Chris Warren: Mucho más cerca del fiasco que del éxito en Bilbao

Chris Warren: Mucho más cerca del fiasco que del éxito en Bilbao
Con el Bilbao Basket (Foto: Euroleague).

Javier Ortiz Pérez

No fueron dos años buenos en la carrera de Chris Warren los que cumplió en Bilbao de 2009 a 2011. Lo cierto es que hasta resultó increíble que llegase a agotar su contrato porque, sobre todo en la segunda campaña, las informaciones que señalaban que sería cortado más pronto que tarde fueron insistentes. Sin embargo, ya fuese porque el club no veía rentable la operación económica o porque Fotis Katsikaris decidiese un último voto de confianza, no hubo tal corte.

Las lesiones condicionaron seriamente su rendimiento. Sobre todo en la primera temporada no salía de una para meterse en otra. En la segunda, tras estar más fuera que dentro, recuperó algo la confianza y ayudó a que el equipo se metiese en la final de la Liga contra el Barcelona, aunque casi nunca gozó de un papel estelar. Cuando aquel suplicio para ambas partes terminó no se le volvió a vincular con España.

La suya fue una carrera con no pocas dificultades, claramente de menos a más. Hijo de un baloncestista panameño, Eduardo ‘Popo’ Warren, y formado en South Carolina, rondó bastante el anonimato hasta que consiguió buenos contratos. Cuando se graduó en 2003 estuvo en ligas de poco vuelo, como la mexicana, la chilena o la portuguesa. Todo cambió para él en 2006, cuando fichó por la histórica Cibona de Zagreb y se convirtió en un referente anotador, pese a que no disponía de un tiro lejano del todo fiable. Enlazó cuatro temporadas en la Euroliga (tres con los croatas y una en el Air Avelino) con rendimiento ascendente. De repente, y casi salido de la nada, se había convertido en una pieza importante en el mercado europeo.

Explosión con la Cibona.

“Del mismo modo que el Bilbao Basket ha ido creciendo como club, quiero ser parte de un equipo que quiere tomar la misma dirección y seguir mejorando. Es lo voy a intentar hacer, ayudar a seguir creciendo”, dijo en su presentación, en la que se definió como  “un jugador duro en defensa y muy explosivo en ataque, que puede sacar ventaja con la velocidad, postear con jugadores más bajos”.

Aquella pretemporada empezó bien, pero los problemas físicos le torturaron y se quedó en 7,8 puntos, 2,6 rebotes y 1,1 asistencias. Lo más probable es que no hubiese seguido de no mediar un segundo año de contrato. En la segunda campaña hubo un punto de inflexión: en la novena jornada, solo jugó cinco minutos contra el Granada  y Katsikaris le dio un toque serio y en público: “Le veo sin decisión, no voy a esperarle más”.

Tuvo que hacerlo, probablemente. Y algo de rendimiento sacó. Su papel en la rotación mejoró y realizó algunos encuentros bastante buenos, aunque tampoco decisivos. De hecho, en los ‘playoffs’ su rendimiento volvió a descender y solo en dos de los nueve choques superó la decena de puntos. De hecho, en el segundo partido de la final ante el Barça solo jugó 7 minutos (-6 de valoración…).

Hasta el final de su carrera pareció desandar lo andado: primero Croacia, aunque en el Cedevita, y luego el Avelino, donde había dejado un estupendo recuerdo, para dar paso a una recta final otra vez en competiciones menores como la macedonia y la mexicana. A lo suyo se le llama completar el círculo: su primer equipo como profesional fue también el último: las Panteras de Aguascalientes (2015).

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 En su último equipo, las Panteras de Aguascalientes.