Ulises Deniz: El particular viaje a Ítaca de un base grancanario

Ulises Deniz: El particular viaje a Ítaca de un base grancanario

Javier Ortiz Pérez

El único jugador de la historia de la Liga llamado “Ulises” es Ulises Deniz, un base canario que disputó un par de encuentros con el Gran Canaria en las temporadas 95-96 y 96-97 y que también tuvo su particular viaje en el mundo del baloncesto, su propia Ítaca, como el héroe griego.

En su época como jugador. 

“Mi primer recuerdo sobre baloncesto fue mi padre comprando una pelota cuando yo tenía solo seis años. Fue un caso raro porque en mi familia no hay nadie que haya hecho deporte, pero a mí me encantó desde el inicio”, comenta. “De los 8 a los 12 jugué en el Colegio Garoe y después pasé a un club de Las Palmas llamado el Alcaravaneras, que llegó a pagar un millón de pesetas por mí por los derechos de formación. De allí pasé ya a las categorías inferiores del ‘Granca’”, añade.

Deniz, efectivamente, prometía. “Creo que siempre he sido un jugador de equipo, obsesionado con que se jugase de forma correcta y ordenada, haciendo lo que se requería a cada momento. Se suele decir que el canario jugando al baloncesto también suele ser físico, atlético, y eso creo que también lo cumplía”, explica.

Pertenecía a una generación en la que otros amigos suyos también se asomaron a la élite, como Ángel Santana o Juanma Rodríguez. Su debut en la élite se produjo con 4 simbólicos segundos ante el Unicaja un 18 de noviembre de 1995. “Fue inevitable sentirme como un privilegiado. Sentí una enorme ilusión”, recuerda. Unos meses antes había vivido de cerca el ascenso: se acaban de cumplir los 25 años desde que el Gran Canaria inició su etapa más larga en la élite y él estaba allí, entrenando día a día con los ‘mayores’, aunque no llegaría a debutar aquella temporada.

No terminó de hacerse un hueco en la primera plantilla que dirigía Manolo Hussein y decidió dar el salto a Estados Unidos, donde estuvo cinco años, uno en ‘high school’ y cuatro en el American International College, en el estado de Massachusetts. “En mi casa había una norma: había que estudiar. Y allí era todo mucho más sencillo, porque en el club lo tenía más que complicado. Hubo años de entrenar con tres equipos al mismo tiempo, y así era imposible”, apunta. En USA se sacó un doble título de Empresariales y Sociología y disfrutó del baloncesto dando un salto más a nivel atlético. “Fue también una experiencia humana muy potente. Hasta me ofrecieron quedarme como entrenador asistente, pero tenía que volver”, asegura.

Con su amigo y compañero de generación Ángel Santana.

En su regreso ya en 2001 estuvo a buen nivel entre la EBA y la LEB-2 en equipos  como Doncel, Algeciras, Rioja y Palencia. Su último club fue el Alcázar, todavía en la extinta LEB Bronce (2008-09), con José María Izquierdo como entrenador (“todavía mantengo una muy buena relación con él”). “Disfruté jugando y conocí a todo tipo de gente”, resume sobre esa década aquí y allá. Igual que hizo Ulises, al fin regresó a su isla natal y ejerce como representante en una empresa de productos de peluquería, lo que le lleva a estar a menudo fuera de casa. Eso sí, cuando puede ve a los chicos a cuyo lado soñó con triunfar en el baloncesto.

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