DeJuan Collins: Cinco partidos para olvidar de un tipo incontrolable

DeJuan Collins: Cinco partidos para olvidar de un tipo incontrolable

Javier Ortiz Pérez

Hay temporadas en las que no sale nada, por mucho que intentes afinar el tiro en los fichajes y poner buen dinero sobre la mesa. Le sucedió al Cajasol de Sevilla en la 2008-09 con los bases americanos. La empezó con el gran Elmer Bennett, que arrojó la toalla al ver que no podía ayudar, según dijo; trajo temporalmente a Tyus Edney en su lugar, pero se vio que no estaba en forma, y cuando lo sustituyó, lo hizo por otro director de juego de enorme prestigio en Europa, DeJuan Collins, que fue un auténtico ‘bluff’ y solo duró cinco partidos. De él y de sus carácter incontrolable vamos a hablar hoy.

Con el Cajasol 2008-09. 

Las referencias en Europa de Collins, formado en LSU, eran muy positivas. Era, sobre todo, un tipo muy atlético, que había demostrado ya su valía en Almenia (Tubingen, Alba y Brose), Grecia (Aris), Italia (Varese), Lituania (Zalgiris) y Rusia (Lokomotiv Rostov). El Cajasol era un equipo con problemas, en plena dinámica negativa tanto en España como en la Eurochallenge. Su incorporación cuando se vio que Edney no estaba para rendir fue recibida con mucha ilusión, empezando por él mismo. “Estoy muy bien, pese a que está claro que no es la situación deseable. He visto el problema y quiero ser parte de la solución, quiero contribuir a que el equipo salga del bache y dé su auténtica medida”, dijo a los pocos días de llegar.

Él sí que no dio nunca su “auténtica medida”. En su debut, ante el Barcelona, 4 puntos y 6 pérdidas en 20 minutos; en el segundo partido, frente al Joventut, casi lo mismo (4 y 5 en 21). En el tercero, en Fuenlabrada, solo estuvo tres minutos sobre el parquet. La reconciliación con Pedro Martínez en el cuarto y el quinto (18 y 17 minutos ante Estudiantes y CAI Zaragoza) fue engañosa, ya que a continuación fue apartado del equipo, abriéndosele expediente al mostrar una actitud negativa y protagonizar algún episodio para olvidar. Sus palabras cuando cuando se incorporó casi suenan a sarcasmo: “Todos debemos reflexionar sobre cómo podemos ayudar mejor al equipo para que eso se traduzca en el juego como bloque. Para que seamos un buen equipo siempre tiene que haber siete u ocho jugadores como mínimo que estén a un gran nivel, que afronten cada partido con la máxima intensidad. Además hay que respetar al máximo a cada rival y cada partido. La situación es difícil, pero me motiva la responsabilidad”.

Tenía contrato hasta final de temporada y empezó entonces el clásico ‘tira y afloja’ que se resolvió con una rescisión que satisfizo relativamente a todos. Después de promediar 3,8 puntos en 16 minutos con un 40% en tiros de dos y un 20% en triples, a nadie más en España se le ocurrió llamarle. Sí que jugó Grecia, con el Kavala, y de nuevo en el Zalgiris, donde sodificó a nivel deportivo el gran recuerdo que había dejado allí durante dos temporadas más (2010-12), pero volvió a liarla en lo personal. Se conocía su afición por el alcohol y la noche (muy mítico su vídeo siendo parado por la policía cuando conducía), pero es que además dio positivo por cannabis y fue sancionado.

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