Sergi Vidal: El más jugador de equipo de los jugadores de equipo

Sergi Vidal: El más jugador de equipo de los jugadores de equipo
Títulos con el Baskonia (Foto: acb Photo).

Javier Ortiz Pérez

La próxima temporada será rara, y no solo por la incertidumbre que rodea a tantos aspectos del deporte y de la vida por la situación epidemiológica. Será la primera después de 20 campañas consecutivas en la que Sergi Vidal no estará en ella como jugador. Su retirada, anunciada hace unos meses, poco antes de la interrupción obligada por la pandemia, cerraba así una brillante trayectoria en la que se labró una inmejorable reputación de hombre de equipo.

Es por eso por lo que los números (excepto el de partidos disputados en la élite del baloncesto español, nada menos que 641) no terminan de retratarle bien: 6,4 puntos, 2,6 rebotes y 1,8 asistencias en 21 minutos.  Vidal fue mucho más: la típica pieza que se adaptaba con enorme facilidad a lo que le pedían sus entrenadores y que, puntualmente, también demostró que podía asumir responsabilidades en ataque. Los seis triples que le hizo a Eslovenia en 2017 con la selección, siendo ya muy veterano, durante la fase de clasificación para la Copa del Mundo fueron una muestra ello.

Mala época con el Madrid (Foto: acb Photo).

De su longevidad habla el hecho de que debutase en la lejanísima temporada 99-2000 en un Estudiantes-Joventut en el que estuvo 8:43 en pista y anotó 9 puntos y robó 3 balones. “Pues de vez en cuando subía a entrenar con el primer equipo pero nunca me habían convocado, y por tema de lesiones ese fue el primero y el último en esa época que me convocaron con el primer equipo del Joventut. El partido no iba demasiado bien para el equipo y Alfred Julbe decidió darme entrada. Recuerdo que me dijo que jugara sin miedo como lo hacía normalmente y que no me preocupara mucho más y eso es lo que intenté. Bueno, con nervios, ilusión, varias sensaciones al mismo tiempo”, recuerda en Skyhook.

Siendo una ‘perla’ de la cantera verdinegra, enseguida fue captado por el Baskonia, donde vivió nueve temporadas (2000-09) en la época más brillante de la historia del club. Rodeado de estrellas, él empezó a especializarse en el trabajo sordo, en no necesitar específicamente el balón para sentirse feliz. Con el que su equipo hubiese anotado un punto más que el rival al final de los 40 minutos le valía. La filosofía perfecta para un entrenador como Dusko Ivanovic: “Es muy duro, muy exigente, pero al menos es un entrenador honesto. Él te pide muchísimo pero si tú le das tu 100%, él lo va a valorar y siempre que pueda te dará minutos y te intentará dar la confianza”.  De aquellos años, la Copa de 2002 se convirtió para siempre en su titulo favorito: “Fue el primero. Cuando empiezas con esto deseas algún día empezar a ganar, y ese fue el primero y lo disfruté muchísimo porque tampoco sabía si tendría la suerte de repetir la sensación. No sabía si llegarían más y decidí disfrutarlo al máximo”.

Regreso al Joventut (Foto: acb Photo).

Su segunda década en la Liga Endesa resultó menos estable en cuanto a ubicación: no le salió bien ir al Real Madrid (2009-11). No pareció que le gustase mucho a Ettore Messina: “La verdad es que fue una época complicada en la que a pesar de mucho trabajar no conseguía entrar en los planes del entrenador y al final pues eso te frustra un poco”.

Sin embargo, rápidamente recuperó cartel en Gipuzkoa Basket (2011-12) y Unicaja (2012-14). Intentó cerrar el círculo con su regreso a Badalona (2014-15), pero aún le faltaban tres camisetas por vestir, las de Breogán (2018-19), Montakit Fuenlabrada y Baxi Manresa (2019-20). Si se necesitaba experiencia, su teléfono estaba encendido.

Pero todo tiene un final. “Han sido 20 temporadas llenas de felicidad, sacrificio, esfuerzo y dedicación plena a lo que más me ha gustado hacer en la vida, jugar al BALONCESTO”, escribió en su carta de despedida, en la que aseguraba que se sentía “muy querido y con la satisfacción de haber dado siempre mi 100%”. Él mismo confirmaba el habitual ‘scouting’ sobre él: “él defendido con orgullo cada una de las camisetas que he vestido y he antepuesto las necesidades del equipo a las mías, intentando siempre ser un buen compañero, profesional y estar ahí para lo que hiciera falta”.

Los seis triples de Burgos ante Eslovenia en 2017 (Foto: FEB).

“No puedo en estos momentos dejar de echar la vista atrás y sonreír. Soy un privilegiado, por lo vivido, aprendido y disfrutado. Claro que ha habido momentos duros, y muchos, pero doy gracias a ellos por haberme ayudado a crecer y ser mejor, utilizándolos siempre como motivación y no dejando que me superaran”, continuaba.

En su adiós comentaba que afrontaba “nueva vida llena de retos y proyectos personales que afronto con las mismas ganas y pasión que lo hizo ese chico de Badalona con destino a Vitoria, pasando por Madrid, San Sebastián, Málaga, nuevamente Badalona, Lugo, Fuenlabrada y finalmente Manresa”. Y es que reiteraba que “no es una despedida, es un hasta pronto”.

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Con todas sus camisetas en su retirada.