James Gist: El gran misterio de un fiasco en el Carpena

James Gist: El gran misterio de un fiasco en el Carpena
En el Unicaja.

Javier Ortiz Pérez

Uno de los grandes misterios del planeta Liga Endesa de los diez últimos años es por qué fracasó rotundamente aquí James Gist, uno de los mejores americanos que ha habido en Europa durante este tiempo. Su matrimonio con el Unicaja en 2012 tenía una pinta estupenda: en Málaga, plenos de ambición, se habían hecho con un jugador con unas posibilidades increíbles: atlético al máximo, listo en el juego, polivalente…

Fue curioso que, procedente del Fenerbahce, el Unicaja le ganase la pelea por Gist al Panathinaikos, el club al que le acabaría enviando después de tres meses de frustraciones y, sobre todo, mal juego y pésimos porcentajes. En una operación entonces inédita entre clubs de la Euroliga, y que después se ha repetido muy poco, malagueños y atenienses intercambiaron a sus alas-pívot, Gist y Panko, que el año anterior había sido MVP de la Liga Endesa.

Un desastre del que a corto plazo salió triunfador el Unicaja, ya que Panko mejoró lo que había hecho su compatriota en el Martín Carpena (tampoco era muy difícil), pero a la larga el Panathinaikos encontró a un auténtico ídolo que se ha mantenido en sus filas hasta el pasado verano. Seis temporadas y media, una auténtica ‘pasada’ en los tiempos que corren tratándose de un extracomunitario.

‘Santo y seña’ en el Panathinaikos.

Gist es una ‘rara avis’, incluso desde su nacimiento.  Hijo de un militar norteamericano, vino al mundo en la base aérea de Incirlik, en Turquía, pero creció en USA. Completó los cuatro años en la universidad de Maryland y fue elegido por los Spurs en el puesto 57 del ‘draft’ de 2008, pero nunca llegaría a jugar en la NBA. Hasta llegar a la Costa del Sol tendría que demostrar su valía en Italia (Biella), Rusia (Lokomotiv Kuban), Serbia (Partizán, donde dio por primera vez positivo por cannabis) y en su regreso a Turquía con el ‘Fener’, que no fue del todo bueno. No llegó a cumplir el segundo año de contrato que tenía firmado, lo que facilitó los planes de Unicaja de ficharle, que se remontaban a varios veranos atrás.

Su aterrizaje en España fue de altos vuelos: ganó el concurso de mates con varios vuelos absolutamente brutales. Y no parecía tener mala actitud. Todo lo contrario. Llegó diciendo que odiaba perder y que su cabeza solo cabía la victoria.  “Puedo aportar versatilidad, porque soy capaz de lanzar desde fuera y también atacar la canasta contra jugadores más grandes y además tengo velocidad y hago una buena defensa”, indicó.

Pero después, en los partidos estuvo absolutamente desacertado y no se entendió con Jasmin Repesa, que no dudó en criticarle públicamente: “Debe demostrar más hambre. El baloncesto es un deporte de equipo”. Terminó firmando unos paupérrimos 4,9 puntos y 3,2 rebotes en 18,9 minutos con terribles porcentajes de dos puntos (43,6%), triples (18,8%) y tiros libres (57,1%). Inevitable acordarse también de otro ídolo en el basket heleno como Giorgios Printezis, al que le pasó prácticamente lo mismo en el Unicaja poco antes.

El caso es que nuestro protagonista incluso antes de Navidad fue facturado rumbo a Atenas, donde fue acogido como un héroe. Le ha faltado allí el éxito europeo, pero no en las competiciones domésticas, con cinco ligas y seis copas nada menos. Y eso que volvió a equivocarse con el cannabis con un segundo positivo en abril de 2015 que los griegos le perdonaron con apenas seis meses de sanción.

Es raro verle sin la camiseta verde esta temporada. Su larga etapa en el Panathinaikos concluyó y encontró acomodo en el otro gran equipo de Belgrado, el Estrella Roja, donde ha firmado por dos años. Acaba de cumplir los 33 y, visto lo bien que se conserva, puede que le quede todavía un poco de tiempo en buenos clubs europeos.

Recién llegado al Estrella Roja.