Cristóbal Suárez: Pívot bajito, pero con máxima pasión por el baloncesto

Cristóbal Suárez: Pívot bajito, pero con máxima pasión por el baloncesto

Javier Ortiz Pérez

Dice Cristóbal Suárez que uno de los días más tristes de su vida fue hace unos años, cuando el garaje de la casa familiar de Benalmádena donde estaban todos sus ‘tesoros’ se inundó por el desbordamiento de un arroyo cercano. “Tuve mala suerte. Perdí prácticamente todos los recuerdos de mi vida, incluyendo los relacionados con el deporte, con fotos y camisetas muy  especiales para mí. Todavía me dura el disgusto por aquello. Personalmente puedes hablar de mil cosas, pero no puedes transmitirlo en imágenes”, cuenta. Y eso que su historial en la élite de este pívot de Torremolinos se circunscribe a un solo encuentro con el Unicaja Ronda, en la temporada 91-92, en el intrascendente ‘playoff’ de clasificación, ante el Caja San Fernando. La foto que ilustra esta publicación la ha conseguido casi milagrosamente.

En el filial de Unicaja 93-94.

Aquellos 6:28 en pista (no llegó a tirar, aunque sí capturó tres rebotes) fueron la culminación de una larga trayectoria en las categorías inferiores del club malagueño, a las que llegó a los once años después una ‘operación altura’ en la que, asegura, solo tuvo que botar el balón un par de veces para que le cogieran. Al final se quedó en un 1,97 de estatura, claramente insuficiente para jugar como pívot.

Su inicio en la canasta se había producido en el colegio Los Manantiales, de Torremolinos. “Pasé por todas las categorías con el entonces Caja de Ronda hasta llegar al primer equipo. Entrenaba con ellos y Martín Urbano me convocó para varios partidos, pero a nivel oficial solo pude jugar aquel contra el Caja. Dos años después, con Javier Imbroda, estuve haciendo la pretemporada con el Unicaja Mayoral, cuando se había hecho la fusión con el Maristas. Disputé varios amistosos, pero ningún encuentro oficial más”, añade.

En su trayectoria también estuvo en Melilla, coincidiendo con su servicio militar, La Coruña y Coín. “Luego dejé un poco el tema de competir de competir a nivel semiprofesional y me centré más en lo laboral. Pero también estuve en EBA y más abajo, en equipos de Marbella, San Pedro de Alcántara, Torremolinos, Fuengirola…”, explica.

Y es que este empresario de tiendas de alimentación y comercio radicadas en la Costa del Sol nunca perdió su pasión por el baloncesto, siendo hasta nuestros días un habitual de las competiciones de veteranos de la zona.

“Empecé jugando de alero, después de ala-pívot… Ahí me quedé. En los últimos años ya hacía de todo. Con el cuerpo más castigado, ya no tenía tanta rapidez. Jugaba más con la cabeza”, asegura. 

Su conexión con la canasta se mantiene en el tiempo con la presencia de sus cuatro hijos en las categorías inferiores… de Unicaja, cómo no.

CONOCE MÁS HISTORIAS DE JUGADORES DE LA MANO DE JAVIER ORTIZ