Melvin Johnson: Sustituir a los Smith fue imposible para un mito en Argentina

Melvin Johnson: Sustituir a los Smith fue imposible para un mito en Argentina

Javier Ortiz Pérez

Creía el dúo Javier Imbroda-Jacinto Castillo, grandes ‘hacedores’ de aquel maravilloso Mayoral Maristas de la segunda mitad de los años 80, que podían sacar oro a poco que escarbasen con imaginación y valentía en el mercado. Esa fue la hoja de ruta para los acertadísimos fichajes de Ray Smith y Mike Smith, que elevaron a la élite al modesto club malagueño, pero no ocurrió lo mismo con Melvin Johnson, uno de los sustitutos de los ‘hermanos’ en 1990.

Johnson tenía exactamente el mismo perfil que ambos: polivalente, aficionado a correr y a machacar el aro al que tampoco le faltaba lectura del juego y que además venía de ligas en las que no era fácil conseguir información y vídeos en aquella época. Obviamente, también era asequible económicamente, condición esta que regía en  todas las decisiones del Mayoral. Y no salió bien.

Al inicio de la temporada en el Mayoral Maristas 90-91.

Nacido en Miami, fue a la universidad de North Carolina-Charlotte y entró en la cuarta ronda del ‘draft’ de 1984, escogido por los Chicago Bulls (número 72), el mismo año que eligieron a Michael Jordan. Lo normal era que Melvin no llegara a jugar en la NBA y así fue, iniciándose fuera de Estados Unidos en Lugano (Suiza). En 1986 tuvo su primera experiencia en un país que marcaría su vida, Argentina, con el Independiente de Neuquén, pero regresó a Europa primero a Bélgica y después de nuevo a Suiza. Estuvo a puno de jugar en Málaga por primera vez en 1988, cuando fichó por el Patronato Benalmádena de aquel estrafalario Circuito de Baloncesto Profesional que tendría escaso recorrido.

Finalmente, en 1990, con la salida de los Smith, el Mayoral Maristas se fijó en él para sustituirles junto a David Benoit. Solo duró doce encuentros. Vistos con ojos actuales, sus números fueron buenos (18,8 puntos y 7,2 rebotes en 34 minutos, con 54% en tiros de dos y 41% en triples), pero el recuerdo de sus antecesores era demasiado poderoso y hubo varias derrotas para empezar la temporada que le sentenciaron. Jugó varios partidos sabiendo ya que tenía sustituto, pero los trámites para incorporar a Edgar León se fueron retrasando y él tuvo que aguantar. Como muestra de su profesionalidad, se despidió con un gran partido ante el CAI Zaragoza (24 puntos y 7 rebotes). Se fue por donde había venido: en Ginebra acabó la temporada.

Se especializó a partir de entonces, y hasta el final de su carrera, en ligas latinoamericanas, especialmente en la argentina, donde se erigió en uno de los mejores extranjeros de la historia de la competición en varias categorías estadísticas. Jugó de nuevo en Neuquén, Gimnasia y Esgrima y dos campañas en el Quilmes, pero donde duró muchísimo fue en General Pico (seis años en dos etapas). Hasta se nacionalizó. “Me siento un pampeano más”, dijo al diario Olé en 1998.

También conoció de forma más breve las competiciones de Venezuela, Brasil y Uruguay. Fue en este último país donde colgó las botas en 2002 jugando para defensor y al borde ya de los 40 años. Ahora vive en Miami y sigue recibiendo numerosos mensajes de cariño desde Argentina.

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