José Manuel Calderón: ‘Mister Catering’, el extremeño de la NBA

José Manuel Calderón: ‘Mister Catering’, el extremeño de la NBA

Javier Ortiz Pérez

Hoy cumple 39 años y dentro de poco, el 4 de noviembre, se llegará a los doce meses desde que anunció su retirada. Es José Manuel Calderón, uno de los jugadores más queridos en la historia del baloncesto español. Nunca nos pondremos de acuerdo sobre si es su base más importante de siempre, en dura competencia con  Juan Antonio Corbalán, ‘Chacho’ Rodríguez y Ricky Rubio, pero da exactamente igual. Partiendo de la modestia mezclada con talento y trabajo, puso insospechadamente el nombre de Extremadura y de su pueblo, Villanueva de la Serena, en la NBA durante 14 años de muy buenas actuaciones (895 partidos de liga regular y 40 de ‘playoffs’). Y eso es impactante y nunca podrá borrarse ya.

Con 13 años se fue a Vitoria, siendo literalmente un niño, para abrirse camino en el mundo del baloncesto. Le vio ese atinadísimo detector de estrellas que es Alfredo Salazar. José y Lola, sus padres, recurrieron a un psicólogo para evaluar si su hijo estaba preparado. Y la respuesta fue que “de sobra”. En la capital vasca residió primero en casa de una señora junto a Javi Rodríguez, otro base que ahora es entrenador. No descuidaba los estudios al mismo tiempo.

Jugando en el patio de su casa.

“Me impresionó su fortaleza física. Y luego, cuando le hicimos las pruebas comprobamos que tenía una constitución excepcional, ya que con 14 años, en las pruebas de salto superaba a algunos de los profesionales de la primera plantilla. Pero lo que creo que le ha permitido llegar donde está es la capacidad de trabajo. Cada mañana trabajábamos él y yo en técnica individual. Y así estuvimos cuatro años. Y a pesar de que como escolta podía romper a cualquier rival, insistí en ponerle de base para que creciera como jugador. Sus piernas eran ya prodigiosas así que había que trabajar el cerebro. Y él, que es muy trabajador, lo consiguió. Se ha convertido en todo un base”, contó hace unos años Salazar en Gigantes.

Alguien así tenía que entrar en el ‘radar’ de las selecciones inferiores, aunque aquí hay una pequeña espina clavada. Sí fue campeón de Europa junior en Varna, pero se perdió el Mundial de la misma categoría un año después en Lisboa por lesión. Por cierto que entonces le llamaban ‘Caldereta’ en el vestuario.

Primera cesión, a Alicante (1999-2001) (Foto: Gigantes).

En el Baskonia emprendieron una hábil política de cesiones con él: jovencísimo fue uno de los protagonistas del ascenso del Lucentum Alicante, con el que debutaría en la ACB (2000-01), y después fue al Fuenlabrada, donde ya ‘la rompió’, colándose incluso en el Mundial de Indianápolis del 2002, su primera experiencia en la absoluta, con la que establecería una auténtica historia de amor. Cuando regresó a Vitoria en la 2002-03 ya era un jugador absolutamente hecho, diferente y diferenciador. Con un potente físico para la defensa y el ataque, no era egoísta buscando sus tiros, sino que intentaba siempre hacer mejores a sus compañeros. Sin embargo, sus tres años bajo las órdenes de Dusko Ivanovic solo se tradujeron en una Copa del Rey. Resulta duro recordar que su último partido allí fuese el del triple de Alberto Herreros, una historia que pudo cambiar si la bandeja de ‘Calde’ a la desesperada no hubiese sido taponada por Antonis Fotsis.

Pese a que en su momento no había sido escogido en el ‘draft’ (algo que a la larga le beneficiaría), la NBA ya había llamado a sus puertas un año antes y en aquel verano de 2005 terminó de decidirse por la oferta de Toronto Raptors. Era una apuesta con cierto riesgo porque la estrella de una franquicia que trataba de recuperarse de las marchas sucesivas de Vince Carter y Tracy McGrady era también un base, Rafer Alston, y Jalen Rose acaparaba funciones similares. Parece que quien más empujó para ficharle fue Maurizio Gherardini. “Creo que merece la pena intentarlo. Sé que si no me voy ahora me voy a arrepentir toda la vida”, dijo entonces.

