Miguel Ángel Reyes: Una gran esperanza… mejor como secundario

Miguel Ángel Reyes: Una gran esperanza… mejor como secundario

Javier Ortiz Pérez

La carrera de Miguel Ángel Reyes es una de esas que se ve claramente perjudicadas por las altas expectativas que levanta durante su etapa de formación: se le puso el listón tan alto, se pensaba con tanta claridad que podía ser una pieza muy importante en el baloncesto español, que cuando no lo consiguió fue fácil caer en la tentación de juzgarle con severidad. Pero en realidad sí que fue un hombre importante, sobre todo cuando adoptó un papel secundario que le permitió hacer lucir mejor sus cualidades y disimular sus defectos.

Reyes tuvo un físico privilegiado: era un 2,07 que podía correr, saltar, tirar… Quizás se vio perjudicado por el hecho de que se creyese que podía sacar mucho más partido de esas características jugando como ‘3’, cuando en realidad donde se movía a la perfección era como ‘4’. Muy espigado desde jovencísimo, el Forum se fijó muy pronto en él para llevárselo a Valladolid desde su ciudad natal, Cáceres. Eran los años 80, cuando se buscaba con especial ímpetu los centímetros acompañados de talento a base de patear las canchas modestas, sin tantas facilidades tecnológicas como ahora.

A orillas del Pisuerga tuvo el escenario perfecto para completar su formación: un equipo en el que se solía guardar una de las dos plazas de extranjero para un americano exterior, lo que obligaba a poner a un nacional por dentro. Los jóvenes Reyes, Víctor Fernández y Silvano Bustos se aprovecharon de ello, apoyados por algún veterano como Juan Domingo de la Cruz.

Primera etapa en Valladolid.

La progresión de Reyes fue tal que fue preseleccionado con España, con la que llegaría a jugar ocho partidos, y firmaría en la 90-91, con apenas 22 años, la mejor temporada de su carrera a nivel estadístico: 11,5 puntos y 5,1 rebotes en 26 minutos en pista, aprendiendo al lado del gran Arvydas Sabonis.

En 1992, el Cáceres, recién ascendido, se empeñó en ‘repatriarle’, pagando un traspaso por él y dándole un papel estelar con un contrato de tres temporadas. Sin embargo, la idea no terminó de salir bien con la pretendida traslación que se quiso hacer de él a alero alto que ya había iniciado en Valladolid. La irrupción de José Antonio Paraíso en ese papel dentro del Cáceres le quitó foco además, así es que en 1995 se marchó para volver a encauzar su carrera saliendo del banquillo en el Baskonia, con el que ganaría una Recopa, la de 1996, en lo que sería el primer título europeo de la entidad. Ofreció aquellos dos años en Vitoria una cara más relajada que en su tierra natal, exento de tanta responsabilidad, y dejó buen recuerdo.

Con el Cáceres, el equipo de su ciudad.

Tras un año en el Cantabria Lobos, completó su círculo en la élite donde empezó a dibujarlo: en Valladolid. En la 99-2000 jugó allí sus últimos encuentros en la actual Liga Endesa, totalizando nada menos que 449 en 15 temporadas consecutivas nada menos (6,7 puntos y 3,2 rebotes en 20 minutos). Jugó un año en LEB, en León, y unos meses en el Maderas Peralta de Salamanca, en Liga EBA, para echar una mano en la recta final de la temporada con 34 años.

Desde entonces ha vivido entre Valladolid y Palencia siguiendo de cerca la carrera de sus dos hijos. Ambos le han salido jugadores, heredando la genética paterna con más de dos metros de estatura. Alex Reyes llegó a debutar con el CB Valladolid en la Liga Endesa muy joven y este pasado verano fichó por el Liberbank Oviedo con vitola de alero tirador que tampoco rehúye el sacrificio, mientras que Álvaro llegó a debutar en el Trapa Palencia, también en LEB Oro, tras pasar dos años en Estados Unidos. Ahora está en el Arha Hoteles cántabro (Liga EBA).

 Imagen de hace unos años, ya retirado.