Gontxo González: El zurdo de Irún que se retiró demasiado pronto

Gontxo González: El zurdo de Irún que se retiró demasiado pronto
Gontxo González

Javier Ortiz Pérez

A José Ramón González le conoce todo el mundo del baloncesto donostiarra como ‘Gontxo’. Participó en aquella temporada 88-89 en la que el Askatuak, con el nombre de Caja Gipuzkoa, compitió en la élite del baloncesto español con poca suerte y con un descenso como colofón. Su papel fue el de alero reserva, echando una mano desde el banquillo de forma bastante productiva (9,2 puntos en 23 minutos). Al igual que sucedió con otros miembros de aquella plantilla (Álvaro Coca, Kepa Segurola, Txus Eguiguren, Julen González), nunca repetiría experiencia en lo más alto.

En acción en la temporada 88-89.

González nacido en Fuenterrabía, pero desde los dos años vive en Irún, donde todavía sigue. “Como era un poco más grande que los demás, me metieron a jugar al baloncesto en el colegio. Y no debíamos hacerlo mal porque formamos un grupo bastante majo”, recuerda sobre sus inicios. Siempre jugó en la provincia guipuzcoana con la única excepción del año en el que prestó el servicio militar en Lleida.

Él llegó al Askatuak de forma curiosa. “Yo estaba en el Juven, otro equipo de San Sebastián que también estaba en Segunda División. Cuando los dos nos disputamos el ascenso, subieron ellos y me ficharon”, apunta. Afrontó entonces una época feliz culminada en 1988 con el ascenso a la ACB. “Teníamos dos americanos bestiales como Lance Berwald y Abdul Jeelani. Los demás nos dedicábamos a apoyarles, pero eran jugadores excepcionales, que podían con todo”.

Sin embargo, tras el ascenso ninguno de los dos continuó, lo que a juicio de Gontxo resultaría un error. Tiene motivos para pensarlo. Los extranjeros que los suplieron no marcaron la diferencia. “Kirk Richards y Peter Verhoven eran buenos jugadores, pero sin más, y lo terminamos pagando. En el caso de Verhoeven, en su presentación se dijo que había jugado minutos ‘de verdad’ en la NBA, y era cierto, pero lo había hecho en un papel muy específico. Era una roca en defensa, pero en ataque no resolvía. Los demás éramos muy bisoños y no se pudo salvar al equipo”, señala.

En la actualidad, con dos perros.

Él siguió en el equipo un par de temporadas más, en Primera B, pero el ansia de baloncesto que tenía se le quitó “por un problema familiar grave” que no especifica. “Llegué a ir a Gijón, pero ya no había ganas de seguir y decidí dejarlo. Tendría 27 o 28 años”, lamenta este alero  zurdo que se define como “un defensor duro que en ataque también tuvo buenas temporadas. Es curioso que siempre me hacía amigo de los que jugaban en mi misma posición”.

Después trabajó “en distintas historias” y recuperó la pasión por la canasta a través de sus dos hijos, que han cogido bien sus genes. El chico es Guillermo González, que esta última campaña ha estado en el junior del Obradoiro. Y la chica se llama Alba, tiene 18 y está en el Bera Bera, vinculado en Primera Nacional del IDK Gipuzkoa. “En estos últimos años los he seguido mucho, he visto infinidad de partidos, de clubs, en sus selecciones…”, apostilla.