Spencer Nelson: Tres temporadas muy identificado con Gran Canaria

Spencer Nelson: Tres temporadas muy identificado con Gran Canaria

Javier Ortiz Pérez

Un tipo muy apreciado entre la hinchada del Gran Canaria este Spencer Nelson. Pasó tres temporadas en la isla, desde 2011 a 2014, con muy buen tono por lo general, haciendo olvidar rápidamente a CJ Wallace, que tenía un papel muy similar. Nelson quizás era algo más fuerte, pero en realidad estaban cortados por el mismo patrón: mucha amenaza como ‘cuatros’ abiertos y pelea, en la medida de lo posible, cada vez que se le requería.

Tres temporadas en el Gran Canaria, de 2011 a 2014.

Nuestro protagonista cumplía bien el tópico de mormón serio, cumplidor, amigable. Nacido en Idaho, tuvo una primera etapa en la universidad de Utah State interrumpida por el clásico bienio en el que se dedicó a expandir su fe en el extranjero. Cuando regresó a la universidad, sufrió una grave lesión y eso retrasó su desarrollo, aunque acabaría siendo un jugador muy importante en el equipo. Cuando se graduó, al fin, en 2005 (había empezado en 1998) ya tenía 25 años y fichó directamente por un equipo de Euroliga, el Bamberg.

Los siguientes años los pasó entre Alemania, Italia (Treviso y Fortitudo de Bolonia) y Grecia, con un pequeño intento de asaltar la NBA en 2009, pero los Jazz (con quién si no) le acabaron descartando antes del inicio de la campaña. Un disgusto para él pero que no le frenó en su ímpetu de hacerse un buen nombre ‘overseas’.

En Treviso, antes de llegar a España

En 2010 llegó a Gran Canaria y completó tres años aceptables, los dos últimos con el valor añadido de no ocupar plaza de extranjero, ya que aceptó la oferta de Azerbayán para reforzar a su selección y obtuvo la nacionalidad. Sin apenas lesiones (100 partidos redondos en total), promedió 9,9 puntos y 4,8 rebotes en 23 minutos con un 36% en triples. Tres veces fue jugador de la semana. Cuando tiempo después se le preguntó por cómo se sentía jugando allí, respondió: “La atmósfera que se crea en el CID es especial. Sinceramente, creo que lo mejor de ese pabellón es ver siempre las mismas caras en sus asientos en cada partido. ¡Lo hace tan familiar! Me divertí junto a una afición entregada que nunca dejaba de animar a su equipo”. Su conexión era especialmente buena con Jim Moran: “Nunca olvidaré que estuve el día que el club retiró su camiseta, porque jugamos juntos y sabía qué clase de persona y jugador era”.

La recta final la enfiló en Italia, primero en un Siena ya acosado por problemas económicos y por último en el Rayer Venezia en la 2014-15, tras lo que colgó las botas. "He disfrutado cada minuto que he jugado en todos los equipos. Gracias a los entrenadores por creer en mí y darme la oportunidad de triunfar, y a los aficionados por su lealtad y pasión”, escribió cuando hizo el anuncio. No faltó su invitación “a todos” a la habitualmente fría Pocatello, su localidad natal. “Espero veros allí”

Él se estableció en Utah con su amplia familia: tiene cuatro hijos, otro tópico mormón. Es curiosa su trayectoria desde entonces: trabajo un par de años en Cicero Group, una empresa que mueve inversiones  de capital, y también en el departamento de comunicación de los Jazz, pero debió echar de menos el baloncesto a pie de cancha y desde hace dos temporadas ejerce como técnico ayudante en su ‘alma mater’. Dice sentirse bien en ese papel, asegurando que quiere ser entrenador desde sus días de universidad.

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Realizando indicaciones como ayudante en Utah State (Foto: The Utah Statesman)