Maodo Nguirane: Fuerza senegalesa con ‘techo’ en Málaga

Maodo Nguirane: Fuerza senegalesa con ‘techo’ en Málaga

Javier Ortiz Pérez

Pasa demasiado a menudo que le perdemos la pista a un perfil de jugador que durante una época nos ha interesado mucho: el del pívot africano que en su momento impresionó en categorías inferiores, generando muchas esperanzas de que va a llegar muy lejos, y que cuando llega a la edad senior tiene difícil encaje en una competición con la Liga Endesa. El de Maodo Nguirane es un caso claro.  

Vaya por delante: este pívot senegalés de la cantera del Unicaja, que cumplirá 28 años el próximo 10 de noviembre, disputó cinco partidos la pasada temporada con el Massagno de la primera división suiza después de pasar por el Ezzahara tunecino. A juzgar por los números no lo hizo mal (8,8 puntos y 6,8 rebotes en 20 minutos), aunque quizás la muestra sea demasiado pequeña.   

Llegó en 2007, con solo 14 años y en edad cadete, al CB Torrejón, para volar luego a Canarias con el Villa de Adeje y el Tacoronte, con el que debutaría en EBA con 16 años, Llegó en 2010 a Málaga, donde fue integrado inmediatamente en su entonces filial, el Clínicas Rincón. Gustaba su tremendo potencial: un 2,10 de una fuerza tremenda que tenía que pulirse a nivel técnico, pero que podía tener a medio plazo un hueco entre los mejores. El plan iba realmente bien: jugó minutos de calidad en LEB Oro en el Clínicas  hasta el punto que fue reclamado por el primer equipo, al principio de forma eventual (temporada 2013-14) y después como miembro de pleno derecho (2014-15). El club le asignó a Antonio Herrera casi como entrenador personal para que mejorase.  

Sin embargo, en la Liga Endesa encontró muy pronto su techo. En los 16 partidos que acumuló entre aquellas dos campañas su poderío físico se diluyó y apenas dispuso de oportunidades: 3 minutos por encuentro en los que solo consiguió anotar 5 puntos… en total (2 de 10 en tiro). Sí que cumplió un poco mejor en el aspecto reboteador (17). Mediada la temporada fue ‘devuelto’ al Clínicas Rincón, donde podía ser más útil.  

Ya desvinculado de Unicaja, jugó un par de años más en Oro en el Planasa Navarra y el Tau Castelló. No estuvo mal (8 puntos y 5,5 rebotes en 18 minutos en el conjunto levantino), pero terminó en primero en Bulgaria y luego en Plata con el Covirán Granada. Allí (“es muy buen reboteador, tiene facilidad para taponar e intimida mucho; y en ataque le vamos a pedir que aporte en el rebote ofensivo, que pueda anotar en el balón doblado y que trabaje para el equipo”, le definió su entrenador, Pablo Pin) tuvo números peores (6,1 y 4,7 en 12), aunque ayudó al ascenso. Por ahora no ha vuelto a España. En la 18-19 fue a la tercera francesa con el Saint-Vallier y en la siguiente subió un escalón en Nantes. La pasada, entre Túnez y Suiza.