Adrián Laso: Retirada obligada con solo 26 años

Adrián Laso: Retirada obligada con solo 26 años
Adrián Laso

Javier Ortiz Pérez

No es mal momento para homenajear a Adrián Laso, cuya prematura retirada del baloncesto ha pasado bastante inadvertida. Al chico le faltó suerte con el tema de las lesiones. Resulta doloroso comprobar que jugó sus últimos partidos oficiales en la temporada 2016-17 con el Clavijo (LEB Oro)… cuando todavía no había cumplido los 27 años.

Ni las rodillas ni la espalda le iban bien y decidió abandonar, centrándose este tiempo en los estudios. Terminó ahí una larga etapa cuyo inicio hay que buscar con solo cinco añitos en su localidad natal, Palencia. “Empecé a jugar en el colegio donde estudiaba, el Blas Sierra de Palencia. A los 10-11 años me fui a otro club de Palencia, a Las Filipenses que es donde más recuerdos tengo y mantengo el grupo de amigos. De ahí paso al Fuenlabrada a los 16 donde estoy hasta los 22-23 años”, cuenta.

El mate ante el Real Madrid.

A las categorías inferiores del club madrileño llegó un poco de rebote: su padre coincidió con uno de los fisios del club y le habló de su hijo.  Le dijeron que fuese a entrenar y se quedaron con él. Así hasta llegar al primer equipo, un debut de esos inolvidables porque fue ante el Real Madrid y con victoria. Temporada 2010-11. Su narración de aquello, con canastas incluida, es vibrante: “Es uno de los días que tengo guardados del basket. Aunque no sepas que vas a jugar, vas a calentar en la misma pista que muchos de los jugadores que has seguido desde que empezaste a jugar, muchos idolos y gente del mejor nivel. De entrenador teníamos a Maldonado, y en el vestuario, sin esperármelo mucho, se acercó y me dijo ‘estate preparado que es posible que juegues’. Para ser sincero, lo primero que pensé es que si el partido se complicaba, estando bastante por detrás en los minutos finales iba a ser cuando saliera. Me hubiera parecido igual de perfecto. Jugaba con nosotros Gustavo Ayón, pero a falta de 5 minutos para el descanso se cargó de faltas. Maldonado se giró para pedir el cambio y yo no me esperaba que me tocara a mí, pero me dijo que ‘a pista’. Ha sido uno de los entrenadores que mejor recuerdo me llevo, alguien que cumple lo que dice siempre. Recuerdo buenas defensas contra Tomic y sobre todo esa doblada de Valters tras un pick&roll que acabé en mate. Nos fuimos al descanso creo que 4 o 5 arriba, así que fue un día redondo. Poco mas se puede pedir”.

Las dos siguientes campañas aumentó su protagonismo, pero no demasiado, y acabaría saliendo cedido al Breogán en la 2013-14, un año en el que se rompió la nariz en pretemporada. Luego iría a Melilla y Logroño y no conseguiría regresar a la Liga Endesa. En la capital riojana se lesionó de gravedad en una rodilla (la otra se la había fracturado años atrás). “Fue un golpe duro porque parecía que todo iba a ir para arriba otra vez, por lo que me planteo recuperarme y ver el año siguiente como iba el físico. El segundo año de Logroño juego en posición de ‘4’, que no es muy natural para mí y mi nivel entre que salgo de la lesión y no estar en mi posición no es todo lo bueno que me hubiera gustado hasta que me lesiono la espalda y no puedo volver a entrar”.

Con el Breogán.

Fue cuando empezó a tocar fondo. “Después de meses de tratamientos, los dolores no remitían hasta que me tengo que operar y el cirujano no me da una expectativas muy altas. Ya me avisa que la articulación está bastante desgastada y que no va a ir a mejor, que aunque me sienta bien después de la operación y pueda competir, era muy posible que en poco tiempo la articulación volviera a fracasar y fuera mucho peor. Aún así la espalda no me respondió bien en la rehabilitación. Me aguantaba ritmo de ejercicio suave, pero en cuanto intentaba subir la intensidad, me volvían los dolores”, lamenta. Era el momento de terminar con el baloncesto y retomar la carrera universitaria.

 

En el Clavijo, su último equipo.