Antanas Kavaliauskas: Tipo duro en un mal momento en Miribilla

Antanas Kavaliauskas: Tipo duro en un mal momento en Miribilla

Javier Ortiz Pérez

Lástima que la única experiencia de Antanas Kavaliauskas en Españas se produjese en un equipo que atravesaba graves problemas económicos como el Bilbao Basket 2013-14. A mitad de aquella campaña, y debido a los impagos, este fornido lituano pidió la carta de libertad para poder marcharse, cerrando así unos meses en los que no pareció estar muy a gusto por la situación. Eso quizás se proyectó a su rendimiento, que no fue nada del otro jueves (6,8 puntos y 3,1 rebotes en 17 minutos).

Antes y después sí se había convertido en un interior de mucho prestigio en Europa. No es que fuese un talento en ataque, pero si cogía el balón cerca del aro había muchas posibilidades de que acabase en canasta. Su condición de pívot ‘old school’ sí la confirmó en Miribilla: no lanzó un solo triple en 24 partidos disputados. En defensa era sin duda un tipo duro, de los que aceptan sin complejos el contacto.

 En Texas A&M.

Su historia tiene visos de cierto dramatismo: sus padres se divorciaron siendo niño y se crió con su madre, una jugadora de voleibol que se acabó ganando la vida como peluquera y que le mandó lejos de su Vilnius natal cuando las tropas soviéticas ocuparon la ciudad cuando Lituania declaró su independencia en 1989.

Su romance con el baloncesto fue muy tardío y no destacaba especialmente cuando, midiendo 2,08, consiguió una beca en un pequeño ‘community college’ de Kansas. Quizás sea exagerado cuando cuenta que solo sabía tres palabras en inglés cuando llegó (“yes”, “no” y “okey”). Al parecer, en tres meses ya lo hablaba fluidamente al tiempo que ganaba peso, que era uno de sus problemas para competir. Tras su segundo año allí, firmó por una universidad de prestigio como Texas A&M, donde pasó otras dos temporadas también de menos a más. Fue noticia a nivel nacional porque se conoció que en cuatro años solo había viajado a Lituania dos veces por falta de dinero y se recaudó el suficiente para que su madre pudiese desplazarse para verle jugar.

En 2007 inició en el Panionios una carrera profesional como ya dijimos bastante sólida. A Bilbao llegó tras pasar por otro club griego, el Kavala, dos italianos (Caserta y Veroli), y el VEF Riga letón. A esas alturas era ya internacional por su país, aunque su papel en la selección fue más bien de jugador de ‘segunda unidad’.

 Media temporada en Bilbao (Foto: acb Photo).

A Miribilla llegó ya maduro y con muchas ganas, con el aval de firmar por dos años. “Hay muchas cosas desconocidas que tengo que aprender. Estoy deseando hacerlo y por eso voy a escuchar toda la información que me puedan aportar los entrenadores”, comentó en su presentación. Pero eso se fue desvirtuando a medida que avanzaban los meses, arrastraba algún problema físico y el club no podía cumplir sus compromisos económicos. Cuando le llegó la oportunidad de jugar por primera vez en su país, y además en el Lietuvos Rytas, optó por marcharse. En Vilnius causó no poca polémica que dos años y medio después, en 2016, cambiase de bando y se uniese al eterno rival, y gran dominado del basket lituano, el Zalgiris. En Kaunas ha pasado las tres últimas temporadas de su carrera con el regusto amargo de que era abucheado cada vez que jugaba en la pista del Lietuvos Rytas.

En su anuncio de que abandonaba el baloncesto antes de cumplir los 35 años hablaba de que había abierto “un nuevo capítulo” en su vida y destacaba que “aquellos que me conocen bien saben que me hubiese gustado desaparecer y no decir nada, pero lo correcto es dar las gracias a toda la gente que me ha ayudado”. “Sabía que este cambio era inevitable, y ahora siento que es el momento de llevarlo a cabo. Continuar jugando no al cien por cien tomando pastillas para el dolor como si fuesen golosinas todos los días, no estando satisfecho con mi rendimiento, no es el camino”, apuntó.

Última etapa en el Zalgiris.