Ian O’Leary: De jugar (mal) en el colista de LEB Oro a ser muy práctico en la Liga Endesa

Ian O’Leary: De jugar (mal) en el colista de LEB Oro a ser muy práctico en la Liga Endesa
Con el Palencia, en su último año en LEB Oro (Foto: Baloncestoconp.es).

Javier Ortiz Pérez

Auténticamente atípica la carrera de Ian O’Leary, concluida el pasado verano un poco antes de lo que suele ser habitual. Todavía no había cumplido los 33 años cuando sacó un comunicado en el que reconocía de forma abierta que “es difícil de creer que han sido diez temporadas y que las diez hayan sido en España”. Sí, esa es una de las peculiaridades de este ‘4-3’ con poco tiro lejano pero mucho espíritu de sacrificio: desde que salió de la modesta universidad de Saint Mary, en su California natal, solamente conoció un país… aunque tres ligas distintas dentro de él dentro de una espectacular progresión.

Aquí llega otro aspecto diferente en la trayectoria de O’Leary, que era un completo desconocido cuando firmó por el Gestibérica de Vigo, de LEB Oro, en la temporada 2009-10. El equipo firmó una temporada desastrosa en lo colectivo, mientras que en lo individual cuesta pensar que muchos acabasen contentos con sus números: 5,9 puntos y 4,5 rebotes con porcentajes malos (15,9% en triples y 48,2% en tiros libres) o discretos (47,5% en tiros de dos).

La consecuencia es que tuvo que buscar acomodo la temporada siguiente en LEB Plata. Y ahí floreció su juego, llego de matices, esfuerzo y, esta vez, acierto. 16 puntos y 9,5 rebotes en liga regular mejorando todos los aspectos y convirtiéndose en pieza cotizada en Oro, donde acabó en el emergente Palencia. Allí firmó también una buena campaña (11,1 y 7,1), lo que le abrió, junto a su pasaporte irlandés, la puerta de la Liga Endesa. Inhabitual, ¿no?

Empezó entonces una etapa de siete años en la máxima categoría que llega hasta nuestros días, primero en el Blancos de Rueda Valladolid (2012-13), luego en el Herbalife Gran Canaria (2013-15), seguidamente en el Iberostar Tenerife (2015-16) y las tres últimas campañas en el Fuenlabrada. No se trata de un jugador que haya lucido especialmente, formando más bien parte de la ‘segunda unidad’ y especializado en los aspectos menos lucidos del juego, pero sí es alguien a quien han apreciado mucho sus entrenadores. El tipo que no brilló en el colista de la LEB Oro colgó las botas con 214 partidos en la Liga Endesa y 6,3 puntos y 4 rebotes en 18 minutos de media. No está nada mal.

Los tres últimos años, en Fuenlabrada (Foto: acb Photo).

“Este país para mí es más mi casa que los Estados Unidos. Llevo diez años aquí, mis tres niños nacieron aquí, y nunca viví con mi mujer en Estados Unidos casado. Aquí tenemos nuestra vida”, decía en abril del 2019. En la misma entrevista contaba cómo acabó en Galicia: “Había terminado la universidad en mayo, me casé en agosto con mi mujer y en septiembre ya estaba aquí en España. Fue un verano diferente, estuve entrenando y esperando ofertas, llegó una oferta de Vigo, que estaba en la LEB Oro. Siempre escuché buenas cosas de España, y de las ligas de aquí. Era la segunda división, pero hace unos años era una liga fuerte también. Tenía muchas ganas de empezar”.

Aparte del cariño que le tiene a Fuenlabrada por los tres años con su camiseta, también expresó su cariño hacia los dos equipos canarios: “Tengo un canarión en casa. Mi segundo hijo nació en la pretemporada de mi segundo año en Gran Canaria, que es un sitio muy especial para nosotros, y Tenerife también, tenemos muy buenos recuerdos. Jugué con Albert Oliver, con Eulis Báez, con Javier Beirán en los dos sitios. Si tenemos tiempo siempre intentamos ir en vacaciones para disfrutar en la isla. Fueron años muy divertidos para nuestra familia e importantes para mi carrera. La gente es bastante tranquila allí, habla un poco diferente, con su acento, la comida es diferente, y el ritmo de la vida es muy tranquilo. Casi siempre hay buen tiempo, si estás aburrido puedes ir a la playa todos los días, Las Canteras es un sitio increíble”.