Edu Ràfols: Un accidente laboral que cortó su mejor momento

Edu Ràfols: Un accidente laboral que cortó su mejor momento
Cromo en la temporada 84-85.

Javier Ortiz Pérez

Una lástima lo de Edu Ràfols en la temporada 84-85: en el mejor momento de su carrera, cuando era titular en la entonces denominada Liga ACB con el Real Club Deportivo Español, sufrió un grave accidente laboral que le chafó por completo.

“Estaba a tope, en mi plenitud, pero me destrocé el brazo izquierdo”, cuenta, como si fuese hoy, este alero de 1,94 nacido en un pequeño pueblo de apenas mil habitantes, Santa Coloma de Cervelló. Aquel día de enero de 1995 marcó un antes y un después: por la mañana entrenó en el Palacio de los Deportes de Montjuic y por la tarde, cuando estaba trabajando en el campo, se resbaló con terribles consecuencias. Hasta puede sentirse afortunado: “Casi me mato”.

Empezó a jugar con 9 o 10 años donde mucho tiempo después lo haría Pau Gasol: en Sant Boi de Llobregat. Con 16 años fichó por el Cotonificio de Badalona. Perteneciente a una generación potentísima como la de 1959, sobre todo en la posición de alero (Epi, Iturriaga…), tuvo el mérito de estar en la preselección nacional junior, “pero me quedé por el camino”.

Después de pasar por el ‘Coto’ (“con grandes maestros como Aíto García Reneses y Joaquín Costa”) se marchó a hacer el servicio militar y se incorporó al Hospitalet. Pero donde su juego dio un nuevo impulso fue en el Español, siendo protagonista en el ascenso de 1984 como uno de los máximos anotadores y reboteadores de Primera B. En todo este tiempo, no dejó de trabajar paralelamente.

“Cuando subimos, llegó Guifré Gol y en principio dijo que no contaba conmigo, pero la afición me quería mucho porque soy muy ‘perico’ y cuando se planteó que me fuera, la directiva impuso que me quedase”, cuenta Rafols, que poco a poco se fue ganando la confianza del nuevo entrenador. “Guifré trajo a mi buen amigo César Galceran, que jugaba en mi sitio, y también estaba Pepe Collins. Al principio era el tercero para esa posición, pero poco a poco, y sin querer, me hice con un sitio. Los americanos le dijeron al entrenador que debía jugar yo de ‘3’, que pasaba muy bien el balón, que ayudaba mucho. Pasé de no jugar nada en septiembre a que en diciembre estuviese ya casi todo el partido en pista”, añade. Pero llegó el accidente.

Al cabo de unos meses volvió a jugar con el Sant Cugat en Segunda División (la tercera categoría entonces), poniéndose como objetivo volver a la élite. No lo logró. “No podía. Me habían puesto una prótesis y con una mano era imposible. Me recuperé porque tenía una ilusión increíble, pero la mano izquierda solo la tenía para apoyar el balón. Ni podía botar. Se me complicó demasiado”, reconoce.

En la actualidad.

Según Rafols, “creo que hubiese conseguido jugar dos o tres temporadas en ACB como titular. Era muy luchador, un complemento, porque los americanos eran los que hacían los puntos. Yo era el ‘machaca’ y lo reconozco”. Sin embargo no le queda un recuerdo amargo de las canastas. “Fue muy duro lo que pasó, pero le tengo mucho cariño al baloncesto. Casi me emociono cuando recuerdo aquella etapa”. No hay mal que por bien no venga y su retirada prematura, con apenas 27 años, le permitió centrarse en el mundo empresarial. Reconoce que le va “muy bien” con una empresa de importación y exportación de frutas radicada en Cataluña.

Una última anécdota sobre él: hace poco coincidió con Santi Abad en una cena de veteranos del Español: “Me dijo que yo era su referencia cuando él estaba todavía en las categorías inferiores. ¡Me dio la alegría de mi vida!”.