Ricardo Úriz: la retirada de un "adicto" al baloncesto

Ricardo Úriz: la retirada de un "adicto" al baloncesto

Javier Ortiz Pérez

Pocos jugadores españoles pueden decir que han disputado una temporada completa a nivel completamente profesional con 40 años cumplidos. Lo logró Ricardo Úriz en la 2020-21 con el Tizona Burgos (LEB Oro), cerrando así una estupenda trayectoria en la que dio lecciones desde la posición de base. Después de más de dos décadas, hubo varios Úriz en Úriz, más o menos defensivos, mirando más o menos al aro, pero siempre dejando la impronta de la seriedad y el carisma.   

Quizás esa última campaña en Burgos se la debamos a la pandemia. En la 2019-20, ya con 39 años, estaba disfrutando del baloncesto en Cáceres, también en LEB, pero el covid-19 interrumpió la competición y no volvió a reanudarse, lo que dejó a Úriz con la espina de no haberse podido despedir desde la cancha. Así es que prolongó su actividad un año más, aunque tuvo que pelear con el mayor enemigo del deportista longevo: las lesiones.

Ya en esta recta final tenía en la cabeza su transición: quiere ser entrenador y se ha estrenado como ello en el filial del Baskonia, que compite en Liga EBA. Es curiosa esta forma de cerrar el círculo: él, nacido en la cercana Pamplona, fue ‘reclutado’ por el club vitoriano siendo muy joven, debutando en la entonces Liga ACB en la lejana 98-99. Ha llovido bastante desde aquello, acumulando etapas en Valladolid (dos distintas), Bilbao, Gipuzkoa, Tenerife, Fuenlabrada y Breogán. Nada menos que 357 partidos y promedios modestos (4,6 puntos y 1,7 asistencias en 17 minutos) que aumentan ostensiblemente si se habla de la LEB Oro. La segunda división la trabajó bien con Los Barrios, Zaragoza, Bilbao, Gipuzkoa, Breogán y las reseñadas Cáceres y Tizona. 288 encuentros más (8,3 puntos) y tres ascensos en su haber siendo importante. Una auténtica monstruosidad sumando las dos vertientes.  

Llega un momento en el que comienzas a avistar el final de tu carrera, de aquello que has hecho durante muchos años y que siempre ha sido tu pasión. Ves que el cuerpo comienza a alcanzar un punto de no retorno y eso hace que te plantees cómo seguir vinculado al deporte que te lo ha dado todo. Es un buen camino para este momento de mi vida así que estoy muy contento y con muchas ganas de aprender”, comenta sobre su transición a los banquillos. “Siempre se ha dicho que el buen entrenador debe saber adaptarse al tipo de plantilla que tiene para poder obtener de ella el mejor juego posible, pero me gustaría poder llevar a mis equipos a un juego alegre, sin miedos y con intensidad. Me gustaría que el jugador tuviera una cierta libertad para poder rendir al máximo nivel y que fuera capaz de encontrar como técnico el equilibrio entre táctica y libertad para que todos se sientan cómodos sobre la pista”, añade.  

Él prefiere verlo como un punto y seguido, como dijo en Diario de Navarra: “Estoy muy orgulloso y contento de todos estos años. He vivido muchas experiencias, conocido mucha gente y he estado en muchos equipos. Ha llegado el momento pero no quiero que sea una despedida. Es un punto y seguido. Hay temporadas en las que iba todo muy bien o todo muy mal, he aprendido en cada una de ellas. Las que han sido grises las viví con mucha intensidad. Me considero una persona apasionada de este deporte y siempre lo he vivido de esa manera”. Ni en sus “mejores sueños” se imaginaba estar tanto tiempo en las pistas:  “Empecé jugando porque me gustaba, mi padre y mi madre nos lo inculcó. He ido jugando como el típico chaval que entrena, se lo pasa bien y ya está. Una cosa ha llevado a la otra. Ni mucho menos pensaba que seguiría jugando a nivel profesional hasta los 40 años. Requiere un desgaste físico y mental. No lo voy a negar, es más importante a veces la cabeza. Lo vivo mucho, tanto para lo bueno como para malo y al final intentas exprimir al máximo esa sensación. El baloncesto se ha convertido en una mini droga, lo necesito y a pesar de que vas viviéndolo llegan a al cabeza llega otras cosas”.  

No sobra recordar que Ricardo forma parte de una de las más llamativas ‘sagas’ del basket español contemporáneo junto con sus hermanos Mikel e Iñaki. Y vienen por detrás los pequeños Aimar e Izan.