Nemanja Aleksandrov: El cadete serbio que pudo reinar

Nemanja Aleksandrov: El cadete serbio que pudo reinar

Javier Ortiz Pérez

Nemanja Aleksandrov es un caso extremo de ese tipo de historia tan sobada de “el hombre que pudo reinar” y al final, claro, no lo hizo. Las lesiones minimizaron la carrera de un jugador que en 2003 era considerado el mejor baloncestista del mundo de 16 años. La prensa, siempre exagerando. Pero es que había motivos para ello. Diez años después, aquel adolescente que podía con todos pasó diez partidos sin pena ni gloria en Manresa en lo que fue algo así como una prueba que no tendría continuidad para la siguiente campaña.

Es interesante revisar lo que se escribía sobre este ‘3-4’ serbio de 2,10 cuando su selección se llevó el Europeo cadete en España con bastante facilidad. La explicación más sencilla es que a esas edades, todo es muy relativo: baste decir que en aquel equipo alguien como Milos Teodosic ni fue titular en la final ante Turquía (16 minutos, 0 puntos) y que su puesto lo ocupaba Nenad Mijatovic, que unos años después pasaría absolutamente inadvertido en Murcia.

Todas las miradas se centraban en nuestro chico, portada de ‘Gigantes del Basket’ número 926. “La única duda que tengo es si será una estrella en Europa o en la NBA”, comentaba Sasa Radunovic, el ex Baskonia y Pamesa, en un reportaje del ahora celebérrimo Quique Peinado. “Desde el principio ves que es especial. Si pudiera, lo ficharía”, señalaba Zoran Savic, entonces general manager de la Fortitudo de Bolonia. En el texto se glosaban sus interminables virtudes (“coge la pelota, amaga con los hombros, da el primer paso larguísimo, se para desde la línea de 6,25, se levanta con total naturalidad y mete canasta sin apenas tocar la red. Todo con movimientos increíblemente fluidos, fáciles”).

A Aleksandrov se le venía venir desde lejos: formado en el Zeleznik, debutó con 14 años en la primera división serbia. Pero él ya por entonces se intentaba sacudir la presión, quizás intuyendo lo que pasaría: “Yo solo debo entrenar. Si quiero ser una estrella, tengo que mejorar. Es pronto para eso. Solo tengo 16 años”. Hasta en los ‘mock draft’ se le llegó a situar como número 1. Tardó poco en subir de escalón y fichar por el Estrella Roja.

Pero le pasó lo que pasa  tantas veces: las lesiones. Las rodillas le fallaron en el momento en el que debía confirmar su progresión y se pasó año y medio sin jugar. Su trayectoria desde entonces ha sido un calvario de operaciones y equipos que a años luz de la NBA que se le vaticinaba: Olimpia Ljubljana, Scavolini de Pésaro, Pepinster, el Manresa de la 2012-13, Oldenburg, Gaziantep, Eisbaren Bremerhaven, Craiova y, la pasada campaña, el Jaszberenyi húngaro.

En el Nou Congost (9,4 puntos y 4,5 rebotes en 27 minutos) apareció gracias a la lesión de Charles Ramsdell con ganas de demostrar que los buenos números que estaba acreditando en Bélgica eran reales. Pero el equipo solo ganó dos de sus diez partidos con él en pista y terminó último. Al tiempo que le gritaba al mundo que nunca se había sentido mejor físicamente, le dio tiempo a reflexionar sobre el Aleksandrov de 16 años: “Si con esa edad sientes que eres el mejor, estás acabado. Tienes que dejar eso de lado porque aparecen muchos agentes que te dicen que eres el mejor, que vas a ser millonario, y esa gente termina con muchas carreras”. Ahora, a los 32, debe arrastrar sobre sí el peso de haber sido probablemente la mayor promesa europea sin cumplir del siglo XXI. Y no debe ser nada sencillo eso.

Un último apunte, aunque pueda ser curiosidad: los otros dos jugadores más destacados de aquel Europeo cadete disputado en Rivas, Gigi Datome y José Ángel Antelo, también han tenido carreras marcadas por las lesiones…

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