Mario García: El ‘estirón’ en USA de un pívot para distintos perfiles

Mario García: El ‘estirón’ en USA de un pívot para distintos perfiles
En la actualidad (foto central)

Javier Ortiz Pérez

Larga y variada carrera la del pívot leonés Mario García Burón. Probablemente su mejor cualidad no fue la más evidente, la estatura (un 2,12 no era demasiado habitual en el baloncesto español de los 90), sino su agilidad y buena mano. “En cada equipo en el que estuve me pidieron diferentes cosas e intenté darlas”, zanja él.

En Lleida

García (hermano de otro ex jugador de la Liga, Oscar García) tuvo un florecimiento lento como jugador. Nacido en León, desde bastante crío estuvo en las categorías inferiores del mítico club de la ciudad, ya desaparecido, pero él mismo reconoce “no jugaba mucho, aunque entrenaba un montón”. Logró debutar en el primer equipo de la mano de Gustavo Aranzana en la temporada 91-92, pero entrar con un papel de peso en aquella plantilla de buenos jugadores era algo demasiado exigente.

Emprendió la aventura universitaria en Estados Unidos, militando durante temporada y media en Antelope College de California. En ese corto espacio de tiempo se dio un cambio físico curioso: “Me fui siendo un alero de 2,00 y volví siendo un pívot de 2,12”, señala, entre risas. El León le reclamó mediada la 93-94 y él optó por volver a casa. En todo caso, recuerda con cariño la experiencia en USA: “Pude entrenar con gente de mucho nivel que había allí”.

En su vuelta sí consiguió ya ser un pívot de rotación en la actualmente conocida como Liga Endesa. De León pasó a Valladolid y de ahí, a Ourense y Gran Canaria. Su cometido era dar un descanso a los interiores titulares en los minutos concretos en los que aparecía en cancha. “Cada sitio me lo tomé como un nuevo reto. Son etapas. Si estás en el baloncesto, sabes que un día vas a estar aquí y mañana allí”, comenta.

Desde la 99-2000 cambió de perfl. En LEB (Lleida, Alicante, Zaragoza, Plasencia, La Palma) y LEB Plata (Calpe, Cornellá) gozó de mayor protagonismo ofensivo. Su mejor temporada fue probablemente la 2004-05, cuando alcanzó los 11,1 puntos y 5,8 rebotes en Plasencia. “La experiencia y vivir situaciones en la vida te hace ir siendo más maduro. Son cosas que te hacen crecer. Al final conoces a mucha gente y de todo el mundo tomas nota de lo que puedes aprender”, explica.

Jugando en Zaragoza.

Seguramente no esperaba que el Alicante le volviese a llamar, ocho años después de su última experiencia en la élite, para disputar 13 partidos en la temporada 2006-07. “Estoy muy agradecido por aquella llamada del Lucentum”, dice. Completó así 128 encuentros con marchamo ACB y unos promedios de 2,7 puntos y 1,6 rebotes en 8 minutos.

Fue bajando peldaños antes de la retirada. Llegó a conocer la extinta LEB Bronce con el Mérida en la 2008-09 y se retiró en Santa Pola, en EBA, en la 2009-10. Era aquel un equipo vinculado del Lucentum Alicante, en cuyas oficinas pasó a trabajar. Ha sido uno de las ocupaciones que ha tenido desde entonces tras lo ve como un “cambio bestial”: el de pasar de jugador a trabajador ‘normal’. “Es como si te dieran un par de puñetazos. Ha sido duro, pero lo tenía claro y siempre he tenido ganas de aprender. Es importante el espíritu de superación y ser humilde”, afirma. Tras pasar por el sector bancario, ahora está “muy contento” en una multinacional. Colabora con un partido político, el UCIN Sant Joan d’Alacant, en cuyas listas fue en las últimas Elecciones Municipales. “También intenté ayudar en el proyecto de implantación de la UCAM en San Juan, una iniciativa muy vinculada con el deporte con el objetivo de dar trabajo a mucha gente”, concluye.

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