Marko Popovic: Sacarse en Fuenlabrada la espina de Valencia

Marko Popovic: Sacarse en Fuenlabrada la espina de Valencia
Muy joven en Valencia (Foto: Marga Ferrer/Marca).

Javier Ortiz Pérez

Recientes tenemos todavía las imágenes de Marko Popovic participando en el concurso de triples de la Supercopa Endesa hace unos meses. Al tipo todavía se le vio fino y no es raro que eso fuese así: hacía solo unos meses que había dejado el baloncesto y la muñeca es algo que nunca se pierde. No pudo ganarlo, pero hubiese sido un significativo broche a su carrera profesional. España fue un papel importante en ella: se le atragantó muchísimo cuando, bastante joven, llegó al Valencia Basket (2003-04), pero más de una década después se sacó la espina con creces firmando cuatro estupendos años en el Montakit Fuenlabrada (2015-19).

Era Popovic un ‘2’ atípico con su 1,82 de estatura, que invitaba más a situarle en la posición de base. Pero no parece que sea una persona aficionada a los estereotipos, así es que siguió rindiendo mucho más como escolta debido a sus condiciones más orientadas al tiro exterior que a la dirección de juego. Podía conducir el balón y marcar jugada, sí, pero lo suyo era más bien salir de los bloqueos y enchufar sin piedad.

Habitual en la selección croata (Foto: FIBA).

Así lo hizo durante toda una trayectoria que arrancó en su Zadar natal. En la sangre lo lleva porque es hijo de Petar Popovic, internacional yugoslavo (plata en el Eurobasket de 1981), y primo de Alan Gregov, subcampeón olímpico en Barcelona-92, y Arijan Komazec, uno de esos imposibles ‘sucesores de Drazen Petrovic’ perjudicados por ese calificativo.

Tras probar un año en la NCAA II con Southern Illinois (2000-01), con 20 años Popovic se permitió el lujo de promediar 23,1 puntos en la liga croata, lo que hizo que desde la ‘Fonteta’ se fijasen en él. Pero aquello no funcionó y no llegó a concluir la campaña, sustituido por Robert Pack, un base con mucho físico. No es difícil imaginar su frustración, pero con el tiempo eso lo acabó convirtiendo en aprendizaje.

Eso no amilanó a nuestro protagonista, que regresó a casa, a la Cibona, antes de firmar muy buenos contratos en Efes Pilsen (2005-06), Zalgiris (dos etapas, 2006-08 y 2011-13), Unics Kazan (2008-11) y Khimki (2013-15). Siempre estuvo bien en su papel de escurridizo ‘abrelatas’ y levantó muchos trofeos: cuatro ligas lituanas, tres copas croatas, una copa rusa, una liga adriática, dos bálticas y dos Eurocups, un torneo en el que se sintió especialmente cómodo y donde ostenta todavía varias marcas históricas. También fue un fijo en la selección croata.

Cuatro años estupendos en Fuenlabrada (Foto: acb Photo).

Seguramente su época más gloriosa había ya pasado cuando desde el sur de Madrid le llamaron en 2015 y allí se quedó ya: cuatro años en los que se reconcilió con España (134 partidos en total en la Liga Endesa con 11,9 puntos de media, con dos temporadas por encima del 38% en triples). Su último partido fue de ensueño: un triple suyo desde 9 metros sentenció la victoria ante el Iberostar Tenerife.

Podía haber continuado en las pistas perfectamente, pero optó por colgar las botas. “Simplemente tema de familia. Estando separado de ellos dos años, ellos venían en Semana Santa, todas las vacaciones, pero al final no es lo mismo. Cuando estás con los niños los ves creciendo, los puedes educar. Sin embargo, en la distancia es muy difícil. Entonces no quiero perder su crecimiento siendo ya algo y, siendo egoísta, eso no me lo puedo permitir. Necesito estar con ellos. Les quiero más que a nada”, comentó en una entrevista en Fuenlabradanoticias.com.

Su balance en el pabellón Fernando Martín resulta inmejorable: “Sabía que había una gran posibilidad de que me pudiera retirar aquí, pero no sabía si lo iba a hacer aquí o en mi ciudad, en Zadar. Y estoy muy orgulloso porque hemos hecho un gran trabajo en cuatro años. Estando aquí he visto cosas buenas y malas, pero valoro que hay más cosas buenas. Entonces el sufrimiento de este club es algo normal. El club está haciendo un enorme trabajo. Haciendo el equipo, cada año, lo máximo posible y siendo un equipo con un presupuesto tan pequeño dentro de la ACB. Y estar 22 años en la mejor liga de Europa es un premio para la afición y también un resultado increíble para el club”.

También le preguntaron por el futuro, por si pasaría al banquillo. “Tengo todas las cartas abiertas, pero no sé qué me va a aportar el futuro. Tengo que estar con mi familia y ser entrenado no me lo va a poder permitir. Voy a disfrutar primero con ellos y a ver que me depara el futuro, pero futuro cercano porque no voy a esperar mucho. Sea lo que sea sé que no me va a llenar como el baloncesto”, contestó.

Despedida en el Fernando Martín (Foto: acb Photo).