Joey Dorsey: Desastre, decisivo, desastre

Joey Dorsey: Desastre, decisivo, desastre

Javier Ortiz Pérez

Mal, muy bien y mal. Asi se podría resumir la trayectoria de Joey Dorsey en España, como una especie de ‘dientes de sierra’ en los que se alternaron los momentos pésimos con los positivos.  Y es que resulta difícil escoger con qué versión quedarse: si con el súper intimidador que fue decisivo para que el Barça ganase la Liga 2013-14, con el inadaptado del Baskonia en la 2011-12 o con el protagonista de polémicas de nuevo en el Barça 2016-17.

Lo que no se puede discutir son sus valores en la pista: un ‘5’ pequeño (2,03), pero fortísimo, muy en estos nuevos tiempos en los que luce el prototipo de Kyle Hines. Un cuerpo tremendo a más no poder (y no nos estamos refiriendo a su famosa foto posando en un espejo) le permitía ocuparse con solvencia de lo que se le encargaba: defender a pívots aunque fuesen más grandes que él, rebotear con fuerza en las dos zonas y, cuando la bola le llegaba muy cerca del aro rival, transformarlo en dos puntos. Baste un dato: de las 129 canastas de dos puntos que metió en la Liga Endesa, cerca de la mitad (58) fueron a través de mate. Era obvio que le faltaba tiro, pero, para el papel que tenía, tampoco se le echaba demasiado de menos, excepto en los libres, donde era un auténtico horror (40,7%).

 Machacando con el Baskonia 2011-12 (Foto: El Correo).

Nacido y criado en las duras calles de Baltimore y formado en la universidad de Memphis, donde agotó los cuatro años (en el último fue subcampeón NCAA junto a Derrick Rose), seguramente su carencia de centímetros para jugar de ‘center’ le lastró en el ‘draft’ de 2008, donde no pasó del puesto 33, escogido por los Portland Trail Blazers. Nunca llegó a jugar con ellos, siendo traspasado inmediatamente a Houston Rockets. Pero ni allí, donde el ‘general manager’ Daryl Morey llegó a contar que en la entrevista previa soltó que quería dedicarse al porno, ni en Sacramento ni en Toronto lograría minutos significativos.

En septiembre de 2011 fue un fichaje estrella del Baskonia. Sin embargo, Dusko Ivanovic apenas le dio 10 minutos por encuentro y le enseñó la puerta de salida a los dos meses de llegar. La temporada acabó de forma inesperada: Dorsey encontró un hueco en el Olympiacos y se proclamó campeón de la Euroliga en Estambul, en aquella remontada ante el CSKA culminada por la canasta de Printezis. Firmó dos años más, pero en El Pireo también surgió su fama de inconformista: iniciada la siguiente campaña, el club le rescindió el contrato tras criticar a la directiva y tuvo que refugiarse en un turco no precisamente de los grandes, el Gaziantep.

Dos etapas muy distintas en el Barcelona (Foto: EuroLeague).

Su única temporada buena en España llegó entonces fichando por el Barça, no sin controversia porque se descubrió que años atrás había posado con una camiseta del Real Madrid. “Fue una apuesta que perdí”, se justificó. Al aficionado culé le acabó dando igual: en 15 minutos en pista promedió 5,1 puntos y 5,2 rebotes, justo lo que se le pedía para que otros jugadores más talentosos brillasen. Aquella Liga ganando en la final al Madrid supo muy bien en el Palau.

La tentación de intentar triunfar en la NBA surgió (“fue una decisión dura porque quería quedarme aquí aunque no tomé la decisión solo. Mi familia tuvo mucho que ver. Tenía la oportunidad de volver a casa y que me vieran”, diría en ‘Sport’ años después). y regresó a los Rockets, donde durante una temporada tampoco llegó a lucir lo suficiente como para asentarse allí. Fue traspasado a los Nuggets, que le cortaron a continuación, y regresó a Europa, al Galatasaray, y después al Barça, un segundo capítulo que nunca debió escribirse. Solo pudo disputar dos encuentros en la 2015-16 y 16 en la 2016-17, cortada abruptamente por un despido disciplinario al cuestionar públicamente a los servicios médicos del club azulgrana, aunque terminaría ganando la batalla judicial y siendo indemnizado.

En la NBA.

Fue seguramente su última oportunidad de engancharse a un baloncesto de nivel Euroliga, porque a partir de entonces ha recalado en modestos como el Best Balikesir turco, el Panionios griego y, esta última temporada, primero el Egis coreano y después el Mitteldeutscher alemán (estupendos 9,7 puntos y 8,1 rebotes en 20 minutos… con un 71,1% en tiros de dos puntos). Cumplirá 37 años en diciembre y es una incógnita si seguirá jugando. Tiene pinta de ser uno de esos jugadores que continúa en las pistas mientras el cuerpo aguante, da casi igual dónde.

Su último equipo, el Mitteldeutscher.