Fuenlabrada 2001-02 (Foto: Gigantes).

Su año ‘rookie’ fue bueno, pero tampoco estelar (5,5 puntos y 4,5 asistencias en 23 minutos), pero después se fue haciendo con las riendas y convirtiéndose en un ídolo. Quizás algún año mereció ir al All Star Game, pero no pudo ser. En la NBA se apreció su deportividad, generosidad, capacidad para ver el mejor pase y fiabilidad extrema en los tiros libres (conserva el mejor porcentaje en una temporada, 98,1% (151 de 154 en la 2008-09).

Con permiso de las lesiones, también se convirtió en hombre clave de la selección que primero fue campeona del mundo (2006) y luego de Europa (2011 tras haberse perdido la edición de 2009). También estuvo en tres podios olímpicos (las platas de Pekín y Londres y el bronce de Río de Janeiro) hasta alcanzar las 193 internacionalidades con momentos absolutamente memorables al lado de sus compañeros de generación.

Baskonia 2002-05 (Foto: acb Photo).

De las muchas que ha tenido, quizás la entrevista en la que mejor retrata su carrera es esta en As con Juanma Rubio. “Siempre me supe adaptar a lo que necesitaba de mí cada equipo, cada entrenador. Siempre he entendido el baloncesto como algo colectivo. Después tuve temporadas mejores y peores en lo estadístico, pero me he sentido igual de querido y de importante metiendo 20 puntos y metiendo 5. Igual si hubiera sido un jugador más egoísta o si a veces hubiera optado por tirar más habría logrado más cosas a título individual… pero seguramente no habría estado catorce años en la NBA. Mis hijos al final conocen a LeBron James, Kevin Durant, Giannis Antetokounmpo… Es normal, pero LeBron solo hay uno y en la NBA hay muchos jugadores, con roles muy distintos e importantes”, comenta. Asume que le faltó el anillo de campeón, algo que pudo lograr cuando jugó la final con los Cavaliers en 2018. Además jugó en Pistons (dos etapas), Mavericks, Knicks, Lakers y Hawks y pudo hacerlo en los mejores Warriors, lo que quizás le hubiese otorgado un título, pero ese tren se le escapó también por mala suerte.

Años centrales en Toronto.

Y acaba con toda una declaración de intenciones: “Siempre he dicho que para mí lo más importante ha sido el respeto de mis compañeros, que ellos hablaran bien de mí. También los entrenadores. Que digan que he sido un jugador de equipo, que lo he dado todo en todos los sitios en los que he estado. Que me he adaptado siempre, que me he centrado en el colectivo y he sido un jugador de equipo. A partir de ahí, lo que les digo a mis hijos es que hay que ser buena persona. Que sean buena gente y que luego habrá quien les ame y quien les odio”.

Renunció a alargar su carrera en Europa y ahora vive en Nueva York. Trabaja para el sindicato de jugadores NBPA. “Puedo aportar muchas cosas y sentar las bases para que otros puedan seguir un camino parecido a modo de transición. Tengo la flexibilidad que quería y puedo hacer muchas cosas en muchos ámbitos, aprender, ver el negocio del baloncesto profesional desde otro punto de vista… Y voy a estar mucho más con mi mujer y mis hijos”, señaló cuando se oficializó su despedida de las canchas. No pierde de vista España ni su Villanueva natal, colaborando en múltiples iniciativas solidarias con especial acento en la de Unicef.

Andrés Montes lo clavó cuando le puso aquello de ‘Mister Catering’: siempre dispuesto a alimentar a sus compañeros.

MÁS JUGADORES BASKET LOVER: ROD BLAKNEY

193 veces internacional.