Mamadou Samb: La fiera que llegó de Senegal, sin suerte en lo más alto

Mamadou Samb: La fiera que llegó de Senegal, sin suerte en lo más alto
En su primera experiencia en la élite con Granada.

Javier Ortiz Pérez

El último día del 2019 cumplirá 30 años, lo que le deja cierto margen todavía en el baloncesto, pero ya le va a ser muy difícil a Mamadou Samb alcanzar las expectativas que creó hace una década. El hecho de que la temporada pasada tuviese un papel muy residual en el Betis que logró el ascenso y que en esta todavía no haya encontrado equipo indica que su carrera sigue en una deriva descendente. Ha sido un jugador importante en LEB Oro, pero no puede decirse lo mismo en la Liga Endesa, donde ha tenido dos equipos distintos, Granada y Bilbao.

Él y su hermano Cheikh dieron mucho que hablar en su momento. Ambos llegaron de Senegal a Tenerife, donde empezaron a desarrollar su baloncesto en el Arona. Lo que empezó a extenderse entonces era casi ciencia ficción: dos jóvenes muy físicos, agresivos, con talento y muchas posibilidades. No fue raro que el Barcelona los fichase para su cantera.

Defendiendo con el Breogán (Foto: FEB).

Cheikh, cuatro años mayor, aceleró y protagonizó un salto increíble: desde la LEB Plata, donde jugaba con el filial azulgrana, el Cornellá, a la NBA, donde pisó poquito la cancha. Mamadou se lo tomó con más calma, aunque solo llegaría a jugar con el Barça un partido de Euroliga. Su estreno en la Liga Endesa fue en el Granada 2010-11, donde empezó a ver que su exuberancia física no era suficiente a un nivel mayor y jugó poco. Cuando incluso aspiraba a entrar en el ‘draft’, se lesionó y eso le lastró mucho durante tiempo. “Entonces me dijeron que no volvería a jugar al baloncesto”, contaba hace unos meses en Estadio Deportivo. Tocaba rearmarse en LEB, también en la ciudad nazarí, y lo consiguió. Sus 10,7 puntos y 4,7 rebotes le volvieron a abrir las puertas de la máxima categoría. Todavía era un jugador en desarrollo.

Firmó tres temporadas con el Bilbao Basket con la esperanza de hacerse importante poco a poco, pero nunca lo logró, casi siempre en el último puesto de la rotación de los pívots y sin poder dar el salto a jugar como alero, donde muchos salivaban imaginándole con sus 2,08. Es curioso que nunca superase los 16 puntos de anotación que tiene como récord en su primera experiencia en Granada. En la 2013-14 jugó su último encuentro ACB, 64 en total (3,1 puntos y 1,9 rebotes en 8 minutos que se expresan por sí mismos…). Pese a su poca participación en el Bilbao, asegura que fue feliz allí: “Me acuerdo mucho de aquella época. ¡Fueron unos años increíbles para mí! La afición, cómo nos animaba la gente… Hice muy buenas amistades allí, mi primera hija nació en Bilbao... me vienen muchísimos recuerdos a la cabeza (…) El cariño que he tenido en Bilbao no lo he tenido nunca. Me dio pena no poder aportar más”. 

Campeón de LEB y Copa del Príncipe (Foto: Coosur Betis).

Un nuevo regreso a LEB sí que dio una buena medida de sí mismo, siendo importante en aspirantes al ascenso como Breogán, Palencia y Melilla. La misma idea tenía en el Betis, pero la competencia por los puestos interiores era altísima, con seis jugadores para esas posiciones, y firmó solo 3,4 puntos y 2,9 rebotes en 11 minutos, menos de la mitad de sus cifras anteriores en la categoría. Su única experiencia fuera de España fueron unos meses en Islandia: “Me salió una oferta que no pude rechazar. Era jugosa. Me fui solo, dejé a mi familia en Lugo y estuve allí cuatro meses. Promedié 35 puntos. Era una liga muy blanda. A mí me gusta competir”.

Mientras espera un nuevo destino, dice que le quedan diez años de baloncesto, que se cuida mucho, que intenta no pasarse con los kilos gracias a una rígida alimentación. También se considera una persona muy familiar.