Alhaji Mohammed: El complicado salto a la Liga Endesa del hermano de Nazr

Alhaji Mohammed: El complicado salto a la Liga Endesa del hermano de Nazr
Machacando el aro con el Valladolid.

Javier Ortiz Pérez

No siempre hay un trasvase positivo entre ser un jugador que ha funcionado bien en la LEB Oro e intentar hacer lo mismo o algo similar en la Liga Endesa. Alhaji Mohammed es un caso claro de esto: lo hizo muy bien en Lleida en la segunda categoría pero ofreció un rendimiento bastante flojo en lo más alto con el Blanco de Rueda Valladolid dos años después.

Mohammed nació en Chicago pero tiene nacionalidad ghanesa, al proceder su familia del país africano. Uno de sus diez hermanos tuvo más suerte en el baloncesto que él: es Nazr Mohammed, el pívot que disputó nada menos que 1.005 partidos en la NBA a lo largo de 17 temporadas consecutivas. No era desde luego un estilista, pero sí tenía una gran presencia en la zona para un papel complementario (5,8 puntos y 4,7 rebotes en 15 minutos jugando para ocho equipos distintos).

Nuestro protagonista tenía más talento ofensivo, pero menos físico,  lo cual le ha abocado a un estrato inferior al de Nazr. Es un escolta de 1,93 con capacidad para anotar, pero no el suficiente para entrar en el ‘draft’ que le correspondía, el de 2004, tras pasar por las universidades de Ventura y Louisville. Lo intentó en la liga de desarrollo entonces (Idaho Stampede), pero luego ha parecido más bien uno de esos jugadores que van tachando países en el mapamundi.

De hecho, en sus 15 años de profesional ha jugado en Holanda, Alemania, Francia, España, Irán, Kuwait, Rumanía, Kosovo y Hungría. Es en Rumanía donde parece haberse asentado más y allí jugó la pasada temporada, en el U-BT Cluj-Napoca. Anteriormente ganó dos ligas con el Asesoft Ploiesti. Con 38 años debe estar ya al borde de la retirada.

Imagen reciente extraída de su Twitter @alhajimohammed

En cuanto a su aventura española, en la 2010-11 fichó por el Lleida, un club al que le gusta (o se ve obligado) a apostar por jugadores no muy conocidos. En su caso, le salió bien: fue el  tercer máximo anotador de la categoría con 16,3 puntos de promedio. Lo mejor de todo era quizás su  imprevisibilidad: podía lanzar de lejos, pero también penetrar gracias a unas potentes piernas.

Pasó un tiempo en ligas de Oriente Medio antes de recibir la llamada de un Valladolid necesitado de jugadores que quisiesen ponerse en el escaparate a un precio no muy alto. Entró en el radar del entonces director deportivo Eduardo Pascual. “Aunque he jugado en muchos países y tuve ofertas de Argentina, Japón, Turquía o la segunda división francesa, siempre estuve esperando llegar a la Liga Endesa porque es la segunda mejor competición del mundo”, comentó en su presentación. Empezó dando que hablar en el concurso de mates al hacerse mutuamente de obstáculo con Marcus Slaughter, pero después durante la temporada su rendimiento fue irrelevante, con solo 4,2 puntos en 14 minutos. No llegó a cumplir su contrato, ya que llegó a un acuerdo para marcharse en febrero.

Un último apunte: su padre fue asesinado en el 2000 mientras estaba en su tienda de piezas de coche y Alhaji decidió homenajearle con un tatuaje con su cara y la frase “Carne de mi carne / Sangre de mi sangre”.