Dwight Buycks: Pinchazo en la Fonteta

Dwight Buycks: Pinchazo en la Fonteta

Javier Ortiz Pérez

Grosero fracaso el del matrimonio entre Dwight Buycks y el Valencia Basket en la temporada 2014-15. Llegaba como una de las posibles sensaciones del curso y apenas duró dos meses como ‘taronja’. Solamente hay que revisar sus números en la Liga Endesa (cinco partidos, a los que habría que sumar tres en la Euroliga) para darse cuenta de la magnitud del socavón: 5 puntos y 1 asistencia en 14:30 en pista con un terrible porcentaje de acierto en tiros de dos puntos del 27,8% (5 de 18). No fue de extrañar que ambos decidiesen de mutuo acuerdo separar sus caminos, con lo que algo salieron ganando.  

Buycks fue un ídolo en su estado natal, Wisconsin, donde emprendió su carrera universitaria en Marquette, tras un paso por el ‘junior college’ de Indian Hills.  Se quedó fuera del ‘draft’ de 2011, pero perseveró largamente hasta poder entrar en la NBA vía ligas de verano y liga de desarrollo. Finalmente, tras pasar por Bélgica (Ostende) y Francia (Gravellines), lo lograría con los Toronto Raptors en la 2013-14, aunque con escasos minutos.  

En 2014 en La Fonteta hicieron un esfuerzo por contratarle, lo que levantó altas expectativas recordando, por ejemplo, los 18 puntos que había promediado en la liga gala dos años atrás. “En Valencia verán un base muy fuerte, base con las virtudes de los jugadores de playground en USA. Jugador con gran dominio de balón, un bote fuerte, de los que retumba el pabellón, con un centro de gravedad muy bajo en su juego (que agacha el culo en sus acciones, vaya), preparado para salir disparado en cualquier acción. Tiene unas piernas virtuosas para hacer eso. Penetrar a canasta y levantarse en suspensión a mitad de camino, es toda una gozada verle. Suspensiones exigentes, porque aún teniendo hombres delante de él, es capaz de anotar con mucha efectividad, pues ejecuta su tiro a gran velocidad”, escribía en esta misma web Antonio Rodríguez.  

Nada salió bien y no se entendió con Velimir Perasovic: “No estábamos contentos con su rendimiento. Es un jugador del que esperábamos muchísimas cosas y no ha sido así. A lo mejor es por mí o ahora va a otro equipo y juega increíblemente bien. Pero con nosotros no ha funcionado. Podíamos esperar más o tomar una decisión. Él tampoco estaba contento con su rol en el grupo. Creo que es la mejor decisión para las dos partes”. Siempre saliendo del banquillo, en la competencia con Sam van Rossom y Guillem Vives iba por detrás y tampoco lograba arrancar minutos como escolta. Lo curioso es que aquella campaña, que continuó en los Tianjin Ronggang chinos, la terminaría en la NBA de nuevo, reclamado por unos depauperados Lakers ante la oleada de lesiones. Él mismo se acabaría contagiando de esa ‘epidemia’ rompiéndose una mano a los diez días de llegar.  

A partir de entonces alternó sus tentativas NBA (tuvo una tercera aventura breve con los Pistons 2017-18) con los habitualmente lucrativos contratos en China. Esa dinámica la rompió en febrero del año pasado firmando por el Olympiacos y jugando tres partidos de Euroliga, pero la pandemia impidió evaluar su momento. Esta temporada terminó firmando en el Nanterre, donde, ya alcanzados los 32 años, ha cumplido bastante bien, aunque sin números estelares.