Ricardo González: Retirada prematura de un gladiador

Ricardo González: Retirada prematura de un gladiador
Con el Breogán.

Javier Ortiz Pérez

El baloncesto fue --en un espacio de tiempo bastante breve-- generoso y cruel con Ricardo González. Le dio la oportunidad de brillar en la ACB cuando seguramente sus condiciones no invitaban a pensar que así sería. Y fue un jugador absolutamente adorado por las dos únicas aficiones para las que jugó, la de su Torrelavega natal y la del Breogán. Era uno de esos tipos que peleaba por cada balón, que se peleaba con quien hiciera falta, que parecía haber nacido con la camiseta que llevaba. Sin embargo, y cuando se había consolidado como un profesional importante, se vio obligado a retirarse por un problema en el corazón. Solamente tenía 30 años.

'Richi' tiene ahora 37 y, en un momento dado, podría seguir jugando, a mayor o menor nivel. Sin embargo, tuvo que dejar de hacer lo que realmente le apasionaba, después de muchísimo esfuerzo, de pegarse con los americanos interiores del rival midiendo solo 1,96 y 'reinventándose' adquiriendo un peligroso tiro exterior.

"Mi recuerdo, pese a todo, es muy bueno. El baloncesto te da posibilidades que no da a la gente joven normalmente. Conocer sitios y tener muchas amistades, aunque en realidad el círculo de las verdaderas amistades en el baloncesto es pequeño", reflexiona. No hace tanto que lo dejó, pero detecta un gran cambio entre 'su' baloncesto y el de ahora: "A nivel físico ha cambiado muchísimo. Antes, en todos los equipos había un 'gordito' como yo. Ahora es imposible. Pero los jugadores de ahora tampoco saben explotar bien los recursos tácticos y técnicos".

Lo curioso es que González tuvo un crecimiento bastante oculto. Y hasta los 23 aproximadamente su nombre no empezó a sonar con fuerza en la ACB, en la que estuvo tres años en el Cantabria Lobos (97-2000) y los cinco siguientes en el Breogán (2000-05). 227 partidos y 4,3 puntos. En los últimos años acabó tirando más de tres que de dos. "Mi carrera no hubiera sido posible si no hubiera sido en un club pequeño. Mi crecimiento no hubiera sido tan continuo. Aproveché mi oportunidad y perdí mucho peso con el hábito de trabajar mucho. Coger un buen tiro era la única forma de subsistir", analiza.

No ha dejado el baloncesto, en realidad. Desde hace cuatro años trabaja con Igor Crespo, uno de los agentes más emergentes en el mercado español y que ha estado en operaciones tan mediáticas como las de Bismack Biyombo o Alex Abrines. "Creo que un representante tiene que estar para algo más que negociar o firmar contratos. Es muy importante que esté con el jugador cuando está mal, para que no se sienta solo. Es en lo que queremos incidir", señala.

Sobre su problema cardiaco, pide que nadie se preocupe por él porque él está tranquilo. Aunque con algún 'ajuste' que ha tenido que hacer en este tiempo, sigue mirando sin miedo a la vida.Merece la pena releer la carta que escribió cuando tuvo que retirarse.