Alex Stivrins: El rubio que progresó en Tenerife

Alex Stivrins: El rubio que progresó en Tenerife
Con el Caja Canarias (88-89).

Javier Ortiz Pérez

El rubísimo Alex Stivrins fue uno de esos jugadores que llegó a España sin hacer ruido, aunque ya había jugado tres partidos en la NBA con Seattle, y la Primera B le sirvió de ‘lanzadera’ para acabar desarrollando un muy buen baloncesto en la ACB. Ocurrió a finales de los 80, cuando estas sorpresas estaban más a la orden del día.

Stivrins, que por cierto tiene antecedentes letones, quedó muy coaligado con Canarias. Fue allí donde pisó por primera vez el país, en un equipo llamado Playa Las Américas, del sur de Tenerife, en Primera B. Era la temporada 87-88 y no pudo jugar demasiado, ya que se lesionó en nombre y fue cortado. Pero el Caja Canarias, al norte de la isla, confió en él el año siguiente para sustituir a un tipo con casi diez años en la NBA como Kurt Nimphius que no dio el resultado esperado. La respuesta de Stivrins, que era otro tipo de jugador, un ‘4’ abierto y no un ‘5’ claro como Nimphius, fue marcarse 20 puntos y 10 rebotes de promedio en los pocos partidos de los que dispuso, lo que le valió la renovación.

En la siguiente, la 89-90, mejoró en anotación (21,7), y bajó algo en rebotes (8,3), lo que le sirvió para un buen contrato en Italia. Pero su gran momento estaba por llegar: una campaña 92-93 de locura en la que se hizo en un experto en los contratos temporales de la NBA, pasando por cuatro equipos (Hawks, Bucks, Clippers y Suns) sin llegar a asentarse en ninguno.

En la 93-94 tuvo una segunda etapa ACB de menos brillo en Lugo (13,7 puntos y 4,3 rebotes). No estaba bien físicamente y salió del equipo en enero. Su carrera tocaba a su fin y los anuarios solo recogen un año más en activo en la exótica liga japonesa. Stivrins se acabó asentando en una de aquellas ciudades en las que jugó en la NBA en el año de los cuatro contratos temporales: Phoenix. La formación académica adquirida en la universidad de Colorado le permitió acceder a un puesto importante en la sección de inversiones de la compañía John Driscoll.

Como tantos otros jugadores que salen por aquí, Alex ya tiene quien le suceda. Su hijo se llama Lucas Stivrins y es más alto que papá, que llegaba a los 2,04. La nueva generación está en 2,10 y todavía tiene 18 años, está muy verde por lo que parece. Pero en Europa ya le conocemos: ha hecho uso de su pasaporte británico para jugar con Inglaterra algún campeonato de categorías inferiores, aunque sin lucir mucho. Desde luego, no se puede decir que, al menos físicamente, no haya salido a su padre.