Ferrán López: Con galones en la pista… y, sin transición, en los despachos

Ferrán López: Con galones en la pista… y, sin transición, en los despachos

Javier Ortiz Pérez

Ferrán López era uno de los grandes ‘clasicos’ de la competición que faltaba por aparecer por aquí. Nada menos que 494 partidos en la actualmente denominada Liga Endesa. Pasaron casi 20 años entre el primero, con su club de formación, el Joventut (temporada 1989-90) hasta el último, el Fuenlabrada (2008-09), que es con el que más se ha identificado seguramente. De hecho, allí continúa desde su retirada ejerciendo como director deportivo.

Sin embargo, no todo fue sencillo ni exitoso en su carrera, en la que se vio obligado a resurgir en varias ocasiones. Hermano de Sergi, otro base de la cantera de Badalona que también se vio inevitablemente tapado por los Jofresa y Montero en el primer equipo, sus primeros años en la élite fueron bastante discretos, ejerciendo más bien como segundo base en el TDK Manresa (91-92 y 92-93). Llegó un tiempo entonces en el que se vio obligado a bajar escalones, primero al Cajabilbao de Primera B y después, tras no encontrar equipo, a Segunda con el Gramanet en la 94-95.

En el Baskonia

A los pocos meses de iniciada aquella campaña cambió su vida: recibió la inesperada llamada del Baskonia, que de un día para otro le subió dos categorías y le dio buenos minutos como alternativa a Pablo Laso en la dirección. Ferrán era entonces un jugador descarado, que miraba al aro sin vergüenza, pero que también sabía parar y pensar.

Inesperadamente al principio de la 96-97 se volvió a quedar sin hueco en ACB, y eso que había participado en dos de los títulos que más orgullo han levantado en la afición baskonista: la Copa del Rey de 1995 en Sevilla y la Copa de Europa (antigua Recopa) de 1996. Tuvo que buscar refugio en la LEB con el Lucentum Alicante, una categoría que claramente se le quedaba pequeña. No fue de extrañar que el Cáceres, con problemas en su posición, le reclamase.

Con el Fuenlabrada, el club de su vida.

Su asentamiento definitivo fue cuando la campaña siguiente tuvo que volver a marcharse a la LEB con el Fuenlabrada y logró el ascenso en 1998. Unos meses después debutaba como internacional en el Preeuropeo en un momento impresionante de forma. Ya apenas se movería de la élite más que para volver a subir con el mismo club en 2005. Viviría segundas etapas en Cáceres y Vitoria, además de un año intermedio en Murcia, pero el club del sur de Madrid se convirtió en su vida. En los 494 partidos reseñados promedió casi 23 minutos, puntos y 2,1 asistencias con un 31,8% en triples, un arma que fue usando cada vez más siendo letal cuando entraba en racha.

Según le contó a Ignacio Ojeda, apenas hubo transición entre su adiós a las pistas y su hola a los despachos: “Comuniqué al club en febrero que iba a dejarlo y me respondieron que iban a pensar en algún puesto para mí, pero nunca pensé que fuese a ser uno de tanta responsabilidad. Creía que iba a ser entrenador de cantera. Termino de jugar un 9 de mayo y el 13 ya estoy ejerciendo como director deportivo. Me ayudaron el primer año porque los fichajes los hicieron entre Chus Mateo, Luis Guil y el presidente. Me preguntaba por mi opinión, eso sí”.

Dos etapas en el Cáceres.

En esta década dirigiendo la política deportiva del Fuenlabrada ha habido de todo: desde éxitos clamorosos como jugar la Copa del Rey, los ‘playoffs’ y competición europea a un descenso no consumado en la 2014-15. Gran parte depende de la puntería con la que se fiche. “Con el paso de los años he estado más tranquilo. Cuando lo pasé mal fue el primer año. Me retiré con alguna duda de si podía haber jugado algún año más. Me veía muy cerca. Lo pasé bastante mal porque pasas de ser parte activa de lo que está pasando en la cancha a no poder ayudar en nada, aunque tomes decisiones. Me costaba aceptar no estar ahí abajo, en la pista. Luego ya empecé a hacerlo a mi manera, hablando con agentes, viendo vídeos. Estaba un poco perdido porque, aunque es baloncesto…”, añade.

Según destaca, “a partir del segundo año ya me sentí más cómodo y a participar más en los fichajes. Lo bueno que tenía es que conocía el club porque llevaba mucho tiempo y sabía cómo funcionaba la casa”. Prefiere “la responsabilidad de llevar al equipo sobre la pista, porque eso lo controlaba. En los fichajes, tienes que acertar mucho porque hay poco margen de maniobra en este club y puedes cambiar poco, no como en otros. Hay que hilar muy fino”. Sostiene que el ‘Fuenla’ tiene “siempre” uno de los tres presupuestos más bajo de la liga.

Él le ha echado imaginación muchas veces y ha conseguido auténticas ‘gangas’ que han salido muy rentables, incluso volando hacia la NBA y dejando buenos dineros en las arcas de la entidad. En otras ocasiones, sus apuestas no han salido bien. Cosas del mercado y un pelín de suerte. Una de sus máximas es que “al tío que destaca en una liga hay que verlo”... Quizás como le vieron a él aquella vez los responsables del Baskonia en el Gramanet o los del Cáceres en el Lucentum…

Sobre la pista del pabellón Fernando Martín (Foto: ABC).