Andrés Rodríguez: Repartidor de felicidad en Santiago

Andrés Rodríguez: Repartidor de felicidad en Santiago

Javier Ortiz Pérez

Grandes contrastes en las experiencias de Andrés Rodríguez en España: fugaz paso por el Baskonia para jugar la Supercopa (2009), excelente dirección de juego en el Obradoiro durante tres años (2010-13) y manifiesta incomodidad en un contrato temporal en Fuenlabrada (2014-15). Al base puertorriqueño dio su verdadera dimensión en Santiago y realmente sería injusto juzgarle por el papel más reducido que tuvo en sus otros dos equipos aquí.

Rodríguez tenía un talento extraordiario para repartir el balón, que es lo mejor que se le puede pedir a un jugador en su posición. Como suele ocurrir con quienes destacan en su país, completó su formación en Estados Unidos, entre Louisville y la American University. Después, alternó la liga de Puerto Rico con interesantes aportaciones en diversos países del este de Europa (Eslovenia, Polonia, Ucrania). Fue un fijo en la selección nacional, aunque la competencia de Carlos Arroyo y Juan José Barea resultaba fuerte.

Si no se cuenta una prueba que no superó con el Fuenlabrada años atrás, fue en 2009 cuando se le vio por primera vez por aquí, aunque solamente llegó a disputar un partido oficial en el Baskonia como sustituto temporal de Marcelinho Huertas. Fueron los 7 minutos de la semifinal de la Supercopa y no llegó a anotar, perdiendo además dos balones.

Aquello no podía quedarse así y su llegada al Obradoiro un año después sí colmó las expectativas con creces. Primero dirigió el equipo hacia el ascenso en 2011 y después estuvo a buen tono en la Liga Endesa, convirtiéndose en un jugador muy querido por su generosidad. Lideró la competición en asistencias en la 2012-13, logrando un dato muy poco habitual: su promedio de 5,8 por encuentro superó al de puntos (5,6). Era evidente que tenía más dificultades a la hora de mirar a la canasta, y su porcentaje de triples fue discretísimo (alrededor de un 26% en la élite, empeorando respecto al que había acreditado en LEB, un 36,5%), pero daba igual si conseguía alimentar a los demás. Llegó a ser el capitán.

Unos meses en Fuenlabrada (Foto: Baloncesto Fuenlabrada)

Su marcha la decidió él mismo, acogiéndose a una cláusula de su contrato en vigor que se lo permitía. Sorprendió a más de uno aquello, desde luego, porque parecía completamente asentado en el papel de “hacer felices” a sus compañeros, como solía decir. Y justo entonces se fracturó el pie, lo que le causó un serio contratiempo para la hora de volver a ponerse en el mercado europeo.

El regreso a España con el Fuenlabrada durante tres meses de la 2014-15 en el puesto del lesionado Dani Pérez resultó sencillamente fallido. Nunca pareció estar a gusto y sus números claramente se resintieron, quedándose en 1,7 puntos y 2,5 asistencias en 15 minutos y bajando porcentajes (terrible 16,5% en triples). El club desechó su continuidad y eso que necesitaba ayuda en su posición. “La verdad es que no era lo que esperaba. No pude jugar como esperaba, no tuve la suerte. Y tres meses se pasan bien rápido. Desgraciadamente, no pude ayudar como esperaba”, reconoció, añadiendo: “Me quedo con el vestuario. Creo que tenemos un gran vestuario, hice muy buenos amigos. A algunos jugadores ya los conocía de antes, y a otros los acabo de conocer. Aquí hay mucha gente buena”.

Era ya un jugador veterano y solo jugó en dos equipos más en su país: los Vaqueros de Bayamon y los Atenienses de Manatí, este último en 2016 con 35 años. Aunque no ha existido un anuncio oficial, su retirada parece clara.

Jugando en Puerto Rico (Foto: Primera Hora).