Toño García: El atípico héroe de Ourense (y más ascensos)

Toño García: El atípico héroe de Ourense (y más ascensos)

Javier Ortiz Pérez

Un rato de charla con Toño García te deja cualquier cosa menos indiferente. Siempre tuvo fama de ‘outsider’, de decir las cosas que nadie se atrevía a decir. Una personalidad arrolladora y sin aparentes complejos. Y, ligado a eso, un buen jugador que es sobre todo adorado en Ourense, donde fue protagonista del primer ascenso a la máxima categoría en 1989. Allí pasó las seis últimas temporadas de su carrera y llegó a dirigir al equipo desde el banquillo, aunque fugazmente, en dos etapas. Y pese a todo, él lo recuerda con una distancia muy poco romántica.

Con el Ourense. 

García es madrileño y empezó a jugar al baloncesto en su colegio del barrio de Usera, el Nuestra Señora de Fátima. Sus cualidades le llevaron en edad junior al San Viator, un centro de gran tradición del que salieron jugadores como Juan Antonio Corbalán o Carlos Jiménez. “No coincidí con ninguno de los dos, pero fuimos cuartos de España, eh”, comenta, sin darse un ápice de importancia.

Su salto al profesionalismo le llevó fundamentalmente a dos lugares: Canarias (con los actuales Iberostar Tenerife y Herbalife Gran Canaria) y Galicia, primero con el Breogán y luego con el Ourense. Se convirtió en un auténtico especialista en ascensos: hasta cinco logró en su carrera. También disputó la Copa Korac en la 85-86 con aquel ‘Breo’ que sale reflejado en la película ‘La vieja música’.

Para el recuerdo quedarán en Ourense los dos tiros libres decisivos que anotó en la tercera prórroga del quinto partido de la eliminatoria definitiva ante el Cajamadrid en la temporada 88-89. No sin humor, afirma que “nadie dice que me llevé el balón con el pie” en la jugada anterior. Eso sí, “subimos justamente, porque se hablaba que ellos tenían mejor equipo, pero nosotros estábamos mejor preparados”.

‘Titi’ García, de 1,92, se define como un escolta “al que siempre ponían a defender al bueno del rival, yo no sé por qué”. En ataque, considera que podía aportar mediante la penetración y el tiro a media distancia. “En nuestra época, la línea del triple nos intimidaba, mientras que los americanos que venían no le tenían ese mismo respeto”, recuerda. Entre la temporada en el Breogán y las tres que acumularía en Ourense en ACB (tras las tres anteriores en Primera B), totalizaría 129 partidos en la élite, con promedios de 5,7 puntos en 17 minutos.

Cuando se retiró en 1992 pasó directamente la cuerpo técnico del club ourensano. En dos ocasiones se vio con el ‘marrón’ de, siendo ayudante, tener que sustituir a un entrenador cesado: primero en la 95-96 a José Antonio Figueroa y después en la 97-98 a Tim Shea. Dirigió seis partidos con un balance de 1-5. Con sinceridad cruda, asegura que “lo de ser entrenador siempre supe que me venía grande”.

Fue de los pocos que faltó al homenaje que se hizo al equipo que logró el ascenso en Ourense alegando “motivos laborales”. Ahora está alejado del baloncesto de competición y vive en León (también lo ha hecho en Madrid y Torrevieja). Trabaja en un laboratorio.

Una frase final que retrata su fama de tipo fuera de lo habitual: “No es que yo buscase los problemas, es que siempre me los acababa encontrando”.

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