Max Kouguere: ‘Air Congo’ hizo escala en Manresa

Max Kouguere: ‘Air Congo’ hizo escala en Manresa

Javier Ortiz Pérez

No fue una buena temporada para el Basquet Manresa la 2013-14, pero muy pocos o nadie pueden darse por defraudados con Max Kouguere, un alero que rozaba los 2,00. Acreditó justo lo que se esperaba de él: poseía un brutal físico que ayudaba dentro de un papel gregario. Además, su capacidad de trabajo era difícil de discutir. El equipo solo ganó siete partidos de los 34 de liga regular y terminó penúltimo, eso sí. Quizás en un entorno más favorable, y salvando las distancias, pudo haberse convertido en otro Romain Sato.

Nacido en Brazzaville (Congo), su nacionalidad es centroafricana. Fue su paisano Serge Ibaka el que avaló su fichaje. Ambos tienen gran amistad desde niños, según afirmó Kouguere. “Durante los últimos meses me ha hablado bastante bien del Manresa, del club, de la ciudad y de la afición. Me ha comentado que es muy caliente, que siempre está al lado del equipo y que es un placer jugar para estos seguidores”, señaló a su llegada. Era un jugador de cierto renombre en Europa, adonde había llegado en 2007, en concreto al Gravellines. Francia suele suponer un buen punto de transición para estos jugadores africanos: en su caso pasaron seis años (y tres equipos más: Antibes, Le Mans y Le Havre, con una experiencia intermedia en el Ginebra suizo) antes de su fichaje en Manresa. En la liga gala fue apodado ‘Air Congo’ después de ganar un concurso de mates.  

“No hago mucho caso de las estadísticas, lo que prefiero es ganar partidos. Por eso, haber hecho muchos puntos o bien coger rebotes, si pierdes, a mí no me convence. Lo más importante de todo es el colectivo”. Quizás suene tópica la argumentación, ¿no? El caso es que él promedió 7,1 puntos y 4,1 rebotes en 21 minutos. Mirando porcentajes, es seguramente demasiado bajo el de dos puntos (45,3%) y está en la línea de lo esperado, o incluso por encima, el de triples (34,4%). Su primer entrenador en el Nou Congost, Borja Comenge (terminaría siendo sustituido por Pere Romero), le había definido como “un jugador con una gran capacidad atlética. En su anterior equipo  ya demostró que tiene una gran facilidad para saltar y correr. Detrás puede defender perfectamente al '2' y al '3' del equipo contrario y, en ataque, puede lanzar desde cualquier posición y acaba fácilmente las jugadas con un mate”.   

La mala clasificación manresana quizás le quitó mercado y probablemente a él también le apetecía volver a un país donde era más apreciado. De hecho, desde el 2014 hasta 2020 no se movió de Francia, primero en la máxima categoría con Orleans, Pau Orthez y de nuevo Antibes y últimamente en la segunda con Rouen y Saint-Chamond. El pasado verano sí buscó nuevos horizontes en el Es Sahel tunecino. El pasado mes de marzo cumplió los 34 años.