Marcus Williams: otro base norteamericano que le falló al Unicaja

Marcus Williams: otro base norteamericano que le falló al Unicaja
Williams, con los New Jersey Nets.

Javier Ortiz Pérez

Se podría hacer un ‘mini serial’ sobre los bases norteamericanos que ha fichado en los últimos años el Unicaja que, tras levantar buenas expectativas gracias a los brillantes historiales con los que llegaban, no le han salido nada bien. O directamente, mal. En ese grupo hay que meter de forma inevitable a Marcus Williams, cuya temporada 2012-13 en Málaga fue, como mínimo, demasiado irregular.

Y eso que Williams, claro, llegaba con una vitola de excelente jugador que hasta había tenido su cierto protagonismo en la NBA. Formado en la Connecticut de Rudy Gay (campeona en 2004, pero acusado de intentar vender unos ordenadores que habría robado), entró en la primera ronda del ‘draft’ de 2006 con el número 22. Quizás se esperaba que estuviese más arriba, pero los New Jersey Nets le dieron 16 minutos por partido en su año ‘rookie’ (entró en el mejor quinteto de la temporada) y la posibilidad de aprender al lado de gente como Jason Kidd y Vince Carter.

No terminó de despegar y al final de la segunda campaña fue traspasado a los Warriors, donde le fue aún peor, acusado a menudo de no cuidar su peso. En la 2009-10 recuperó algo de protagonismo en los Grizzlies, pero no renovó y desde entonces no ha vuelto a América, pese a sus intentos. Parece haberse resignado a firmar buenos contratos, pasando por Rusia, China, Serbia, Francia, Puerto Rico…

En acción con el Unicaja.

Entre medias, en el verano del 2012 llegó al Unicaja a cambio de casi medio millón de euros. Jasmin Repesa le entregó automáticamente los galones. Él los cogió sin vacilar, queriendo sacudirse la fama de que le costaba estar centrado únicamente en el baloncesto. “Soy consciente que la afición del Unicaja quiere volver a ver al equipo arriba y trabajaremos para ello. Sé que el puesto de base requiere mucha exigencia por parte de los aficionados y por parte del entrenador pero siempre he jugado en esa posición y estoy acostumbrado. Creo que tengo capacidad de liderazgo y que podré ayudar a mis compañeros para conseguir buenos resultados”, dijo en su presentación.

Firmó algunos partidos excelentes y algunas canastas ganadoras, como ante el Alba de Berlín en la Euroliga, pero en otros encadenó demasiados errores. Se esperaba bastante más que esos 8,8 puntos y 3,3 asistencias en 23 minutos, sobre todo porque hubo otros datos especialmente desoladores en su estadística (27% en triples y 2,5 pérdidas).

Para colmo, el último tramo de la temporada no lo pudo jugar por lesión (al igual que había pasado con la Copa del Rey) y el equipo ni se metió en los ‘playoffs’, un golpe terrible. El club decidió rescindir su contrato, que tenía la posibilidad de un año más. Joan Plaza, que acababa de hacerse con el banquillo, prefirió apostar a continuación por Earl Calloway. En el diario Sur se citan unas declaraciones del técnico: “El aficionado tiene que entender que puede haber jugadores más plásticos, pero hemos de valorar si eso nos reporta muchos beneficios, valorar si hay otro jugador más callado, más prudente, más trabajador”.

 Con su último equipo, los Stockton Kings.

Desde entonces no le ha faltado trabajo, pese a sus malas decisiones, con sendos positivos de marihuana en China (el primero en la historia de la liga) y en el Estrella Roja. Por lo que parece, se agarra al baloncesto en la liga de desarrollo con los Stockton Kings (antiguos Reno Bighorns). Sus posibilidades de jugar al más alto nivel con casi 34 años son escasas.