Mirza Begic: El 2,20 al que le pusieron el nombre de Delibasic

Mirza Begic: El 2,20 al que le pusieron el nombre de Delibasic
Con el Real Madrid (Foto: acb Photo).

Javier Ortiz Pérez

Con sus 2,20 oficiales, Mirza Begic está en el escasísimo grupo de jugadores de la historia de la Liga Endesa que iguala o supera esa estatura. Bien sabemos que esto es bastante relativo, porque las mediciones varían de un año a otro y de una competición a otra, pero lo que no se puede discutir es que este bosnio-esloveno era muy-muy-muy alto. Más subjetivo es el debate sobre si le fue bien o no en sus tres equipos de aquí: Real Madrid, Baskonia y Bilbao Basket.

Lo que es seguro que es a Begic se le recuerda más por sus dos temporadas y media como blanco (desde iniciada la 2010-11 a finales de la 2012-13) que por el tiempo que pasó en el norte, campañas no completas en Vitoria (2014-15) y Bilbao (2015-16). Algo le predestinaba desde su nacimiento a terminar en el Madrid: más de una vez ha contado que sus padres le pusieron su nombre en honor al histórico Mirza Delibasic, seguramente el mejor bosnio de la historia y que fue adorado en la antigua Ciudad Deportiva a principios de los 80.

Los números globales le dejan desde luego en un lugar poco menos que regular (5,5 puntos, 3,6 rebotes  y 1,1 tapones en 14 minutos) después de 149 encuentros en total. ¿Qué pasaba con él? Como siempre, cuestión de las expectativas que quieran ponérsele. Cuando le fichó el Madrid era el máximo taponeador de la Euroliga con el Zalgiris, donde estaba rindiendo bastante bien después de una trayectoria muy irregular. Era ya en teoría un jugador maduro (26 años), pero que había dado algunos hasta realmente imponer su envergadura en el gran dominador del basket lituano. En su Bosnia natal tuvo una infancia complicadísima por culpa de la Guerra de los Balcanes (“Abandonar mi casa siendo niño por la guerra fue un horror, tuve que irme a Alemania. Aquello no fue culpa nuestra, fue de nuestros políticos. Las naciones no son malas, lo son las personas concretas y eso es lo que pasó en nuestra guerras”, dijo en Onda Madrid). Y en realidad su carrera tuvo que empezar en Eslovenia con el Olimpia, el Kranj y el Slovan. Tambien pasó por Bélgica y a una Virtus de Bolonia que no estaba precisamente en sus horas más altas.

En el Baskonia 2014-15 (Foto: Baskonia).

 

Siempre se podrá decir que aterrizó en un Madrid convulso, con Emanuele Molin sustituyendo a su ‘jefe’, Ettore Messina, poco tiempo después, pero luego pudo disfrutar de los dos primeros años de la gran ‘era Laso’. En un juego en el que el ‘5’ no tenía la relevancia que hoy en día posee ‘Edy’ Tavares, sí contribuyó con su capacidad intimidatoria a los primeros éxitos del técnico vitoriano, la Copa de 2012 y la Liga de 2013. Ambos no congeniaron mal, aunque, claro, fue por épocas y por las propias necesidades de un equipo que buscaba un estilo dinámico, con mucho triple y transiciones rápidas en las que él no terminaba de cuadrar.  Quedó, además, el regusto amargo de la Euroliga, con dos clasificaciones para la Final Four que quedaron en una eliminación en semifinales y la final perdida de 2013 ante el Olympiacos, que sería su siguiente destino.

Tras un breve regreso al Olimpia, en la octava jornada de la 2014-15 se incorporó al Baskonia, donde tuvo un papel muy similar al que disfrutó en el Real Madrid, aunque sin títulos. Su tercera aventura en España resultó casi idéntica con un contrato por media campaña en Bilbao en la 2015-16. Desde entonces apenas se ha movido de los Balcanes: Croacia (Cedevita), Eslovenia (de nuevo el Olimpia) y actualmente, Montenegro (Mornar Bar), donde, con 34 años, llegó a un acuerdo para rescindir su contrato semanas antes de que esta ‘temporada del coronavirus’ se interrumpiese (solo 9,2 minutos por encuentro). La excepción fue su aventura en Irán en 2017 a la búsqueda de petrodólares con el Petrochimi Iman Harbour. ¿Seguirá jugando? Si se retira, al menos podrá decir que cumplió su sueño infantil de jugar en el Madrid…

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Su más reciente equipo, el Mornar Bar montenegrino.