Joan Pagés: El 'factor diferencial' del Magia

Joan Pagés: El 'factor diferencial' del Magia
Pagés now

Javier Ortiz Pérez

En los 80 lo normal era que las dos únicas plazas de extranjero que se permitían las ocupasen dos pívots norteamericanos. La ley se la saltaban, a veces, los 'grandes', que capitalizaban los interiores nacionales importantes... y el Magia de Huesca, el Peñas. Lo pudo hacer durante varios años gracias al acierto en la incorporación deJoan Pagés, que dio un tremendo resultado, aunque tuvo un final abrupto y temprano por las lesiones.

El nivel de Pagés le permitía ser titular junto a Granger Hall bajo los tableros y otorgar la otra plaza de extranjero a Brian Jackson, lo que le daba un indudable plus al equipo. Era una franquicia caracterizada por el fuerte ambiente de su pequeño pabellón y la combatividad de sus jugadores.

Pagés era un tipo fuerte y grande (2,07), no exento de calidad. Nacido en L'Estartit, un pueblo de Girona, se formó en las categorías inferiores del Barcelona, con el que llegó a debutar en la antigua Liga Nacional y ganar el doblete en la 80-81. Pero los minutos no estaban como azulgrana. Primero los buscó en L'Hospitalet (81-82) y luego en el Obradoiro (82-83). Su momento clave fue fichar por Huesca en 1983, la ciudad que cambiaría su vida para siempre. Baste decir que, casi 30 años después, sigue viviendo allí, donde le he localizado gracias a Juan Antonio 'Vallecas' Hernández.

Con la camiseta verde jugó 187 partidos ACB hasta 1990, cuando se retiró con solo 29 años por una grave lesión en la rodilla. 12,2 puntos y 6,1 rebotes en 31 minutos serían aún hoy en día grandes números para un pívot español. Le faltó quizás la 'guinda' de disputar un gran torneo con la selección. Sí fue internacional, pero los descartes a última hora le acabaron 'quemando'.

"Estoy totalmente fuera de la circulación del basket", confiesa. Es gerente y socio de Loher Publicidad, una empresa que realiza todo tipo de actividades dentro de ese ámbito y que intenta capear como puede en el escenario de crisis actual. "Hace unos años llegamos a tener 30 y tantos trabajadores y ahora solo once. Pone que soy el gerente, pero en realidad hay que estar dispuesto a hacer de todo", confiesa.

Pero se le ve un tipo optimista, al menos por teléfono. Aparte de su lesión de rodilla, tuvo un accidente de moto poco después de dejar el baloncesto que le fracturó la tibia y el peroné y hace cuatro años fue atropellado por un coche y se rompió una cadera. "Lo que no me pase a mí...", dice, en plan desenfadado.

Sobre su época en el baloncesto, la califica como "la mejor" de su vida. "Lo pasé fenomenal y no pagaban mal, aunque no llegué a ganar una millonada porque cuando tuve las opciones de hacerlo me vino la lesión", agrega, con indudable nostalgia a lo que se construyó en Huesca: "Éramos un equipo muy honrado y los dos americanos, Hall y Jackson, curraban como los que más, estaban super implicados. La gente presionaba mucho en nuestro pabellón y, tras pasarlas muy mal para salvarnos, luego estuvimos a punto de meternos en competición europea algún año", recuerda.