché europeo (campeón de Europa con Cantú en 1982, que le valió su vuelta a la NBA), se decantó por Kenny Simpson, pues tras verlo en un combinado estadounidense de los que hacían “bolos” por el viejo continente en busca de algún contrato, le gustó su interminables brazos, sus condiciones físicas y su excelsa intensidad defensiva en un tipo de 1.92, escolta, que bien podía defender bases. Que fuera casi a precio de saldo, era lo de menos.

Kenny Simpson era un tipo peculiar. Hay mil anécdotas que en Manresa pueden hablar de él. Pero era justo lo que necesitaba Aíto, que como bien decía, con él en la parte superior de su defensa zonal 2-3, “aquello era más una 3-3”. Sus movimientos electrizantes y canastas inverosímiles comenzaron a calar en el aficionado español, lo que le valió ser portada de la revista “Gigantes del basket” en uno de sus números. Kenny Simpson se hizo con todas las revistas que pudo, comprando todas en los kioscos con los que se topaba, para mandarlas a su tierra y que las vieran en su barrio.

Pues llegados al punto de la final ACB, tras la disputa de los dos primeros choques en el Palau Blau Grana, el primero con prórroga incluida (104-97) y el segundo mucho más cómodo para los jugadores de Aíto (90-72, sentenciándolo prácticamente con una salida en tromba, que les llegó a situar en un mareante 45-17), se llegó a Badalona con el ambiente muy caldeado. Las declaraciones de un muy joven Alfred Julbe, entrenador del Ron Negrita Joventut con 26 años, sobre los perjuicios que había sufrido su equipo en el segundo partido por parte de un árbitro en particular, Álvaro Herrera, trascendían en la cancha (la “Penya”, tras su horrible inicio, pudo recuperar con un parcial de 0-16). En este tercer match, un gran partido de Margall (25 puntos) y sobre todo de Reggie Johnson (24 puntos, 23.3 de promedio en la serie final), paliando la ausencia por faltas de Jordi Villacampa (en el minuto 6 cometió su 3ª falta), lograron salvar le primer match ball (98-95) tras ir por detrás en el marcador casi todo el envite, dejando la eliminatoria en 2-1 y a la espera de las siguientes 48 horas.

Y nos presentamos en la cuarta confrontación, donde los árbitros Fajardo y Pizarro no tenían intención que se les escapase el partido de las manos y fueron muy rigurosos en todas las acciones en los primeros minutos. Epi, Montero, Quim y Rafa Jofresa se cargaron muy rápidamente de faltas personales. Los azulgranas (que salieron con la novedad inicial de Costa en lugar de Solozábal, junto a Sibilio, Epi, Andrés Jiménez y Wallace Bryant), volvieron a marcar diferencias desde los primeros minutos, mientras que el Joventut (con su quinteto base de Montero, Villacampa, Margall, Reggie Johnson y Mike Schultz), acortaron distancias al descanso (51-55), gracias a que Schultz, esta vez sí, estuvo acertado como en ningún partido de la final.

A un ritmo trepidante, con magníficas acciones de Andrés Jiménez (aún jugando de ala-pívot) en su duelo con Johnson, al que nos empeñamos en llamar Reginald en vez de Reggie (es como decir Lawrence Bird en vez de Larry. Éramos así), se vio baloncesto de muchos quilates. El ala-pívot de la “Penya”, que venía con un anillo como campeón de la NBA con los Sixers en 1983, dio muestras de lo que él sea autodefinía como “el basurero”: no solamente fue el que nunca bajase de 20 puntos en ninguno de los partidos de la final, sino que pocas veces hemos visto a un tipo con tal instinto de rebote de ataque. Promedió en esta final ¡5.2 rebotes ofensivos!, que es una auténtica locura. El Ron Negrita Joventut, mucho más corto de efectivos (contaba con su quinteto titular, más Rafa Jofresa, un muy joven aún Xavi Crespo con poco protagonismo, seguido por todos los juniors), vio cómo sus jugadores iban cayendo por cinco faltas. Rafa Jofresa y José Montero se fueron al banquillo a falta de 9 minutos para el final. Y tuvo Julbe que colocar en pista al junior Sergi López, que no había disputado un sólo segundo en toda la final, para jugarse el titulo.

Y a todo esto, Kenny Simpson, que al margen de su gran labor defensiva, hacía un partido en ataque “por su cuenta”, cosechando una actuación horrorosa. 3/9 en tiros de campo en los primeros 34 minutos de juego, en una sinfonía de tiros forzados, suspensiones -de curiosa mecánica, siendo zurdo y sacando el balón desde muy atrás-, sin criterio alguno, estaban siendo su carta de presentación aquel día bueno de Kenny.

Bien, pues debiendo saltar a pista tras la quinta personal de Epi, muy cargado por su lucha encarnizada frente a Jordi Villacampa, Simpson, el americano más barato de toda la competición de lejos, fue capaz de anotar en los últimos 6 minutos ¡7 canastas consecutivas!, sin fallo: suspensiones cortas, entradas a canastas, contragolpes. De repente se transformó en el Superman para Aíto, que mantenía el choque igualado ante un gran acierto en el triple de los verdinegros, que se resistían a morir en casa aquella temporada.

Y en la última jugada, con empate a 99, tras elegir los azulgranas sacar de banda (tras una falta personal, se tenía opción de lanzar tiros libres en su modalidad 1+1, o sacar desde la línea lateral), en una jugada ensayada para Chicho Sibilio, éste se vio sobremarcado a falta de 4 segundos y pasó para atrás el balón, casi sin mirar, a Kenny Simpson, que se arrancó entrando a canasta, yéndose hacia un lado, y ante la fuerte oposición de un rival, hizo un escorzo para rectificar en el aire de la manera más equilibrada posible, y lanzar una suspensión a una mano sobre la bocina final, que acabó entrando y valió un título al F.C. Barcelona. El estallido de júbilo de los azulgranas fue notorio, así como los abrazos en el centro de la cancha. Con esa canasta, con ese título, el equipo entrenado por Aíto García Reneses, lograba así Copa del Rey, Copa Korac y la Liga. Fue la primera gran, gran plantilla en la historia de la Liga Endesa, cuando oímos y vimos por primera vez el concepto de “rotaciones” en baloncesto. Todo aquello, refrendado y ultimado con aquella canasta de ese tipo tan peculiar llamado Kenny Simpson, que dio gloria a los blaugranas en aquella temporada 86-87.