Thomas Abercrombie: Prestigioso (y breve) ‘Tall black’ en Donosti

Thomas Abercrombie: Prestigioso (y breve) ‘Tall black’ en Donosti

Javier Ortiz Pérez

Había mucho interés por ver en la Liga Endesa a Thomas Abercrombie y la oportunidad le llegó en la temporada 2014-15 en el Gipuzkoa Basket (actual Acunsa GBC), pero no fue bien. Apenas pudo verse sobre la pista a uno de los jugadores neozelandeses contemporáneos más interesantes y la explicación de aquello solo puede darla su entonces entrenador, Jaume Ponsarnau.  

Seguramente las circunstancias no eran las ideales. Abercrombie, que ya tenía un buen prestigio internacional a sus espaldas,  disputando los mundiales de 2010 y 2014 (después sumaría el de 2019), llegó para sustituir en la recta final de la campaña a un jugador bastante distinto a él, Taquean Dean, que se marchó a la liga iraní. Sería falta de adaptación o cualquier otra cuestión, pero el caso es que solo saltó a la pista en 64 minutos en total, repartidos en seis partidos. Es llamativo que no sucediese nada resaltable en los cinco primeros y que en el sexto y último, cuando dispuso de una buena cantidad de minutos (24:29) firmase una enorme actuación (23 puntos y 4 de 5 en triples, 20 de valoración). Ya no había nada en juego a nivel clasificatorio, también es verdad.  

¿El indicio de que era un jugador muy válido para una competición como la nuestra? No hubo una segunda oportunidad y ya es difícil que vaya a producirse. En junio cumplirá 34 años y no parece que vaya a moverse ya de su país natal, donde está muy bien considerado. Sus otras experiencias europeas fueron en Francia (Asvel Lyon-Villeurbanne en 2014) y Turquía (Pinar Karsiyaka en 2016 y Tuyap Buyukçekmec en 2017), siempre con un puñado de partidos complementando sus temporadas en las antípodas. Antes de ser profesional también estuvo un par de años en la universidad de Washington State, pero aquello no le trae buenos recuerdos e incluso llegó a pensar en dejar el baloncesto: en la primera temporada no jugó y en la segunda apenas lo hizo en una decena de partidos.   

En casa parece sentirse de forma inmejorable, disfrutando de un modo de vida distinto al que puede encarar en Europa. Además, vive con intensidad la paternidad, con tres chicos todavía muy pequeños. El mayor de ellos, Pilot, es autista y la mediana, Porter, tiene problemas cardíacos. Todo eso le ha implicado especialmente en la asociación Heartkids, que proporciona ayuda a familias como la suya.  

Sobre el parquet, con los New Zealand Breakers ha ganado cuatro veces la NBL ante equipos australianos, proclamándose en una de ellas MVP de las finales. Allí sigue, rondado los 10 puntos y 4 rebotes por choque. En la 19-20 igualó un hito de otro exACB, Daniel Kickert, cuando alcanzó el mítico 50%-40%-90% en acierto en tiros de dos, triples y libres.   

“Me siento realmente bien en este momento y sin duda me quedan un par de años, pero estoy en la etapa en la que necesito trabajar para hacer la transición a mi vida después de jugar al baloncesto”, comentó el pasado mes de diciembre en una entrevista en un periódico neozelandés, donde se comenta que su futuro podría estar en la gestión deportiva, para lo que se está formando al mismo tiempo que juega. No parece afectarle demasiado no haber podido brillar en otros baloncestos distintos. “Mirando hacia atrás en mi vida y carrera creo que he tenido suerte de poder jugar con un equipo durante mucho tiempo y de jugar en mi propia ciudad. Esto es bastante raro para un jugador de baloncesto profesional y es un motivo de orgullo para mí”, añadía.