José Biriukov: Sobresaliente hallazgo del Real Madrid en la URSS de los 80

José Biriukov: Sobresaliente hallazgo del Real Madrid en la URSS de los 80

Javier Ortiz Pérez

Uno de los grandes ‘clásicos’ del baloncesto español de los 80-90 y que todavía no había aparecido aquí. Pero es obvio que no podía faltar José Biriukov, gran apuesta del Real Madrid en 1984 que terminaría siendo acertadísima. Se trataba de un jugador competitivo a tope, que podía actuar con un rendimiento prácticamente idéntico en las posiciones de base y escolta. El lunar con él es que, conseguida su nacionalización y tras la espera obligada de tres años que había que pasar para los que tenían esa condición, su etapa en la selección española no fue del todo satisfactoria.

Su historia es muy-muy-muy especial. Su madre fue uno de los 3.000 niños enviados a Rusia durante la Guerra Civil, entre 1937 y 1938, cuando en las zonas todavía de dominio republicano se temía la victoria de los nacionales. Se llamaba Clara Aguirregabiria y era de Ortuella (Vizcaya), que cuando creció unió su vida a un taxista de Moscú llamado Alexander Biriukov. El pequeño José creció y se convirtió en una de las grandes promesas del baloncesto soviético, llegando a ser internacional en categorías inferiores y metiéndole 36 puntos al Joventut en la Copa Korac con el Dínamo en 1983.

Con el Dínamo de Moscú.

El Real Madrid lo vio claro: si había conseguido nacionalizar a hombres clave como Wayne Brabender y Clifford Luyk en el pasado (y el Barça había llevado a buen puerto operaciones similares con Chicho Sibilio y Juan Domingo de la Cruz), había que lanzar las redes sobre el joven Biriukov. El club mandó a la capital soviética al vicepresidente Luis Martínez Laforgue y al asesor jurídico Jesús Samper. Había que convencer a las rígidas autoridades del país. Dinero hubo de por medio, aunque la cifra nunca llegó a especificarse. En lo que concierne al jugador, fue Clara la que llevó el peso de las negociaciones, que incluían trasladar a Madrid a toda su familia (los padres, el hermano Yura, la cuñada Lena y una hija de ambos). Durante la mayor parte de su vida había trabajado como asistenta de laboratorio, aunque por entonces ejercía como sirvienta en la casa del cónsul de Perú.

El chico apenas hablaba español cuando llegó a España y su primer contrato no fue multimillonario, de unos 15.000 euros actuales. Luego ya lo ganó bien y un par de años después se compraría un Porsche con el que llegó a la URSS recorriendo Europa de punta a punta. Por medio tendría que superar una adaptación dificultosa a un mundo totalmente distinto al que conocía, con la ayuda muy directa de un veterano como Rafa Rullán, cuya ficha acabaría ocupando en la plantilla blanca. También encajó bastante bien con veteranos como Juan Antonio Corbalán, Juanma López Iturriaga y Fernando Martín.

Hasta que pasó un año no tuvo los papeles en regla para jugar, comentándose a menudo que las trabas las presentaba el Barça, que por entonces empezó a proyectar el ‘contraataque’ con Steve Trumbo, recién casado con una vallisoletana. “He estado realmente desmoralizado. No entendía por qué me han puesto tantas dificultades para poder jugar cuando el tema estaba claro. Si era español para pagar mis impuestos y para ir al servicio militar, ¿por qué no para jugar al baloncesto?”, decía nuestro protagonista en ‘Nuevo Basket’ en septiembre del 84. Sí: llegó a hacer la ‘mili’ en un archivo del Ministerio de Defensa en la calle Princesa.

Desde 1984 a 1995 en el Real Madrid.

Con el tiempo se convertiría en uno de los mejores jugadores del país, con un estilo agresivo y a medio camino entre ser base y escolta. Fue 67 veces internacional absoluto, aunque nunca ganó una medalla y dejó de jugar en el equipo nacional a partir de 1992, tras aquel terrible desastre de los Juegos Olímpicos. Terminó haciéndose con las riendas del Madrid cuando Corbalán se retiró por primera vez, haciendo de su versatilidad una virtud que entonces no era tan frecuente como ahora. Y en la temporada de Drazen Petrovic se entendió bastante bien con él, intercambiando a menudo las posiciones exteriores. Siendo un jugador de talante ofensivo, Biriukov supo entonces ofrecer un perfil más ‘de equipo’, renunciado a mirar al aro a menudo y sacrificándose en defensa. 

Su lanzamiento, echándose muy hacia delante cada vez que lo ejecutaba y con escasa parábola, resultaba peculiar, pero efectivo. Basado en ello tuvo campañas tan brillantes como la 86-87 y la 89-90, promediando en ambas 19,7 puntos por partido (su media en once campañas ACB fue de 13,1, con 402 partidos en total. Su palmarés es bastante extenso, destacando sus tres ‘dobletes’ Liga-Copa en 1985, 1986 y 1993 y siendo de los pocos que puede presumir de tener la ‘triple corona’ continental: ganó una Copa Korac (1988 a la Cibona todavía de Petrovic), dos Recopas (1989, anotando 20 puntos ante el Snaidero Caserta, y 1992) y la Copa de Europa de 1995. Sin embargo, este último título lo logró sin pisar la final ante el Olympiacos y justo antes de retirarse, alejado como estaba ya de los planes de Zeljko Obradovic. Ismael Santos y Javier García Coll ocupaban minutos que parecían destinados en principio a él.

Con la selección española.

Tenía 32 años y quizás podía haber seguido jugando, pero fue físico estaba ya bastante castigado a esas alturas.  Desde entonces ha sido comentarista televisivo (formando una curiosa pareja con Siro López) y ha estado metido en distintas actividades empresariales, la última de ellas un restaurante llamado Biriukov Bistró en zona norte de Madrid (Las Tablas). ¡Tiene una pinta estupenda!

Para conocerle en toda su profundidad, hay que reservar media hora de tu vida y leerse de arriba abajo la larga entrevista que le hicieron en Jot Down Magazine. En ella se explaya sobre todo: sus comienzos en la antigua URSS, su llegada a España, el Madrid de su época, su vida más reciente… Realmente espectacular, como el propio personaje en sí.

En la actualidad, en su restaurante.