Yohan Sangare: Un base físico que llegó demasiado pronto a Valladolid

Yohan Sangare: Un base físico que llegó demasiado pronto a Valladolid
Yohan Sangare con el paso de los años

Javier Ortiz Pérez

No le salió bien la apuesta por Yohan Sangare al CB Valladolid, aunque después de jugar (poco) en sus filas y tener un par de cesiones en la LEB sí se convertiría en un jugador bastante aprovechable a nivel europeo. Estas cosas pasan a menudo: la maduración de un deportista va cada una a su propio ritmo.

Sangare era un base de 1,92 muy potente físicamente, muy de esa escuela francesa en la que los fundamentos están tan trabajados como los músculos. Para confirmar esa tendencia, con apenas 15 años viajó a Estados Unidos para jugar en ‘high school’, pero suele resaltarse que la mayor rigidez en los controles tras los ataques terroristas del 11-S, en 2001 le impidió renovar el visado.

Con el Forum Valladolid.

Se marchó a Senegal, tierra de sus ancestros, y entonces surgió España en su vida, primero disputando una Liga de Verano en Alcoy con el Unicaja. Pero donde se le vio fundamentalmente fue en la LEB Oro, donde tuvo tres equipos (Ferrol 2001-02, Melilla 2002-03 y La Palma 2003-04), porque el club que en principio había confiado en él, el Forum, solo le dio tres partidos y tres minutos (no llegó a anotar en la 2002-03, antes de irse a Melilla).

El hecho de que fuese de más a menos en sus registros en la segunda categoría desaconsejó que siguiese por aquí. Inesperadamente, consiguió un hueco en uno de los ‘grandes’ de Francia, el Asvel Villeurbanne, donde permanecería cinco temporadas (2003-08) jugando cada vez mejor. En la última rozó los 9 puntos en 29 minutos y alcanzó la internacionalidad absoluta, lo que le abrió las puertas de un Armani Jeans de Milán en el que no terminó de lucir. Tampoco lo hizo en su segunda avenura italiana, en Ferrara, lo que le animó a volver definitivamente a Francia.

En el Armani Milano.

En Le Havre, Orleans, Roanne y de nuevo Asvel (ahora a medio camino entre Villeurbanne y Lyon) recuperaría buenos momentos. Allí se retiraría en 2015 y allí sigue, aunque en un puesto bien diferente: es el hombre de confianza de Tony Parker en los despachos, ejerciendo como director general desde 2018. En esos tres años de lapso completó su formación, que había dejado abandonada en Estados Unidos y no pudo retomar hasta entonces (“mi carrera no fue fácil”). En su opinión, “no todos los ex jugadores no tienen que convertirse en entrenadores. Hay nuevos puestos y títulos que se están desarrollando, desde director general, director de una instalación y administrativo. No debemos poner barreras y ser únicamente deportistas.¡Cada vez son más las personas que se atreven! Y creo que cuando podemos ser jugadores profesionales de baloncesto, nos levantamos a las 6 de la mañana para ir a entrenar y podemos hacerlo también en el mundo del trabajo”.

Es un hombre concienciado por las causas sociales y ostenta la vicepresidencia de Giving Back, una ONG que impulsa muchos proyectos en el África Occidental. “Es una asociación que me permitió estar activo durante mi carrera. Me ayudó a empezar a interesarme en otras cosas, dirigir personas, usar herramientas informáticas que no se utilizan en nuestro baloncesto cada día ... Creo que esto ha sido esencial para prepararme para mi transición”, comenta.