Maxi Reale: ‘Currito’ argentino para Manel en Badalona

Maxi Reale: ‘Currito’ argentino para Manel en Badalona
Saltando a por un balón con el Joventut.

Javier Ortiz Pérez

Fichar en la temporada 2001-02 a un argentino que hubiese sido internacional no era sinónimo de que incorporabas a una estrella a tu plantilla. Maxi Reale fue más bien un jugador de complemento en un Joventut con varios ‘gallos’ con los que compartir protagonismo. Aun siendo un alero no mal dotado para la anotación, su papel se centró más bien en lo ‘feo’ pero también necesario del baloncesto: defensa, lucha, hacer vestuario.

“Es el jugador honesto por naturaleza, incansable trabajador no exento de calidad”, solía decir de él Manel Comas, entrenador de los verdinegros entonces, sobre un alero alto de 2,00. A los técnicos les gustan los tipos así: que no pisan demasiado la cancha y lo aguantan con buena cara. Y que, cuando tienen la oportunidad, se dejan la piel. Los números de Reale en Badalona son francamente grises (3,4 puntos y 1,1 rebotes en 9:32), pero seguramente era lo que podía conseguir en una plantilla en la que había pocos tiros que jugarse con Tanoka Beard, Rafa Jofresa, Maceo Baston, Alex Mumbrú y Juan Alberto Espil metidos en el ajo. Y hasta Rudy Fernández aporreando la puerta con 17 años.

Con Racing, antes de jugar en Europa.

Cuando se conoció su incorporación, a Reale se le dedicó un artículo en Solobasket en el que se le calificaba de “jugador promedio” y se ponía el acento en que nunca había sido “una estrella”, pero que siempre “se las había arreglado” para jugar en la élite en Argentina. Alero de 2,02, Julián Pérez Porto asegura ahí que su fichaje por el Cantú de la A1 italiana en 1999 causó “sorpresa” después de toda una trayectoria en Argentina que se inició en el Sport Club de Cañada de Gómez, donde, rodeado de otras promesas, como Alejandro Montecchia, fue mejorando año a año desde 1991 a 1995. Fue entonces cuando se produjo su única convocatoria con el equipo nacional para disputar el Campeonato Sudamericano en Uruguay. Normalmente esta cita se ha utilizado para ‘foguear’ a valores emergentes.

Él se marchó entonces a Racing Club, donde tuvo un primer año mejor que el segundo. De allí fue a Gimnasia y Esgrima, volando a Italia a continuación. En Cantú jugó bastante más lo que lo haría en España (5,3 puntos y 2,8 rebotes en 22,2 minutos), la suficiente buena sensación como para que Comas se fijase en él como miembro inamovible de su segunda unidad.

Como había mantenido buen cartel en el país transalpino allí volvería y se asentaría hasta 2010 como jugador importante, pero nunca más en la máxima categoría. Colaboró a algún ascenso en clubs como Rieti, Firenze, Casalputerlengo, Trapani y Catania, incluso ofreciendo su perfil más anotador en ocasiones. En la 2010-11 regresó a Argentina para jugar en el Cañadense ya muy veterano, rondando los 40.

En los últimos años ha engrosado la larga lista de ex profesionales del baloncesto que terminan en el mundo de la representación. Junto con su socio Silvio Tomasini dirige Reto Agencia, que está especializada en mover a jugadores argentinos. Podéis echarle un ojo a su web aquí

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